photo: rogério barroso. Foto nº 2304 - Praia da Torreira.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
quinta-feira, 9 de junho de 2016
Google, "parte integral del Estado" estadunidense, asegura Julian Assange
Puesto a elegir entre dos males (los contendientes para la presidencia de Estados Unidos), Julian Assange, director de Wikileaks, describe así la disyuntiva:
Donald Trump es imprevisible. Hillary Clinton, por el contrario, es perfectamente previsible. Por desgracia.
La virtual candidata por el Partido Demócrata, pronosticó, seguirá una política de intervenciones militares en el mundo,
algo que está en el alma misma de Estados Unidos. Es, añadió,
un halcón (como se señala a los gobernantes estadunidenses proclives a las opciones bélicas) y va a tener el poder de iniciar muchas guerras, aunque a lo largo de sus campañas ha insistido en que quiere terminarlas.
Assange
participó este martes, vía Internet desde la embajada de Ecuador, en
Londres, donde se encuentra asilado desde hace cuatro años, en el Foro
de los Medios organizado por la agencia de noticias rusa Rossiya
Segodnya, en el cual se debate sobre el futuro de los medios de
comunicación monopólicos.
Luego de escuchar muestras de apoyo y
solidaridad de varios de los periodistas asistentes, respondió a una
pregunta sobre su encierro.
Sigue siendo difícil, sobre todo porque mis hijos están creciendo, pasando de la niñez a la juventud, y no estoy con ellos, expresó. Admitió que sufre problemas de salud.
Pero por lo menos todavía puedo trabajar. Y de hecho, añadió, este ha sido un año muy productivo para él y Wikileaks.
En
su análisis sobre la correlación de fuerzas que hay a nivel global
entre los medios corporativos dominantes y los emergentes que se
esfuerzan por contrarrestar el poder de los grandes consorcios, explicó
que no comparte el optimismo expresado por varios de los ponentes en el
sentido de que el poder monopolizador de los grandes grupos mediáticos
se está debilitando. Hubo quienes incluso aseguraron que estos
monopolios ya
están muertos.
Rusia da un paso más en la desconexión con Occidente ante el asedio militar y financiero
La dicotomía en la que siempre se ha movido Rusia, tanto antes como
después de la URSS, se está exacerbando en las últimas semanas. Esa
dicotomía, pro-occidentales (ellos se llaman a sí mismos
“euroatlánticos”) frente a euroasiáticos (1) está resurgiendo con fuerza
en lo que supone el último intento por parte de los primeros por
condicionar la política del Kremlin.
Putin, un euroasiático
convencido, ha estado intentando mantener un delicado equilibrio entre
la oligarquía pro-occidental, a la que descabezó en el año 2000 al
llegar la presidencia pero a la que también ha intentado controlar
otorgándola importantes parcelas de poder en sus gobiernos (sobre todo
poniendo en sus manos los ministerios económicos y el Banco Central), y
la euroasiática. Los pro-occidentales defienden a capa y espada el
neoliberalismo y la globalización occidental, mientras que los segundos
proclaman un mayor distanciamiento respecto a un Occidente “cada vez más
agresivo”.
La situación ha llegado a un punto en el que los
pro-occidentales están viendo cómo la política agresiva de la OTAN y la
combinación de las amenazas militares con las geo-financieras está
reforzando el poder y la influencia de los euroasiáticos, ya de forma
definitiva, por lo que han hecho un último movimiento muy arriesgado:
intentar convencer a Putin, en la última reunión del Consejo Económico
de Rusia, de que sólo haciendo concesiones geopolíticas será posible una
buena sintonía con Occidente. Por supuesto que no lo dicen así, sino
que lo enmascaran con un discurso económico en el que afirman que “Rusia
se ha quedado atrás tecnológicamente” y que si se quiere revertir esa
situación “hay que integrarse en las cadenas de producción
internacionales para atraer la inversión”. Y dado que eso es hoy por hoy
imposible debido a las sanciones unilaterales impuestas por Occidente a
Rusia desde 2014, “hay que reducir las tensiones geopolíticas”. Es
decir, que Rusia tiene que rendirse.
