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quinta-feira, 8 de setembro de 2016

El proceso de ascenso del fascismoen Ucrania (I)

En noviembre de 2013, después de la decisión del gobierno ucraniano de no firmar el acuerdo de asociación con la Unión Europea, estalló en el país un golpe de Estado que se produjo tras a un aumento de la violencia y estaba apoyado e incitado por unos partidos y “ONG” que tenían relación directa con las potencias occidentales. Los movimientos neofascistas parecen haber desempeñado un papel fundamental en el golpe que les permite estar en el primer plano de los acontecimientos al restablecer su legitimidad en el nuevo orden estatal ocupando unas funciones clave en el aparato gubernamental e incidir en la reestructuración de las relaciones de fuerza internas. Paralelamente al realineamiento de Ucrania con los intereses estratégicos del imperialismo (apertura económica, asociación con la UE, asociación de facto con la OTAN, oposición a Rusia), asistimos al inicio de un proceso de fascistización ideológica Para entender este proceso y examinar la realidad política actual I nvestig’Action ha entrevistado al secretario general del Partido Comunista de Ucrania Petro Simonenko.

quinta-feira, 10 de dezembro de 2015

Ucrania, bajo la injerencia del FMI, se hunde en la recesión

Parece que no importara que la política del FMI que se disemina por el mundo provoque caos social como en Grecia o en cualquier otro país, puesto que el objetivo es siempre el mismo: reforzar el capital privado a expensas de los bienes y servicios sociales. Y el FMI, cuya sede está en Washington, sigue en Ucrania a pesar de ser una institución tan despreciada por su fuerte implicación en la ola de las desastrosas privatizaciones en Europa del Este, durante la transición postcomunista a comienzos de los 90. Desde el inicio de la crisis, en noviembre de 2008, Ucrania figura entre los primeros países europeos que cayó en la ratonera del FMI, después de Islandia, Georgia y Hungría.
Debido a un poderoso movimiento insurreccional que llevó a la destitución del presidente ucraniano Víktor Yanukóvich, el nuevo Gobierno transitorio, establecido el 27 de febrero de 2014, ofreció al FMI la oportunidad de administrar una severa cura de austeridad al pueblo ucraniano. Sin siquiera esperar a las elecciones, se desarrollaron unas opacas negociaciones con ese Gobierno no elegido, que desembocaron en la adopción de políticas ultraliberales a cambio de un préstamo del FMI.
Para el actual primer ministro Arseni Iatseniuk, no existiría ninguna alternativa a las órdenes del FMI. Ya en octubre de 2008, cuando era presidente del Parlamento, Iatseniuk declaraba respecto al programa del FMI: “No tenemos otra elección. No es una cuestión política, es una cuestión vital para la actividad del país”. Cinco años y medio más tarde, en marzo de 2014, Arseni Iatseniuk, convertido en primer ministro del Gobierno transitorio, afirmó con respecto a un inminente programa de austeridad del FMI: “El Gobierno aceptará todas las condiciones fijadas por el FMI, porque no tenemos otra elección”.
Con el nuevo Gobierno del oligarca y multimillonario Petro Poroshenko, investido presidente de Ucrania en junio de 2014 con la promesa de poner fin a la guerra en tres meses, pocos cambios se pueden esperar, ya que mantiene a Arseni Iatseniuk en las funciones de primer ministro. Ucrania continúa su ruta dentro del monorraíl liberal de las políticas de austeridad dictadas por el FMI. A los ojos del poder establecido y cualquiera que sea el precio a pagar, no hay ninguna otra opción válida. Reinando, por lo tanto, el famoso dogma de Margaret Thatcher, “There is no alternative”.

