Imaginen que un político declara que para conseguir que la política gire
a la izquierda no es necesario contar con personas de izquierdas, que
basta con llevar a cabo iniciativas progresistas y sociales como nos han
enseñado en las facultades o en algunas reuniones y asambleas. Nadie
aceptaría el argumento ni vería en él un planteamiento coherente.
Sin embargo, es lo que ha manifestado Pablo Iglesias con relación a la
presencia de las mujeres en los órganos de representación política,
precisamente donde más se reproducen y difunden las ideas machistas, al
decir que no hace falta que estén ellas y que basta con que se haga lo
que nuestras madres nos han enseñado. Pablo Iglesias se vuelve a
equivocar con lo que significa la igualdad, con lo que plantea el
feminismo y, por tanto, con lo que supone la desigualdad e impone el
machismo.
El ejemplo más claro de que feminismo no es lo
contrario de machismo se aprecia en sus palabras, pues mientras que el
machismo defiende el orden dado sin necesidad de incorporar a las
mujeres, que para eso ya están los hombres con su "pluripotencialidad
adaptativa", su inteligencia superior que decía Miguel Arias Cañete, y
su criterio objetivo, el feminismo defiende la igualdad con mujeres y
hombres. Lo de "hacer comunidad" está muy bien, pero no se trata de
hacer comunidad de cualquier modo, sino de hacerla con la igualdad como
referencia y con las mujeres como protagonistas junto a los hombres.
Pero para que haya mujeres y hombres es necesario que lleguen
las mujeres a los lugares y posiciones donde el machismo les ha impedido
estar, puesto que ellas son tan capaces como los hombres, aunque a
diferencia de estos, a lo largo de la historia se han encontrado con
limitaciones estructurales, organizativas y funcionales que las ha
apartado de los espacios donde los hombres consideraban que no hacía
falta que estuvieran, que ellos solos se bastaban. Y para poder llegar a
donde los hombres, las mujeres ha tenido que ganarse el alma, después
la inteligencia, más adelante la capacidad, a continuación la formación,
tras ella la experiencia y ahora tienen que luchar por las
oportunidades…
Todo ello sin dejar de hacer lo que les habían
asignado como mujeres, y para que ahora que demuestran que el machismo
estaba equivocado, digan que no hace falta, que con que les cuenten a
los hombres lo que ellas consideren que hay que hacer, es suficiente,
que ya ellos se hacen cargo.
La presencia de las mujeres en los ámbitos de poder y decisión no es
testimonial ni basada en el relato, por eso tampoco es cuestión de
reducir las políticas de igualdad a la inclusión de un número de mujeres
que justifique las cuotas y la cremallera, en eso tiene razón Pablo
Iglesias.