Hace unos días, la CNN emitía imágenes de un aberrante negocio: el de la
subasta de personas esclavas en Libia (22). Un país –recordemos- cuya
Guardia Costera recibirá 46 millones de euros de la Unión Europea para
controlar la salida de migrantes (23). La nación que consiguió tener la
mayor renta per cápita y el mayor índice de desarrollo humano de África
(24). Que hoy es un caos social, político y económico absoluto (25). Del
que la mitad de su población ha emigrado y buena parte de la que queda
vive en situaciones de pobreza no conocidas antes (26). Es el resultado
de la operación que acabó con el gobierno incómodo de Muammar
el-Khadafi: Occidente y las monarquías del Golfo armaron primero al
yihadismo (27). Después, meses de mentiras y propaganda anestesiaron a
la opinión pública para los bombardeos de la OTAN (28). Fue el papel de
poderosos medios... como CNN. El canal que ahora nos arranca lágrimas de
indignación con sus imágenes de los mercados de esclavos (29). Los que
jamás habrían existido sin su participación criminal en la destrucción
de países como Irak, Siria y Libia.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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sexta-feira, 8 de dezembro de 2017
quinta-feira, 2 de março de 2017
Sistema de salud cubano: la alargada sombra de la manipulación
Antes, la prensa internacional silenciaba declaraciones, informes o
estadísticas de Naciones Unidas que respaldaran los logros de Cuba en
materia de salud (1), educación (2), nutrición (3) o desarrollo humano
(4).
“¿Cómo consigue Cuba una sanidad con índices de un país rico?”: leíamos
este sugerente título en el diario español El País, que parecía
anticipar un reconocimiento al exitoso sistema de salud cubano (5).
Pero no. El reportaje tenía como objetivo, justamente, el contrario: su descrédito.
El texto reconocía, ciertamente: que “el sistema médico cubano está
situado a la vanguardia de América y muy por encima de la media
mundial”; que la inversión en salud, en relación al PIB, es superior a
la de EE UU o Alemania; o que la Isla ha sido “el primer país (...) en
eliminar la transmisión materno-infantil del VIH”.
Sin
embargo, lo relevante para El País no es cómo ha conseguido esto un país
bloqueado del Tercer Mundo, sino las supuestas “sombras” de su sistema
de salud, que describía como “dividido en dos: uno (…) para los cubanos y
otro para los extranjeros”, con “clínicas exclusivas para turistas,
gobernantes o altos mandatarios”, “mientras desatiende (…) al cubano de a
pie”.
Todo un sistema compuesto por 12.000 consultorios,
policlínicos, hospitales y otros centros (6), quedaba reducido así a una
estampa grotesca, para magnificar la existencia de unas pocas clínicas
internacionales, también propiedad del Estado cubano que, lejos de
enriquecer a nadie, destinan sus ingresos a financiar –precisamente- el
sistema público gratuito nacional (7).
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