¿Recordáis el plan mágico de Donald Trump para convertir 200
millones de dólares del tesoro federal... ¡oh, sorpresa!... en 1,5
billón para invertirlos en la infradotada y avejentada infraestructura
de Estados Unidos a la que la Sociedad Estadounidense de Ingenieros
Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) concedió el grado D+ en
2017? ¿Por qué habríais de saberlo, sobre todo desde que el proyecto
está oficialmente muerto en el Congreso y los estadounidenses lo saben?
Una encuesta reciente de la Universidad de Monmouth, New Jersey, muestra
que el 55 por ciento de los estadounidenses piensa que el presidente no
le presta la debida atención a la deteriorada infraestructura del país y
que solo el 26 por ciento piensa que sí lo hace.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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segunda-feira, 18 de junho de 2018
terça-feira, 7 de março de 2017
Revolcándose en la placa de Petri afgana
La guerra de EEUU en Afganistán va ya por su decimosexto año y es la guerra exterior más larga
de nuestra historia. La frase “sin final a la vista” apenas acierta a
reflejar la situación. Podría decirse que las perspectivas de victoria
–si es que por victoria se persigue la eliminación de ese país como
puerto seguro de terroristas islamistas a la vez que se crea un gobierno
representativo en Kabul- son más tenues hoy que en cualquier otro
momento desde que el ejército estadounidense invadió el país en 200, sacando
del poder a los talibán. Con el paso de los años, ha quedado demostrado
que tal “progreso” era “frágil” y “reversible”, por utilizar las palabras engañosas
del general David Petraeus, encargado de supervisar el “incremento”
afgano de 2010-2011 bajo el presidente Obama. Por citar tan sólo un dato
reciente: los talibán controlan ahora un 15% más de territorio que en
2015.
sexta-feira, 22 de abril de 2016
¿Qué significa fracaso?
En este momento, en Iraq hay un máximo de 3.870 militares de Estados Unidos (es decir, 7.740 botas sobre el terreno) sosteniendo la
guerra contra el Dáesh *. Este el “límite oficial” impuesto por
la administración Obama, porque todo el mundo sabe que el presidente y
sus más altos funcionarios están deseando terminar las guerras en
Oriente Medio, no ampliarlas. Por supuesto, ese número no incluye a los
otros 1.130 (o 2.260 botas) –se trata de una estimación; la cantidad
exacta no la sabemos– militares estadounidenses que están allí solo para
lo que llamamos... eeeh... umm... “despliegues temporales”, o son el
resultado del solapamiento en los despliegues rotativos, aunque quizás
habría que agregar a unos 5.000 instructores y consejeros, o –por lo que
sabemos– tal vez algunos más, incluyendo a los 200 integrantes de
unidades de operaciones especiales, cuyos efectivos no están
oficialmente reconocidos por nadie pero son mencionados en los informes
de prensa. Y naturalmente, eso guarismo de 5.000 no incluye a los
contratistas privados estadounidenses que también llegan a Iraq cada día
en número creciente para apoyar a los militares de Estados Unidos
porque todo el mundo sabe que ellos no son tropas ni botas sobre el
terreno y por eso no se cuentan. Esas son las normas.
No
olvidéis que en este momento la totalidad de las operaciones sobre el
terreno no podría ser más limitada. Aunque el número de estadounidenses,
que se desempeñan como instructores, asesores y soldados de operaciones
especiales, sigue creciendo lentamente, al menos están ayudando a la
reconstrucción de las fuerzas armadas iraquíes en las propias bases de
Iraq. En otras palabras, esta ronda de las guerras de Washington en Iraq
no guarda relación alguna con la anterior (2003-2011), cuando el
Pentágono tuvo a sus contratistas privados construyendo cientos de bases
estadounidenses cuyo tamaño iba desde el de una ciudad de EEUU a un
pequeño puesto de combate. Esta vez, las fuerzas armadas de Estados
Unidos no tiene bases propias, ni siquiera una... eeeh... umm... al
menos no las tenía hasta hace poco tiempo, cuando un marine
estadounidense especialista en fuego de artillería de campo murió en un
ataque con cohetes del Dáesh en lo que resultó ser un puesto de combate
de los marines de EEUU –Fire Base Bell– en el norte del país. El marine
estaba involucrado en acciones de apoyo de artillería al ejército iraquí
en su avance (atascado) hacia la segunda ciudad del país, Mosul; sin
embargo, estas acciones no son “operaciones de combate” porque está bien
establecido que ninguna unidad estadounidense –excepto alguna de
operaciones especiales– está combatiendo en Iraq (ni en Siria). De
hecho, los funcionarios de Estados Unidos hacen notar que el uso de la
artillería en realidad no cuenta como combate. Es algo más parecido a
las operaciones aéreas contra el Dáesh, salvo que... eeeh... umm... se
realizan en tierra.
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