El problema es que una gran
parte de Rusia, por no decir toda dado que los pro-occidentales son
irrelevantes entre la población, ha llegado al convencimiento que haga
lo que haga, cualquier acto de defensa en términos militares –ante la
expansión de la OTAN- o económicos –en respuesta a las sanciones-, va a
ser interpretado por Occidente como agresivo y ofensivo. La OTAN, es
decir, EEUU y sus vasallos, no perdona a Rusia que tuviese que retirarse
con el rabo entre las piernas de Georgia en 2008, ni que en 2014 Rusia
apoyase a los antifascistas del Donbás que se oponían al golpe nazi del
Maidán. Esta fue la excusa para las sanciones, que todavía se mantienen
aunque cada vez hay más grietas entre los europeos para que se renueven.
Por eso en la reunión el pasado mes de mayo del conocido como G-7
(supuestamente los países más industrializados del mundo, pero
curiosamente no está China en él y Rusia fue excluida del mismo hace dos
años) se insiste mantenerlas para evitar la disidencia dentro de la UE.
Un dato: el presidente de Ucrania, el filonazi Poroshenko, acaba de
nombrar asesor presidencial al antiguo secretario general de la OTAN
Anders Fogh Rasmussen, quien nunca ocultó su simpatía por el golpe
fascista del Maidán.
Cumbre en La Habana, injerencias de Washington
A su clásico Los jacobinos negros: Toussaint Louverture y la revolución de Haití (1938),
el historiador trinitario C.L.R. James añadió, después del triunfo de
la Revolución Cubana, el capítulo “De Toussaint Louverture a Fidel
Castro”. Allí afirma que Cuba es el país “más caribeño del Caribe”.
Caribeño para él es universal.
Podría añadirse que la revolución
liderada por Fidel ha hecho cuanto ha estado a su alcance por la
cooperación solidaria con los pueblos y Estados del Caribe,
especialmente con los pequeños Estados insulares y con Haití, precursor
de la independencia de América Latina con su revolución antiesclavista.
Cuba abrazó la propuesta del CARICOM (Comunidad del Caribe) de
constituir la Asociación de Estados del Caribe (AEC), cuya primera
cumbre se celebró en Puerto España, Trinidad y Tobago, en 1995. La AEC
incluye a 25 países independientes como Estados miembros. A los 14
integrantes del CARICOM suma a Cuba, R. Dominicana, México, los Estados
centroamericanos, Colombia y Venezuela; y como miembros asociados, a
varios territorios bajo dominio europeo como Guadalupe, Martinica,
Aruba, Curazao y Sint Maarten e Islas Turcas y Caicos; a todo ese
conjunto se le denomina Gran Caribe. Francia y los Países Bajos también
tienen la condición de miembros asociados en representación de
territorios bajo su jurisdicción.
La AEC acaba de celebrar su
VII Cumbre en La Habana, donde ha mostrado realizaciones concretas y una
proyección clara de trabajo a futuro. Existen ya un Consejo de
Ministros, que presidirá Cuba durante 2016, así como Comités Especiales
sobre una serie de temas como el turismo, el transporte aéreo y
marítimo, el comercio, el enfrentamiento al cambio climático y a los
desastres -con especial atención a los pequeños Estados insulares, la
educación y la cultura, así como el Fondo Especial y la gestión de
donaciones.
Sobre varios de ellos existen diagnósticos y, en
todos, programas de trabajo con evaluaciones periódicas e informes a los
miembros por la secretaría general. Este órgano ha adquirido una gran
importancia y a su trabajo le dio un gran impulso en su mandato el
diplomático e historiador colombiano Alfonso Múnera Cavadía, sucedido en
la VII Cumbre por June Sooner, experimentada diplomática de Santa
Lucía.
