Cuando en 1883 la erupción del volcán Krakatoa, en Indonesia –por aquel entonces colonia holandesa– produjo un maremoto con tremendas olas de hasta 40 metros de altura provocando la muerte de 40.000 habitantes, un diario en Ámsterdam tituló la noticia: “Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareños”. ¡Qué racismo!, podríamos decir hoy escandalizados. Pero la historia no cambió mucho 140 años después. Muchas voces hablaron alarmadas de los refugiados ucranianos, porque –decían– se puede entender el porqué de la “caterva de inmigrantes ilegales” (¿despreciables?) que llegan a Europa si son negros (africanos) o a Estados Unidos con aspecto aindiado (latinoamericanos), pero resulta desolador (para esas voces, claro) si se trata de “rubios de ojos celestes”, tan europeos como la gente de los países donde piden asilo. El racismo no parece tener cerca su extinción.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
sexta-feira, 8 de abril de 2022
sábado, 28 de agosto de 2021
Olimpiadas, ¿negocio o mecanismo de control?
“Yo fui medallista campeona en dos Juegos Olímpicos en una especialidad que no viene al caso en este momento. Ahora, algunos años después, mirando para atrás toda esa historia, me pregunto consternada: ¿para qué toda esa estupidez? Fomentar el deporte no es, en absoluto, tener atletas de élite. No, no. Eso es una locura que tuvo lugar durante la Guerra Fría, y que no ha parado. ¿Para qué sacrificar a jóvenes con cinco, ocho, diez horas diarias de rigurosísimos entrenamientos durante los mejores años de su juventud? Parece el entrenamiento de astronautas. Ahí lo creo pertinente, me parece correcto: un astronauta, aunque no se vea inmediatamente, aportará algo a la humanidad. Es como un artista que ensaya horas y horas y horas, un virtuoso del violín, una bailarina clásica: algo deja a la gente. Ahí sí vale el esfuerzo. Pero, ¿para qué sirve nuestro esfuerzo de atletas? ¿Parte de la Guerra Fría? ¿Para demostrar que el país al que represento es “mejor” que todos? ¿Dónde quedó el amateurismo y el espíritu deportivo? Ahora solo negocios y competencia. ¿Y para eso hay que tomar drogas supuestamente legales, siempre a escondidas, someterse a monstruosas dietas, sacrificar el cuerpo? ¡Por favor! ¡Qué estupidez!”, dijo vez pasada una deportista olímpica.