Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve

quinta-feira, 7 de maio de 2015

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2048 - Praça do Município.

Baltimore 2015: Vemos la rabia afroamericana pero necesitamos “poder negro”

¿Apoyamos las protestas contra el terrorismo policial? Totalmente. ¿Denunciaremos a la gente por montar bronca? De ninguna manera. Mientras tanto, oportunistas comentaristas mediáticos, deshonestos políticos bipartidistas y representantes progres de docenas de organismos de servicio social acuden a toda prisa a Baltimore para denunciar los "disturbios".
Lo que diferencia a Baltimore es que las protestas "pacíficas" habituales, las vigilias con velas, los #hashtags y los discursos apasionados no han sido suficientes para contener la rabia y la frustración de la gente, perfectamente justificadas. Sabemos que la rabia que está esparciéndose por las calles hunde sus raíces en la represión histórica de la comunidad afroamericana, y que fue provocada por la reciente ola de asesinatos de afroamericanos cometidos por la policía. Sin embargo, para las comunidades afroamericanas de todo Estados Unidos lo más importante es lo que viene después de que la rabia y la frustración se hayan apagado, y también es importante para nosotros como "gente solidaria" que enfrentamos la misma clase de violencia de Estado, ya sea de la policía o de la migra [1] .
Por lo tanto, no vamos a denunciar lo que está sucediendo en Baltimore. Nuestra intención, en cambio, es aportar alguna claridad política a cómo vemos que se están desarrollando las circunstancias. Para empezar, debemos entender que existe una diferencia fundamental entre armar bronca y organizarse políticamente. Lo primero, que es lo que está ocurriendo en Baltimore y se basa en una rabia justificada. Lo segundo es mucho menos común y requiere una planificación táctica y estratégica. La protesta, ya sea "pacífica" o de otro tipo, siempre es importante pero no se traduce automáticamente en poder político independiente. Arremeter contra la opresión no es lo mismo que arrebatar el poder al opresor.
La violencia de la policía y la migra hay que entenderla como una forma de poder político impuesto a las comunidades por medio de la violencia, en otras palabras, de terrorismo patrocinado por el Estado. Los homicidios cometidos por la policía raramente se analizan como una función del poder político. Esa es una línea que raras veces se cruza, ni siquiera por parte de muchas personas progresistas. Es un hecho histórico que los poderosos utilizan el terrorismo patrocinado por el Estado para defender sus privilegios y reprimir y contener a los que no tienen poder alguno. Los asesinos de la policía y la migra nunca tendrán que rendir cuentas precisamente porque sirven a dicho terrorismo. Asesinar a gente de nuestras comunidades es parte del trabajo policial. Por eso los agentes vienen a nuestras comunidades con pistolas y están cientos de horas practicando tiro. Cuanto más pobre y más oscura sea la comunidad, más policías y más armas de fuego se despliegan. Si una comunidad resiste a la policía mandan más policías y armas todavía más grandes. Este es el patrón y es tan simple como históricamente habitual.
Si no llamamos a las cosas por su nombre nos limitamos a repetir como loros los estériles debates escenificados por las personalidades mediáticas, los republicanos/demócratas y los representantes de las instituciones de servicios sociales. Por lo tanto, también nos limitaremos a exigir las mismas reformas a corto plazo, condenándonos sin remedio a más terrorismo de Estado dentro de unas pocas semanas o unos pocos meses, cuando el patrón se repita una vez más. Inevitablemente, otro miembro inocente de la comunidad afroamericana será asesinado por la policía. Como las veces anteriores, soportaremos semanas de supuestos "análisis" y "debates" en los medios para que podamos "empezar a cerrar cicatrices". Entonces, los críticos fieles al sistema político estadounidense exigirán dimisiones, reformas en la actuación policial, mayor diversidad entre los policías y financiación para un puñado de programas sociales.

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photo: rogério barroso. Foto nº 2047 - Praça do Município.

