Antonio Gramsci, hablando de estrategia política hace casi cien años, sugirió algo muy lógico: “Cuando la fuerza A lucha contra la fuerza B puede suceder que no gane ni la una ni la otra sino que una tercera fuerza, C, intervenga desde fuera imponiéndose a A y a B”. Eso es lo que, más o menos, empezó a ocurrir hace cuatro años en Brasil: la espiral de confrontación entre la élite política del país sudamericano llegó a tales extremos (impeachment, encarcelamientos, etc.) que de pronto irrumpió Jair Bolsonaro, a quién nadie en el mainstream esperaba y se hizo con la elección presidencial: 46% del voto en la primera vuelta y 55% en la segunda.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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terça-feira, 18 de outubro de 2022
terça-feira, 31 de março de 2020
Bolsonaro se enreda con la pandemia e incrementa su autoaislamiento
La Alerta Sanitaria, al igual que en otros países, se va
imponiendo en Brasil pese a que su Presidente sigue considerando el
Coronavirus como una “gripecilla”
«La vida no tiene un valor infinito. Las crisis también matan a
muchas personas, especialmente pobres». La frase, publicada el miércoles
pasado por A Folha de São Paulo, uno de los periódicos más
leídos de Brasil, no es del Presidente del país sudamericano Jair
Bolsonaro, sino de Rubem Novaes, un miembro de su equipo económico. Se
podrían hacer muchas valoraciones al respecto, aunque lo que realmente
interesa resaltar es que la declaración en cuestión retrata fielmente la
forma de pensar de parte del ejecutivo de extrema derecha que gobierna
Brasil.
sábado, 9 de março de 2019
Venezuela: lo que no se entiende
Cuando se piensa en Venezuela casi nadie se plantea que, por autoritario
que pueda parecer el régimen de Nicolás Maduro, ineficiente su acción
de gobierno e incluso, legítimo el hilo que conduce hasta Juan Guaidó,
el elemento (geo)político que subyace, es inquietante. Hace mes y medio
que una cuarentena de países ha reconocido a un "Gobierno" que, en un
contexto de polarización y crispación, no tiene un control real del
territorio y mucho menos del Estado. La decisión originaria proviene,
además, de Washington y todo esto ocurre en un entorno volátil, como el
latinoamericano, en el que los conflictos poselectorales son moneda
corriente.
quinta-feira, 16 de julho de 2015
Ahora (quizás) podemos… pero, por favor, todos juntos
El debate público actual, en España, está tan envenenado (y los españoles somos culturalmente tan adeptos al etiquetado simplista) que me veo obligado a aclarar que no tengo vínculos institucionales (más allá de amigos en ambos sitios) ni con Podemos ni con Izquierda Unida (IU). Simplemente, me siento indignado con lo kafkiano de la situación actual: estamos a meses de las elecciones generales y unos cuanto grupúsculos que comparten, como mínimo, su aversión a la austeridad neoliberal y a la corrupción de la casta no logran ponerse de acuerdo para limar diferencias y confluir en una sola lista y eso, a pesar de las buenas perspectivas…
El debate en torno al tema no está siendo ni medianamente presentable porque, como de costumbre, no está siendo tomado en serio por aquel actor que, por lo que sea, goza de una posición de fuerza: ayer fue IU; hoy, Podemos.
Hagamos memoria. Pongamos las cartas boca arriba.
- Mientras que IU disfrutó de esa posición de fuerza prácticamente no hubo nada que se moviera la izquierda de la socialdemocracia. Aquello fue Chernobyl. Seamos sinceros, activemos nuestra memoria: hacia dentro, férreos controles y llegado el caso (de tener que negociar) intercambio de cromos: “tú en el numero tres; yo en el uno y todos tan contentos”. Al igual que en otros partidos (de la casta) aquí hubo una generación de bloqueo que, aunque hablaba bonito, se fue pudriendo moralmente a medida que pasaba el tiempo. Cuesta decirlo pero si el sistema no la cooptó, se aprendió su juego y terminó haciéndola funcional a sus intereses…
- Hacia afuera, más de lo mismo. Misma táctica, misma miseria: secretarías de “movimientos sociales” y “unidad de la izquierda” por doquier. Exceso de burocracia; mucho bla, bla, bla pero avances reales, cero. Migajas al que se sumaba y palo ideológico al que disentía (que, indefectiblemente, era tachado de traidor, sí no, de cosas peores)… Y en el caso de que no hubiera margen de maniobra, más de lo mismo: “tú en el número tres; yo en el número uno y todos tan contentos”. Lo curioso es que todavía nos preguntamos por qué la juventud vivió, durante décadas, alejada de la política y/o de España (mientras que, la derechona se comía terreno, suelo, cimientos, derechos y todo lo que se le pusiera por delante…). ¡Qué bonitos discursos! pero menuda mierda de izquierda, de cultura política y de país nos legaron.
- Por eso el 15M fue, ante todo, un soplo de aire fresco. Lo fue porque no solo representó un grito (mudo) contra la casta que nos malgobernó durante décadas sino porque también puso al descubierto las vergüenzas de esa izquierda que entraba a trapos que no debía entrar, se comportaba como no se debía comportar y se atrevía a presentarse, con altanería, como LA alternativa, EL espíritu de rebeldía, etc. En suma, izquierdismo ilustrado: todo para ti pero sin ti. Ni jóvenes ni excluidos ni pueblo. Clases medias urbanas, mesiánicas, arrogantes y plagadas de posturas de cara a la galería. Pero en el fondo, aceptación de las reglas imperantes sin ambages ni matices. Mucho borreguito barbudo y pocas nueces…
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