Aprovechamos la presencia de Silvia Federici en Quito, a raíz de unas jornadas organizadas por Acción Ecológica, FLACSO, Universidad Andina y Universidad Central, para realizar una entrevista sobre Habitat III, los comunes urbanos y el terremoto en la costa ecuatoriana. OH3: ¿Qué crees que puede aportar ONU-Habitat en su megaevento Habitat III? SF: Tengo una mirada muy negativa, crítica de la ONU, por sus intentos y prácticas. Primeramente la ONU se ha proclamado como la representante de la humanidad. Esto es inaceptable. La ONU son los representantes de los gobiernos que hoy son representantes del capitalismo y por eso la ONU no representan a la humanidad. La ONU representa intereses particulares. Esto se puede verificar con todas sus prácticas, con todas sus legislaciones, con todo su consenso que ha dado a toda la guerras de estos años, a toda la explotación capitalista de estos años. La ONU nunca se ha opuesto a la política devastadora del FMI, del BM, de la OMC. A la política de las grandes corporaciones petroleras, mineras, etc. Hay que decirlo muy fuertemente. La ONU no tiene el derecho de presentarse como la representante de la humanidad, de la manera que ha hecho estos años, con todos sus programas de derechos humanos, el hábitat, el derecho de intervenir humanitariamente en situación de guerra…
Aprovechamos la presencia de Silvia Federici en Quito, a raíz de
unas jornadas organizadas por Acción Ecológica, FLACSO, Universidad
Andina y Universidad Central, para realizar una entrevista sobre Habitat
III, los comunes urbanos y el terremoto en la costa ecuatoriana.
OH3: ¿Qué crees que puede aportar ONU-Habitat en su megaevento Habitat III?
SF: Tengo una mirada muy negativa, crítica de la ONU, por sus
intentos y prácticas. Primeramente la ONU se ha proclamado como la
representante de la humanidad. Esto es inaceptable. La ONU son los
representantes de los gobiernos que hoy son representantes del
capitalismo y por eso la ONU no representan a la humanidad. La ONU
representa intereses particulares. Esto se puede verificar con todas sus
prácticas, con todas sus legislaciones, con todo su consenso que ha
dado a toda la guerras de estos años, a toda la explotación capitalista
de estos años. La ONU nunca se ha opuesto a la política devastadora del
FMI, del BM, de la OMC. A la política de las grandes corporaciones
petroleras, mineras, etc. Hay que decirlo muy fuertemente. La ONU no
tiene el derecho de presentarse como la representante de la humanidad,
de la manera que ha hecho estos años, con todos sus programas de
derechos humanos, el hábitat, el derecho de intervenir humanitariamente
en situación de guerra…
terça-feira, 7 de junho de 2016
Ocupar versus usurpar
Cuando se ocupa de forma pública y anunciada un espacio vacío con la
intención de permanecer en él, lo que se hace es denunciar y cuestionar
una sociedad, una economía y un Estado que consideran los lugares y los
bienes como mercancías.
El juicio a cuatro activistas ocupas
del Patio Maravillas copa en los últimos días el foco mediático. Como
era de esperar, dado el orden de cosas, comparten portadas con las
legiones de seres presuntamente corruptos, corruptores, prevaricadores y
delincuentes que son detenidos o investigados por docenas y acusados de
apropiaciones de recursos públicos, bajo todo tipo de imaginativas
fórmulas. Ocupar es una palabra que en el diccionario de la Real
Academia de la Lengua tiene muchas acepciones. Habitualmente, cuando
hablamos ocupación de locales e inmuebles, la más utilizada suele ser la
de “tomar posesión o apoderarse de un territorio, de un lugar o de un
edificio, invadiéndolo o instalándose en él”.
Las personas que
ocuparon en el Patio Maravillas, indudablemente entraron en un edificio,
se instalaron en él y, desde ese momento, lo que era un inmueble vacío,
se convirtió en un lugar habitado, cuyo valor venía dado por el uso que
se hacía de él. Lo que hoy es tratado en muchos medios como un acto
inmoral y delictivo, es, sin embargo, una acción amparada por las
orientaciones morales más básicas que han permitido que la humanidad
haya podido sobrevivir. Ocupar el espacio vacío ha sido una estrategia
de supervivencia y prácticamente todas las culturas del mundo han
desarrollado mecanismos y normas para impedir el acaparamiento de
espacios y bienes que no tuvieran utilidad social. Desde las
constituciones que regulan la vida en común en los estados (como es el
caso de la propia Constitución española), hasta los textos básicos de
muchas religiones (incluida la católica), la legitimidad de un propiedad
que no tenga utilidad social ha sido profundamente cuestionada.
En
este marco antropológico, y teniendo en cuenta, el uso patrimonialista y
especulativo que tiene la propiedad inmobiliaria, el elevado número de
viviendas y espacios vacíos en la ciudad de Madrid, y la cantidad de
gente precaria sin vivienda y de proyectos socioculturales que no tenían
dónde llevarse a cabo, no parece extraño que la ocupación, como
denuncia y respuesta política, haya ido creciendo progresivamente.
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