Han pasado veinte años desde que el Gobierno español pusiera fin a la mili gracias al esfuerzo y la tenacidad de una desobediencia civil liderada por los jóvenes vascos. Dos décadas después de ese triunfo, objetores e insumisos recuerdan con orgullo aquellos años de lucha en los que mantuvieron un pulso con las instituciones del Estado.
«Fue una experiencia de vida y de lucha colectiva muy interesante y de la que estoy muy orgulloso», comenta a Efe el insumiso navarro Mikel Huarte, que recuerda que vivió aquella etapa «con mucha intensidad».
José Miguel Aguirre ‘Katxo’, del Grupo Antimilitarista de la Sakana (GAS), asegura que aquél «era un punto muy activo de antimilitarismo. En aquellos momentos hubo pueblos que hasta el cien por cien de los que tenían que ir al servicio militar se declaraban objetores o insumisos».
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