No hay que confundir la evolución natural de Darwin con la evolución
artificial provocada por el régimen capitalista. El capitalismo vende la
ideología de que los acontecimientos son naturales, es decir,
inevitables, fruto de una determinación áurea a la que los humanos
debemos someternos con silencio resignado. Así, en esta cosmovisión
irracionalmente religiosa o telúrica, siempre habrá ricos y pobres,
beneficios y salarios, oferta y demanda, catástrofes de designio
inefable y recuperaciones milagrosas del orden social, siempre igual a
sí mismo en un eterno retorno donde la historia es una mera relación de
prohombres salvadores y pueblo llano callado y devoto. El diálogo entre
los binomios citados aspira a una armonía celestial: los de arriba
dirigen y llevan sobre sus hombros la colosal tarea intelectual de ser
arúspices y guías hacia el progreso lineal mientras los de abajo
asienten acompasando el ritmo de sus brazos y mentes a la dura labor de
levantar el mundo y suministrar la energía necesaria e imprescindible
para que las sociedades muevan sus engranajes internos e
infraestructuras básicas.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
Mostrar mensagens com a etiqueta Armando B. Ginés. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Armando B. Ginés. Mostrar todas as mensagens
quinta-feira, 26 de março de 2020
terça-feira, 28 de junho de 2016
Los británicos son muy británicos y mucho británicos
El llamado Brexit ha puesto en el disparadero mediático a la clase
trabajadora nacida del neoliberalismo de Thatcher y Blair, los chavs de
Owen Jones, y al mundo rural de Gran Bretaña. Las elites y la clase
media culta globalizada no han escatimado insultos –ignorantes, chusma,
atrasados- para descalificar el resultado del referendo negativo a la
permanencia en la Unión Europea.
El odio de clase que destilan
tales acusaciones en toda Europa en boca de sus voceros de la casta
dominante son más que elocuentes, eludiendo cualquier análisis profundo y
coherente de la crisis política, económica y social que vivimos a
escala internacional desde, al menos, 2008. Cuando esos mismos chavs,
agricultores y ganaderos se han abstenido en las elecciones o han votado
por la derecha de Cameron, ninguna voz se ha alzado para criticar la
alienación del sufragio a favor del neoliberalismo preconizado por
Bruselas, Washington y el Fondo Monetario Internacional.
Cuando
el voto apuntala el establishment hegemonizado por las finanzas, las
clases altas y las multinacionales (la City londinense y los mercados
bursátiles especulativos, o los políticos corruptos en otros lares
geográficos), todo es recibido con parabienes y loas al sabio ejercicio
de la democracia capitalista. La manipulación, por tanto, salta a la
vista, siendo más que evidente el interés que subyace en esas opiniones
ideológicas vertidas por los principales medios de comunicación, los
lobbys y los think tanks generadores de tendencias para moldear a la
opinión pública.
Que toda la culpa la tiene el populismo es el
lema más manido y usado en los editoriales de las clases poseedoras y
por los políticos profesionales y los funcionarios de las instancias
comunitarias, internacionales y gubernamentales de cada país. Esta tesis
tapa cualquier posibilidad de entender de raíz lo que ahora mismo está
sucediendo en la cruda realidad europea.
La gente que peor lo
esta pasando en la UE (trabajadores empobrecidos por los recortes
sociales y la regresión de derechos laborales, las mujeres y los
inmigrantes) ha votado en el Reino Unido contra la derecha, el
neoliberalismo, la austeridad y los intereses de la elite política y
económica. Ellos son los que tienen que competir, entre ellos mismos y
contra los que llegan de fuera, por los escasos recursos a sus
disposición, empleos en precario, salarios de miseria, sanidad y
educación públicas abarrotadas de usuarios y becas a la baja. De ahí
emergen conatos de xenofobia, racismo, misoginia y homofobia, de ese
contacto directo y lucha sin cuartel por obtener un trabajo o una ayuda
para salir adelante en el combate cotidiano por la supervivencia.
Las castas dominantes no necesitan expresar sus prejuicios de manera
abierta y abrupta: ellas no luchan contra nadie para subsistir,
simplemente atizan estas divisiones a conciencia para salir ganando de
la situación social y económica sobrevenida. Sus beneficios resultan
evidentes: mayores beneficios y dividendos, menos carga en sueldos y
mayores excepciones fiscales.
Como dijera el multimillonario
yanqui, genuino marxista en su subconsciente, Warren Buffet, estamos
asistiendo a una cruenta lucha de clases, y los ricos estamos ganando.
Más claro y cínico, imposible. De estos lodos surgen los nacionalismos,
las guerras contra los países de Oriente Medio y el Tercer Mundo, las
maquilas en Asia y Sudamérica, el auge de la ultraderecha y los falsos
discursos izquierdistas de corte peronista.
quarta-feira, 15 de julho de 2015
Genuina hipocresía made in USA
EE.UU. es el único país que ha lanzado bombas atómicas en el mundo. Fue en 1945, asesinando in situ en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki a unas 125.000 personas directamente y a un número similar de afectados durante los siguientes seis meses. En total, 250.000 seres humanos arrancados de cuajo de la vida, a los que cabría añadir una cantidad indeterminada que arrastraron las pavorosas secuelas lustros y décadas después de sendas detonaciones genocidas.
Eso registran los fríos anales de la memoria histórica. Pero el olvido es traicionero y EE.UU. continúa impartiendo lecciones éticas al resto de países. Ahora mismo, con el acuerdo alcanzado con Irán para que éste abandone las investigaciones que le lleven a la temida bomba atómica bajo el chantaje de las clásicas sanciones comerciales internacionales. Pura hipocresía made in USA y también de la Unión Europea.
Estamos nuevamente ante la ley imperial del más fuerte, que ejerce su violencia diplomática y militar a su antojo para salvaguardar los intereses de la “moral suprema” de Occidente. ¿Por qué no renuencia EE.UU. a sus bombas atómicas y armas nucleares en concierto con los otras naciones poseedoras de este tipo de arsenal destructivo? Eso sí sería un dato histórico, moral y democrático de alcance universal.
Occidente se arroga el derecho inviolable de dictar a los demás países lo que es bueno y malo, guardando para sí la capacidad de ser juez y parte en cualquier conflicto local e internacional. Su moral se impone por la fuerza, manu militari en última instancia o a través de provocar miedos escénicos de carácter económico y financiero (véase Grecia en la actualidad). Y nadie alza la voz para denunciar este hecho tan clamoroso e injusto. En Occidente vivimos los buenos, más allá es territorio comanche sin matices ni distinciones sutiles.
Subscrever:
Mensagens (Atom)