Las cifras de la deuda 2015

La nueva publicación del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Las cifras de la deuda 2015, ahora disponible en español, francés e inglés, constituye un documento de especial relevancia para cualquier persona que quiere investigar o simplemente tener a su alcance herramientas para combatir las desigualdades, consecuencias de un sistema capitalista devastador basado en el endeudamiento.

Tal y como establece el manifiesto político de la red internacional del CADTM, «tanto en el Norte como en el Sur del planeta, la deuda constituye un mecanismo de transferencia de riquezas creadas por los trabajadores y trabajadoras y los pequeños productores y productoras a favor de los capitalistas. El endeudamiento es utilizado por los prestamistas como un instrumento de dominación política y económica». [1] Ahí se pueden observar desigualdades enormes recordando el famoso lema “somos el 99%” del movimiento Occupy Wall Street, de la ’clase pueblo’ en contra de la clase capitalista, el poderoso 1% restante. Así, la publicación recopila muchísimos datos como el que nos dice que “En 2013, el 0,7 % de la población mundial acaparaba el 41 % de la riqueza mundial mientras que el 68,7 % de la población tenía une riqueza conjunta de apenas el 3 % del total mundial.” [2]

En la misma línea, aprendemos que “en el continente africano, el 0,01% de la población se reserva el 60% del PIB africano”. ¡Una desigualdad tan explosiva solo puede provenir de una explotación brutal! Como mencionan los autores, los planes de ajuste estructural y otros planes de austeridad ligados a préstamos, “constituyen una máquina de guerra que tiene por objetivo destruir todos los mecanismos de solidaridad colectiva y someter todas las esferas de la vida humana a la lógica mercantil.” Estos mecanismos de endeudamiento obedecen a intereses imperialistas y son utilizados para someter y vigilar a los gobiernos y sus pueblos.

Como en las ediciones anteriores [3], el CADTM persigue el doble objetivo de proponer, por una parte, un análisis crítico y riguroso y, por otra, una denuncia de los fines y resultados nefastos del “sistema deuda” en todos los países. La lectura del documento, enriquecido con numerosas tablas y gráficos, nos lleva a entender cómo los ricos acreedores acaparan las riquezas producidas en detrimento de la mayoría de la población, nos permite desmontar el discurso dominante y luchar para acabar con el lastre de la deuda. Pues, contrariamente al discurso mediático y las afirmaciones de los dirigentes europeos, el actual incremento de la deuda pública en Europa fue posterior al sobreendeudamiento privado: Ha sido primero una crisis de la deuda privada que luego se transformó en crisis de deuda pública vía la socialización de pérdidas.

terça-feira, 5 de maio de 2015

Los profesores como nuevos proletarios

La proletarización es un tema de vieja data en el análisis social y político, que durante el siglo XX llamó la atención de sociólogos y economistas, así como de teóricos revolucionarios. En términos etimológicos el vocablo proviene de proletario, una palabra de origen latino (proletarius, derivado de proles, hijos), que en la antigüedad se refería a quien carecía de bienes, era un desposeído, no tenía propiedad y cuya única función se reducía a engendrar hijos para abastecer las tropas imperiales. El término fue actualizado por Karl Marx en la década de 1840 al catalogar de proletario al obrero moderno, carente de propiedad privada de los medios de producción y con su fuerza de trabajo como lo único que tiene para venderle al capitalista, a cambio de un salario, así como ofrecerle su prole para permitir la reproducción del capitalismo. Cuando se habla de proletarización, se alude a que una determinada fracción de clase, distinta en principio a la clase trabajadora, se transforma en miembro de esta última. Tal proceso lo han vivido campesinos, artesanos y otras clases sociales, y también diversas fracciones de la pequeña burguesía –denominada en forma imprecisa como “clase media” –, algunas de cuyas capas se deslizan hacía el proletariado, como sucede en la actualidad con los miembros de lo que antes se consideraban “profesiones liberales”, entre los cuales se encuentran los profesores.

