Porque no se ve un horizonte estratégico más allá del discurso “de izquierda”, que dista mucho de la práctica gubernamental que no ha generado hasta ahora verdaderas medidas de transformación, limitándose a recuperar la estabilidad y el crecimiento económico, así como afrontar la pandemia luchando por preservar la salud y la vida. Todo esto es correcto, pero se hace en términos de preservar el orden establecido. Es bueno que el presidente se reclame de izquierda, los que votamos por él queremos justamente eso: más izquierda y menos concesiones al statu quo. Eso también quiere decir escuchar más al bloque social del proceso de cambio que le entregó su confianza y sobre todo sus esperanzas y no actuar en función de lo que dice la oposición, dado que la derecha está abocada a la crítica permanente, nada propositiva y las más de las veces alejada de cualquier razonamiento de la realidad.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
quinta-feira, 3 de fevereiro de 2022
terça-feira, 19 de outubro de 2021
A un año de la recuperación de la democracia
El 18 de octubre de 2020, el izquierdista Luis Arce Catacora ganaba las elecciones nacionales con el 55% de apoyo en las urnas, cifra superior incluso al apoyo que recibió Evo Morales cuando ganó por primera vez el año 2005. Concluía así en Bolivia, con la derrota coyuntural de las fuerzas de derecha, el régimen instaurado con el golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019.
¿A qué se debió semejante triunfo? Al enorme desgaste de los golpistas, producido por su incapacidad para gobernar, por la corrupción y la represión luego del golpe de Estado que derrocó a Evo Morales. Los movimientos sociales campesinos, obreros y populares fueron los que con sus movilizaciones (especialmente con el bloqueo general de caminos y calles de agosto de 2020) aseguraron la realización de nuevas elecciones. El Movimiento al Socialismo (MAS), organización de la que es fundador Evo Morales y militante Arce Catacora, actuaba como el instrumento político de esos movimientos sociales.