Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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terça-feira, 28 de abril de 2020

Los monstruos que habitan la normalidad

Para poder preparar mi intervención, me leí de nuevo Elcuento de la criada, uno de los relatos distópicos que más me ha agobiado. Lo había leído hace mucho tiempo. Recordaba sobre todo la angustiosa subyugación de las mujeres y la intervención y vigilancia en todos los ámbitos de la vida.  Pero, en la relectura, cada párrafo, cada reflexión de la protagonista me llevaba mucho más allá. Me obligaba a asomarme a nuestro propio momento. Tenía la sensación de que el texto me colocaba privilegiadamente, antes y con tiempo para evitar la llegada de Gilead.

sexta-feira, 1 de fevereiro de 2019

Límites, fascismo territorial y la derecha sin complejos

El Club de Roma advertía en 1972 sobre la inviabilidad del crecimiento indefinido de la población y sus consumos en un planeta con límites físicos. Aunque esas proyecciones sobre la disponibilidad de recursos fueron denostadas, la información científica que disponemos hoy valida en buena medida lo que entonces se auguraba.
El IPCC advierte en su último informe que disponemos de doce años para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catástrofe global. De lo contrario, millones de personas estarán en peligro ante las crecientes sequías, inundaciones, incendios, hambrunas y pobreza.

quinta-feira, 19 de abril de 2018

Arrancar los pelos del corazón

Uno. El verano de 2012, miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores llevaban a cabo una acción de expropiación forzosa de alimentos destinados a comedores sociales. La acción fue calificada de robo y generó no pocas páginas de ridiculización, difamación y criminalización de los autores de la acción.
Dos. En 2013, la policía nacional detenía a dos personas, e identificaba a varias más, por intentar impedir el desahucio de una mujer de 87 años con Alzheimer, y de su hijo, de 51, en Triana (Sevilla). Las detenciones e identificaciones en acciones encaminadas a parar desahucios no son hechos aislados.
Tres. El verano de 2017, varios propietarios de fincas, con la complicidad de algún miembro de la guardia civil, tendían una trampa – bastante chapucera, por cierto - a Juan Clavero, compañero de Ecologistas en Acción de Andalucía que, entre otras muchas cosas, trabaja en contra de la apropiación del territorio público por parte de intereses privados. Trataron de desprestigiarle imputándole un delito de tráfico de drogas.

terça-feira, 7 de junho de 2016

Ocupar versus usurpar

Cuando se ocupa de forma pública y anunciada un espacio vacío con la intención de permanecer en él, lo que se hace es denunciar y cuestionar una sociedad, una economía y un Estado que consideran los lugares y los bienes como mercancías.
El juicio a cuatro activistas ocupas del Patio Maravillas copa en los últimos días el foco mediático. Como era de esperar, dado el orden de cosas, comparten portadas con las legiones de seres presuntamente corruptos, corruptores, prevaricadores y delincuentes que son detenidos o investigados por docenas y acusados de apropiaciones de recursos públicos, bajo todo tipo de imaginativas fórmulas. Ocupar es una palabra que en el diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene muchas acepciones. Habitualmente, cuando hablamos ocupación de locales e inmuebles, la más utilizada suele ser la de “tomar posesión o apoderarse de un territorio, de un lugar o de un edificio, invadiéndolo o instalándose en él”.
Las personas que ocuparon en el Patio Maravillas, indudablemente entraron en un edificio, se instalaron en él y, desde ese momento, lo que era un inmueble vacío, se convirtió en un lugar habitado, cuyo valor venía dado por el uso que se hacía de él. Lo que hoy es tratado en muchos medios como un acto inmoral y delictivo, es, sin embargo, una acción amparada por las orientaciones morales más básicas que han permitido que la humanidad haya podido sobrevivir. Ocupar el espacio vacío ha sido una estrategia de supervivencia y prácticamente todas las culturas del mundo han desarrollado mecanismos y normas para impedir el acaparamiento de espacios y bienes que no tuvieran utilidad social. Desde las constituciones que regulan la vida en común en los estados (como es el caso de la propia Constitución española), hasta los textos básicos de muchas religiones (incluida la católica), la legitimidad de un propiedad que no tenga utilidad social ha sido profundamente cuestionada.
En este marco antropológico, y teniendo en cuenta, el uso patrimonialista y especulativo que tiene la propiedad inmobiliaria, el elevado número de viviendas y espacios vacíos en la ciudad de Madrid, y la cantidad de gente precaria sin vivienda y de proyectos socioculturales que no tenían dónde llevarse a cabo, no parece extraño que la ocupación, como denuncia y respuesta política, haya ido creciendo progresivamente.