El 4 de febrero, en su primer discurso importante sobre política exterior, el presidente Joe Biden anunció: “Vamos a acabar con todo el respaldo de Estados Unidos a las operaciones ofensivas en la guerra de Yemen, incluyendo la venta de armas relevantes”. En referencia a la coalición liderada por Arabia Saudí que combate en Yemen desde 2015 y que ha provocado lo que calificó de “desastre humanitario y catástrofe estratégica”, Biden declaró: “Esta guerra debe terminar”.
Declarar la intención de hacer algo no significa que vaya a cumplirse y si consideramos el compromiso pronunciado inmediatamente después: “continuar con el apoyo y asistencia a Arabia Saudí en la defensa de su soberanía, su integridad territorial y su pueblo”, el uso del término “relevante” añadido al de “venta de armas” podría indicar un resquicio muy oportuno. En todo caso, resulta innovador escuchar a un presidente de EE.UU. reconocer al menos que la población yemení está sufriendo una “devastación intolerable”, algo que debemos agradecer al duro trabajo del activismo pacifista de todo el mundo.