Política, Ficción...


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photo: rogério barroso. Foto nº 2046 - Parque das Nações.

Empujarlos al mar

Frente a la hipocresía y la indiferencia, apetece y hasta se impone ser un poco demagógicos. Digamos la verdad: Europa está acostumbrada a tirar gente al mar. Lo hizo durante siglos en el marco del rentabilísimo comercio de esclavos del que participaron todas las grandes naciones que dan hoy lecciones de humanidad y democracia al resto del mundo. El antropólogo Fernando Ortiz recordaba en uno de sus libros la cifra: en 1825 se calculaba que cada año los negreros clandestinos arrojaban al océano 3.000 esclavos vivos, bien para escapar de las patrullas, bien para desprenderse de la mercancía defectuosa. Muchos más habían muerto antes, durante el acarreo por el continente africano o durante la espera en los barracones del puerto.
En 1818, cuando se prohibió el tráfico al tiempo que se mantenía la esclavitud (¡igual que hoy!), el muy católico rey español Fernando VII justificaba la medida diciendo que ya no hacía falta trasladar a América a los africanos para civilizarlos porque la empresa colonial iba a ocuparse de civilizarlos en sus propios países de origen. Seguimos civilizándolos en sus países de origen, seguimos seleccionando mano de obra barata, seguimos prohibiendo el tráfico y seguimos arrojándolos al mar.
La gran escritora negra Toni Morrison emitió hace años el veredicto: “No puedes hacer eso durante cientos de años y no pagar un peaje. (Los europeos) tenían que deshumanizar no sólo a los esclavos, sino a sí mismos. Tenían que reconstruir todo para hacer que el sistema pareciera verdadero. Hizo que todo fuera posible en la segunda guerra mundial. Hizo que la primera guerra mundial fuera necesaria. Racismo es la palabra que utilizamos para englobar todo esto”. Lo que el teólogo alemán Franz Hinkellammert llama con razón “genocidio estructural” se inscribe en una larga enfermedad europea que nos ha podrido el alma hasta el punto de que podemos empujarlos al mar y luego irnos a Malta en un crucero.
Son más de mil muertos en una semana; más de 20.000 en los últimos 15 años. Cifras parciales, engañosas, que no censan el fondo de los mares. No estoy dispuesto a negar la responsabilidad de los traficantes que explotan la desesperación de los humanos; tienen la misma que los negreros del siglo XIX y mantienen con el sistema neocolonial europeo la misma relación de dependencia y funcionalidad. Tampoco estoy dispuesto a negar la responsabilidad de los que alquilan un centímetro de azar en estas barcas de Caronte. Hasta el más desgraciado de los humanos puede decidir su destino; pero hasta el más desgraciado de los humanos tiene derecho a elegir un destino mejor sin jugarse la vida. ¿De qué son responsables? Su crimen, como dice Juan Goytisolo, es “su instinto de vida y el ansia de libertad”, ese átomo de libertad que emplean en huir de la guerra o de la miseria y en reivindicar su derecho a desplazarse, a trabajar, a existir sin pedir limosnas o disculpas.
Hemos visto la respuesta de nuestros gobiernos y nuestros políticos. Hay dos. Una, la hipocresía: se lamentan las muertes y se exhibe contrición mientras se refuerza Frontex y la operación Tritón; es decir, mientras se multiplican los medios, como Fernando VII, para “civilizar” en origen a los africanos y destruir las barcas de los traficantes. Ya sabemos lo que eso significa y las consecuencias que traerá: apoyar dictaduras y justificar intervenciones que generarán más frustración, más miseria, más guerras, más yihadismo, en un circuito de retroalimentación del que sólo se benefician los más poderosos, los más ricos y los más injustos.

segunda-feira, 4 de maio de 2015

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2045 - Estação do Metro de S. Sebastião.

