Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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domingo, 31 de janeiro de 2021

Despertar y descubrir que has desaparecido como potencia mundial

 Después de cuatro años de mandato errático de Donald Trump, Estados Unidos está despertando de un sueño largo y turbulento para descubrir, como el personaje de ficción Rip Van Winkle, que el mundo que una vez conoció ha cambiado más allá de todo reconocimiento.

En ese clásico cuento americano de Washington Irving publicado en 1819, un granjero amable, aunque perezoso, sale de su aldea colonial para ir a cazar a las montañas Catskill. Allí se encuentra con un grupo de hombres misteriosos, bebe en abundancia de su barril de licor y cae en un largo sueño. Al despertar descubre que le ha crecido una barba blanca hasta el vientre y que su juventud se ha marchitado hasta convertirse en una vejez irreconocible. Al regresar a su pueblo, descubre que su esposa murió hace mucho tiempo y que su casa está en ruinas. Mientras tanto, en el letrero sobre la taberna del pueblo donde pasó tantas horas agradables ya no aparece el rostro de su amado rey Jorge, el monarca británico, sino que ha sido reemplazado por alguien llamado general Washington. En el interior, la charla cordial de los días de la colonia ha dado paso a una ferviente campaña electoral por algo llamado Congreso, sea lo que eso sea. Increíblemente, Rip Van Winkle había estado durmiendo durante toda la Revolución Americana.

segunda-feira, 23 de abril de 2018

La diplomacia de la cañonera y el fantasma del capitán Mahan

Hace mucho tiempo que la grandeza y la decadencia de los imperios están en el centro mismo de la historia. Desde que los europeos hicieron su primera salida –en el siglo XV– de lo que más tarde sería una zona marginal en sus barcos de vela hechos de madera y dotados de cañones, pocas veces en el mundo ha habido un momento en el que varias potencias imperiales no estuviesen contendiendo por la supremacía. En 1945, el número de esas potencias quedó reducido a dos; después, cuando la elite de Washington imaginó fugazmente que sería para siempre, a una. En estos momentos, como el historiador Alfred W. McCoy, autor de In the Shadows of the American Century: The Rise and Decline of U.S. Global Power (En las sombras del siglo estadounidense: grandeza y decadencia de la potencia mundial Estados Unidos), describe hoy en su vívido estilo, da la impresión de que estamos regresando a una actualizada versión imperial de los enfrentamientos navales que dieron comienzo a la historia moderna hace tantos años. Estados Unidos, China y, más modestamente, Rusia, están fortaleciendo su presencia en el mar en una forma cada día más desafiante.

domingo, 14 de junho de 2015

La geopolítica del declive mundial de Estados Unidos

Incluso para los más grandes imperios la geografía es a menudo destino. Sin embargo, esto no se lo enseñarán en Washington. Las elites políticas, de seguridad nacional y de política exterior estadounidenses siguen ignorando los fundamentos de la geopolítica que han conformado el destino de los imperios mundiales en los últimos 500 años. En consecuencia, no han entendido el sentido y la importancia de los rápidos cambios globales que se han producido en Eurasia y que están socavando la ambiciosa estrategia de Washington para dominar el mundo de las últimas siete décadas.
Una mirada superficial a lo que actualmente se entiende por "sabiduría" interna en Washington revela una concepción del mundo sorprendentemente insular. Fíjense por ejemplo en el científico político de Harvard Joseph Nye Jr., conocido por haber creado el concepto de "poder blando". Proporcionando una simple lista de las maneras en que él cree que el poder militar, económico y cultural de Estados Unidos sigue siendo único y superior, recientemente sostenía que no existe ninguna fuerza, interna o global, capaz de eclipsar el futuro de Estados Unidos como principal potencia mundial.
A quienes señalan la emergente economía de Beijing y proclaman este "el siglo chino", Nye les ofreció un listado de inconvenientes: la renta per cápita de China "tardará décadas (si es que lo logra) en alcanzar" la de Estados Unidos; de manera miope, ha "enfocado sus políticas principalmente en su región"; no ha "desarrollado ninguna capacidad significativa para la proyección de la fuerza global". Sobre todo, declaró Nye, China sufre "desventajas geopolíticas en el equilibrio de poder dentro de Asia, si se compara con Estados Unidos".
O dicho de otro modo (y en esto Nye es representativo de todo un mundo de pensamiento en Washington): con más aliados, barcos, combatientes, misiles, dinero, patentes y películas taquilleras que ninguna otra potencia, Washington gana definitivamente.
Si el profesor Nye dibuja el poder con números, el último mamotreto del ex secretario de Estado Henry Kissinger, modestamente titulado World Order [Orden mundial] y aclamado en las reseñas como nada menos que una revelación, adopta una perspectiva nietzscheana. El eterno Kissinger presenta la política mundial como si fuera plástico, es decir, sumamente susceptible de ser modelada por grandes líderes con deseos de poder. Según este criterio, siguiendo la tradición de los grandes diplomáticos europeos Charles de Talleyrand y el príncipe [Klemens von] Metternich, el presidente Theodore Roosevelt fue un intrépido visionario que impulsó "el papel estadounidense en la gestión del equilibrio Asia-Pacífico". Por otro lado, el sueño idealista de Woodrow Wilson de la autodeterminación nacional le volvió un inepto en geopolítica, mientras que Franklin Roosevelt estuvo ciego ante la inflexible "estrategia global" del dictador soviético Joseph Stalin. Harry Truman, por el contrario, superó la ambivalencia nacional para comprometer a "Estados Unidos en la conformación de un nuevo orden internacional", una política sabiamente seguida por los siguientes 12 presidentes.