El pasado 20 de enero, Joe Biden asumió como el 46º Presidente de Estados Unidos. Como era de esperarse, su discurso de toma de posesión tuvo un hilo conductor: dar un claro mensaje de cambio en el estilo con respecto al de Donald Trump.
Los grandes medios masivos de (in)comunicación cumplieron su parte y echaron campanas al vuelo subrayando las perspectivas de una nueva apuesta al diálogo y el retorno de los EUA a los organismos multilaterales que había abandonado su antecesor. En síntesis, el mensaje para la opinión pública mundial es claro: “se fue el malo (prepotente y ofuscado) y volvió el bueno (sonriente y contemporizador)”.
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