Un tumor que amenaza a Europa

Un año después de la caída del presidente Yanukóvich, y del triunfo del golpe de estado en Kiev, Ucrania continúa inmersa en una guerra civil, que Poroshenko prometió que ganaría en un mes. Es difícil encontrar un escenario donde la irresponsabilidad occidental sea tan grande como en Ucrania. En un año, los responsables de la diplomacia europea y norteamericana han pasado de estimular las protestas y financiar grupos de matones y de provocadores, mientras repartían galletas en el Maidán, como hizo Victoria Nuland, secretaria adjunta del Departamento de Estado norteamericano, a contemplar impávidos una guerra civil que ya ha causado miles de muertos en el este del país, y que puede derivar en una guerra europea de mayor envergadura si no se consolida la vía diplomática establecida en los acuerdos de Minsk.
Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos de las negociaciones y su persistente tentación de atizar los enfrentamientos por el procedimiento de armar al gobierno de Kiev y asesorar a sus tropas para la propagación de una guerra que podría implicar a la OTAN, han abierto una peligrosa herida en Europa. Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, debaten sobre el grado de su implicación en la guerra, porque, en la práctica, ya participan por actores interpuestos, y han enviado asesores, espías y mercenarios. Victoria Nuland, por lo demás, no ha tenido el menor reparo en reunirse con Andriy Parubiy, el dirigente neonazi que organizó el Maidán de Kiev con la complicidad de la CIA norteamericana y la AW polaca, y que después pasó a dirigir el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno surgido del golpe de Estado. Habituados a la manipulación y la propaganda, Washington y el cuartel general de la OTAN en Bruselas, ayudados por un ejército de periodistas sin escrúpulos, han levantado un gigantesco edificio de mentiras que recuerda otras guerras, como las de Yugoslavia e Iraq, sabiendo que la memoria de la opinión pública es débil y que unas mentiras tapan a otras. Porque el incendio de Ucrania tiene una lógica que adquiere sentido cuando se repara en las guerras iniciadas por Estados Unidos en los últimos años en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Yemen.
Bajo Yanukóvich, la rampante corrupción era moneda corriente, y ahogaba al país, pero todos los pasos dados hasta hoy, de la mano del complaciente, con Washington, gobierno de Poroshenko y Yatseniuk, han ido en la dirección del desastre. La Ucrania dirigida por Poroshenko es hoy un grotesco país donde mandan los capitalistas de la nueva oligarquía creada a partir del robo, como ayer, pero también los matones y asesinos, los comandantes de grupos armados de extrema derecha, que no dudan en deshacerse de cualquiera, los ladrones de los recursos del país y gente que parece no estar en sus cabales. No es una exageración: sólo hay que ver los personajes que se pasean por el parlamento y los ministerios, armados, acompañados de matones fascistas que no dudan en sacar granadas de mano de sus bolsillos. Aunque divididos en facciones, comparten la solidaridad de ser los beneficiarios del golpe de Estado y los protegidos por Estados Unidos. Yakseniuk (cómplice y socio de uno de los principales capitalistas ucranios, Igor Kolomoisky, organizador de batallones fascistas) es uno de los hombres de Washington en Kiev; Poroshenko duda entre el acercamiento a Berlín y la sumisión a Estados Unidos, y, como Turchínov y el resto de gobernantes, ambos chapotean en la corrupción y en la incompetencia, que ha hundido la economía del país, mientras lanzan gritos de ayuda a Washington y Berlín y procuran convencer al mundo de que Rusia es un peligro. Es revelador que todos ellos se acojan a una retórica patriótica que se remonta a Stepan Bandera, y oculta Babi Yar y Volin, y que se desentiende de los símbolos y la lucha contra el nazismo durante la II Guerra Mundial. Tampoco dudan en utilizar las más groseras mentiras, entregando, por ejemplo, a Washington fotografías tomadas en la guerra de Georgia en 2008… como pruebas de la invasión rusa en Ucrania, dejando en un desairado papel al senador norteamericano Jim Inhofe.