Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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quarta-feira, 16 de janeiro de 2019

Veinte años no es nada

Si de lucha y de antagonismo se trata, el siglo XXI empezó a finales de noviembre de 1999 en Seattle, exactamente diez años después de la caída del muro de Berlín.
En la llamada Battle of Seattle una multitud se movilizó en contra de la globalización capitalista neoliberal, impidiendo la realización de una cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En el movimiento que allí tomó vuelo, se forjó una generación de militantes y se marcó un hito y un cambio de época en la historia de las luchas sociales alrededor de tres elementos que sobresalieron en aquellas jornadas de protestas callejeras: el antineoliberalismo altermundista, la forma multitudinaria-reticular y la combinación-renovación de los repertorios de acción.

quarta-feira, 4 de julho de 2018

Sobre el alcance histórico de la elección de López Obrador

Hay que festejar un acontecimiento histórico: la primera derrota electoral de las derechas mexicanas reconocida como tal. A la historia remitió también la promesa de mayor peso de la campaña de López Obrador (AMLO) y sus aliados, inscrita en el nombre mismo de la coalición: “Juntos haremos historia”.
El real alcance del Gobierno que nació del voto del 1 de julio obviamente irá decantándose en el tiempo y solo se podrá sopesar retroactivamente. Sin embargo, algunas cuestiones afloran inmediatamente como parte del debate que se abre a partir de este acontecimiento.

sexta-feira, 27 de outubro de 2017

Politizar el pesimismo

El pesimismo es un reflejo de los tiempos sombríos que vivimos. Walter Benjamin sostenía que había que organizarlo, lo cual equivale a decir que hay que politizarlo, darle sentido y proyección para que genere conciencia y movilización.
El pesimismo organizado y politizado puede ser un eficaz antídoto a la tentación populista la cual, más allá del debate sobre su contenido, se presenta como una forma de generar esperanzas e ilusiones, crear y tomar atajos para conquistar al poder político. Una forma no populista de hacer política desde la izquierda anticapitalista, sin caer en actitudes sectarias y jugar un papel simplemente testimonial, requiere pensar de forma antitética las formas, los territorios y los ritmos de la lucha.

quarta-feira, 14 de outubro de 2015

Intelectuales orgánicos e intelectuales transgénicos

“No hay que ocultar a la clase obrera nada de lo que a ésta interesa, ni siquiera cuando tal cosa pueda disgustarla, ni siquiera en el caso de que la verdad parezca hacer daño en lo inmediato; significa que hay que tratar a la clase obrera como se trata a un mayor de edad capaz de razonar y discernir, y no como a un menor bajo tutela.”
(Antonio Gramsci, L’Ordine Nuovo, 17 de marzo de 1922).
Por medio de la noción de intelectuales orgánicos, Gramsci caracterizaba la labor de grupos específicos que cumplían funciones de producción, reproducción, conexión y cohesión ideológica que habilitan a las clases dominantes y las subalternas para sostener, respectivamente, la hegemonía y la disputa contrahegemónica. Se trataba de una apreciación en primera instancia descriptiva, que reconocía la existencia de estos grupos detrás de la construcción del orden burgués y, en otro nivel, prescriptiva, que sugería la necesidad de formar o reforzar una intelectualidad conforme a los intereses y la visión del mundo de los trabajadores.
Para estos últimos fines, Gramsci no pensaba en intelectuales de partido -entendiendo por partido una determinada organización política, siempre efímera- ni de gobierno o de Estado, sino en intelectuales del movimiento histórico, pensado como conjunto plural y multiforme de distintas expresiones sociales y políticas de las clases subalternas. Las tareas fundamentales de los intelectuales orgánicos serían fomentar la toma de conciencia al interior del movimiento e impulsar, hacia afuera, la guerra de trincheras en el terreno de la sociedad civil, disputando el sentido común a partir de núcleos de buen sentido. Esta función estratégica no implicaría una disciplina partidaria que eliminara la crítica interna, condición necesaria para que la toma de conciencia sea real y no desaparezcan artificialmente las contradicciones que acompañan a la construcción de toda subjetividad social y política desde abajo.