Debemos estar alarmados con tanta autocomplacencia con el acuerdo
"histórico" de París. La imagen es de una mascarada lamentable. Naciones
Unidas, jefes de Estado y la mayoría de los medios de comunicación
celebran con euforia el Acuerdo de París, pero en realidad es
inhumano,
engañoso y
esquizofrénico.

El Acuerdo de París es inhumano porque consiente
la destrucción de los medios de vida
de millones de personas en el mundo. Los gobiernos han cruzado todas
las líneas rojas marcadas por la ciencia y la sociedad civil organizada.
El acuerdo acepta implícitamente un aumento de temperatura global de
entre 2,5 ºC y 3,7 ºC.
Diversos organismos evaluaban el alcance de
las promesas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero
(las llamadas INDC) hechas por los diferentes países antes de la cumbre y
afirmaron que con dichos objetivos no se contiene el aumento de
temperatura por debajo de 2 ºC a final de siglo respecto a la era
preindustrial.
Es una decisión que nos llevará a niveles
catastróficos de cambios globales. Los gobiernos no han querido acordar
obligaciones de reducción de emisiones más ambiciosos para limitar el
calentamiento a 1,5 ºC, lo que equivale a permitir conscientemente la
muerte, el desplazamiento y el sufrimiento de millones de personas. Una
vez más se han favorecido los intereses y beneficios económicos por
encima del cumplimiento de los derechos humanos.
El acuerdo
también es inhumano porque festeja las limosnas que se dan al Sur global
en función de la financiación de medidas de adaptación al cambio
climático con el Fondo Verde para el Clima, mientras impide anclar el
derecho a compensación por daños y pérdidas, por ejemplo en el caso del
aumento de enfermedades tropicales, los suelos degradados, la pérdida de
fuentes de agua o la desaparición de pueblos enteros en zonas costeras
afectadas por la mayor incidencia de huracanes e islas inundadas por el
aumento del nivel de mar.
El Gobierno de Estados Unidos, con la
complicidad de la Unión Europea, ha insertado una demanda sin
precedentes: que los países más vulnerables al cambio climático
renuncien a su derecho legal a demandar a otros países por pérdidas climáticas.