segunda-feira, 4 de maio de 2015

Un tumor que amenaza a Europa

Un año después de la caída del presidente Yanukóvich, y del triunfo del golpe de estado en Kiev, Ucrania continúa inmersa en una guerra civil, que Poroshenko prometió que ganaría en un mes. Es difícil encontrar un escenario donde la irresponsabilidad occidental sea tan grande como en Ucrania. En un año, los responsables de la diplomacia europea y norteamericana han pasado de estimular las protestas y financiar grupos de matones y de provocadores, mientras repartían galletas en el Maidán, como hizo Victoria Nuland, secretaria adjunta del Departamento de Estado norteamericano, a contemplar impávidos una guerra civil que ya ha causado miles de muertos en el este del país, y que puede derivar en una guerra europea de mayor envergadura si no se consolida la vía diplomática establecida en los acuerdos de Minsk.
Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos de las negociaciones y su persistente tentación de atizar los enfrentamientos por el procedimiento de armar al gobierno de Kiev y asesorar a sus tropas para la propagación de una guerra que podría implicar a la OTAN, han abierto una peligrosa herida en Europa. Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, debaten sobre el grado de su implicación en la guerra, porque, en la práctica, ya participan por actores interpuestos, y han enviado asesores, espías y mercenarios. Victoria Nuland, por lo demás, no ha tenido el menor reparo en reunirse con Andriy Parubiy, el dirigente neonazi que organizó el Maidán de Kiev con la complicidad de la CIA norteamericana y la AW polaca, y que después pasó a dirigir el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno surgido del golpe de Estado. Habituados a la manipulación y la propaganda, Washington y el cuartel general de la OTAN en Bruselas, ayudados por un ejército de periodistas sin escrúpulos, han levantado un gigantesco edificio de mentiras que recuerda otras guerras, como las de Yugoslavia e Iraq, sabiendo que la memoria de la opinión pública es débil y que unas mentiras tapan a otras. Porque el incendio de Ucrania tiene una lógica que adquiere sentido cuando se repara en las guerras iniciadas por Estados Unidos en los últimos años en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Yemen.
Bajo Yanukóvich, la rampante corrupción era moneda corriente, y ahogaba al país, pero todos los pasos dados hasta hoy, de la mano del complaciente, con Washington, gobierno de Poroshenko y Yatseniuk, han ido en la dirección del desastre. La Ucrania dirigida por Poroshenko es hoy un grotesco país donde mandan los capitalistas de la nueva oligarquía creada a partir del robo, como ayer, pero también los matones y asesinos, los comandantes de grupos armados de extrema derecha, que no dudan en deshacerse de cualquiera, los ladrones de los recursos del país y gente que parece no estar en sus cabales. No es una exageración: sólo hay que ver los personajes que se pasean por el parlamento y los ministerios, armados, acompañados de matones fascistas que no dudan en sacar granadas de mano de sus bolsillos. Aunque divididos en facciones, comparten la solidaridad de ser los beneficiarios del golpe de Estado y los protegidos por Estados Unidos. Yakseniuk (cómplice y socio de uno de los principales capitalistas ucranios, Igor Kolomoisky, organizador de batallones fascistas) es uno de los hombres de Washington en Kiev; Poroshenko duda entre el acercamiento a Berlín y la sumisión a Estados Unidos, y, como Turchínov y el resto de gobernantes, ambos chapotean en la corrupción y en la incompetencia, que ha hundido la economía del país, mientras lanzan gritos de ayuda a Washington y Berlín y procuran convencer al mundo de que Rusia es un peligro. Es revelador que todos ellos se acojan a una retórica patriótica que se remonta a Stepan Bandera, y oculta Babi Yar y Volin, y que se desentiende de los símbolos y la lucha contra el nazismo durante la II Guerra Mundial. Tampoco dudan en utilizar las más groseras mentiras, entregando, por ejemplo, a Washington fotografías tomadas en la guerra de Georgia en 2008… como pruebas de la invasión rusa en Ucrania, dejando en un desairado papel al senador norteamericano Jim Inhofe.

sexta-feira, 13 de fevereiro de 2015

Ucrania, un conflicto gravísimo donde EE.UU. pierde posiciones

La reciente gestión de Francois Hollande y Angela Merkel para encarar una gestión de paz en Ucrania y Rusia. Alegaron que hay posibilidades una guerra, que puede extenderse y generalizarse, lo que sería una perspectiva muy negativa. Por lo tanto tratan de interesar al presidente ucraniano, Petro Poroshenko, y al ruso Vladimir Putin, en un acuerdo negociado, logrando una reunión de Hollande, Merkel, Putin y Poroshenko en Ucrania, para profundizar el tema.
Toda gestión de paz debe ser bienvenida. Eso no significa que el galo y la germana sean palomas de la paz ni candidatos al Premio que entrega la academia sueco-noruega. La Unión Europea que ellos representan viene tomando nota que las sanciones económicas que votó promediando contra Moscú en 2014 como castigo por su rol en la crisis ucraniana, fueron como un bumerán.
Se los había anticipado el primer ministro Dmitri Medvedev: como Rusia había respondido cortando compras a Europa, ésta tendría un perjuicio de 50.000 millones de dólares en 2014 y de 62.000 millones en 2015. Y así viene ocurriendo. Francia y Alemania son imperiales pero no tontas. Ahora, con esta gestión diplomática, ven si puede haber algún arreglo: sus economías no están como para ignorar el impacto de ese menor comercio y provisión a Rusia.
Lo segundo que conviene precisar es que los viajeros llevaron un borrador de nueve puntos que no les pertenece. El autor es Putin, quien logró formar en setiembre de 2014 un grupo de contacto en Minsk entre las partes en pugna en Ucrania. Allí se firmó un primer compromiso favorable, proclamándose un alto al fuego y el retiro de las armas pesadas de la zona este. O sea, en las regiones de Donetsk y Lugansk, donde se han proclamado desde abril sendas repúblicas populares y opuestas al gobierno central de Kiev.
El problema es que lo de Minsk no fue respetado. Cada parte le echó la culpa a la otra. Cuando se reanudaron las hostilidades, los regimientos del gobierno central llevaron la peor parte. Los federalistas les impusieron numerosas bajas. De allí el apuro del presidente ucraniano por ingresar a la OTAN y tener mayor apoyo militar de sus socios, especialmente de Estados Unidos.
Lamentablemente, para Poroshenko, no todo el poder estadounidenses estuvo de acuerdo con la provisión bélica que pedía. Hasta el momento Barack Obama fue reticente, aunque hay una fuerte presión para que revise la postura. Los republicanos y parte de los demócratas votaron en diciembre pasado un paquete de ayuda por 350 millones de dólares para el gobierno central de Ucrania. Y varios están dispuestos a entregar sistemas antitanque y antiaéreos, radares y drones por 3.000 millones de dólares.