photo: rogério barroso. Foto nº 2403 - from my window.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
terça-feira, 15 de novembro de 2016
¿Qué significará el presidente Trump para Palestina?
Cuando ha llegado el día que casi nadie esperaba ver, son pocas las cosas que podemos decir con certeza.
Una
de ellas es que la presidencia de Hillary Clinton habría sido un
desastre para quienes apoyan la lucha del pueblo palestino por sus
derechos.
Su fallida campaña la presentaba como la sucesora
natural del presidente Obama, el demócrata que acaba de entregar a
Israel –sin condiciones– el mayor paquete de ayuda militar de la
historia.
Durante la campaña por las primarias del Partido
Demócrata, Clinton se ‘vendió’ a sí misma como la aliada de la línea
dura más beligerante y violenta del primer ministro israelí Benjamin
Netanyahu contra el pueblo palestino.
Ella prometió que haría del
bloqueo a la acción no violenta del movimiento BDS por el boicot, la
desinversión y la sanciones [a Israel] conducido por los palestinos una
prioridad de su futura administración.
Ella se superó a sí misma
haciendo campaña contra los pronunciamientos más moderados en relación
con la necesidad de que Israel rinda cuentas de sus acciones. Entre
otras cosas, la primavera pasada solicitó directamente a los integrantes
de su Iglesia Metodista Unida que votaran en contra de la desinversión a
las empresas que ayuden y se beneficien de la ocupación israelí.
Clinton
manifestó ser una extremista anti-Palestina en un momento en que las
propias bases del Partido Demócrata se mostraban más dispuestas que
nunca a abrazar la causa de los derechos de los palestinos.
Su
apoyo a ultranza a Israel es apenas una más de las muchas formas en que
ella y los responsables de su partido se plegaban a los deseos de los
donantes y se revelaban como desconectados de importantes segmentos de
la población del país cuyo apoyo daban por descontado.
Pero Hillary Clinton no será presidenta.
segunda-feira, 14 de novembro de 2016
Trump, el preferido de Clinton
Es difícil añadir nada nuevo a algunos de los excelentes análisis que
desde la izquierda se vienen haciendo estos días en torno al triunfo de
Trump en las elecciones estadounidenses del pasado
martes; nada, desde luego, al marco interpretativo general, orientado a
tratar de entender -y no a despreciar- los motivos del votante
republicano. Me gustaría sólo recordar algunos datos muy elementales
para desplazar la mirada hacia arriba, lejos de las urnas, en dirección
al lugar que ocupan los candidatos, ese lugar donde -en EEUU y en
Europa- se están produciendo los verdaderos cambios.
Recordemos, por ejemplo, que el 37% del ya reducido censo electoral estadounidense no ha votado.
Que
Trump ha ganado el voto electoral pero no el popular; es decir, que va a
ser presidente de los EEUU con menos votos que su rival.
Que
Trump ha obtenido menos votos que otros candidatos republicanos
derrotados en comicios anteriores. Pensemos, por ejemplo, en los casos
de McCaine en 2008 y de Romney en 2012.
Que
la mayor parte de los votantes ha votado a uno de los dos partidos
tradicionales en un país donde sólo formalmente es posible llegar a la
Casa Blanca desde fuera del bipartidismo centenario dominante. Que Trump
era, por tanto, el candidato de los republicanos como Clinton
la candidata de los demócratas y que gran parte del voto estadounidense
va rutinariamente destinado a una de las dos marcas, con independencia
de quién las represente.
Que no es cierto -o no del todo- que el
voto a Trump refleje una “revuelta de los pobres”. Según las
estadísticas, del 17% de votantes cuyos ingresos son inferiores a 30.000
dólares, el 53% habría votado a Clinton y sólo el 41% a Trump; una
distribución muy parecida se registra en la franja de población (19%)
con ingresos inferiores a 50.000 dólares. Trump gana precisamente en
todos los tramos económicos superiores, donde el resultado, por lo
demás, es muy equilibrado. Gana también entre los blancos, hombres y
mujeres (63% y 53% respectivamente), mientras pierde entre los no
blancos, cuyas condiciones sociales son menos favorables (sólo han
votado republicano un 12% de negros y un 35% de latinos, algunos más, en
todo caso, que en las elecciones ganadas por Obama).
Si hay una “revuelta” es la de los blancos trabajadores pobres de zonas
rurales, “revuelta” que, más que autorizar una lectura tradicional de
“clase”, expresa una fractura cultural no desdeñable -dirá la socióloga Arlie Rusell Hochschild– entre la derecha pobre estadounidense y el Estado del que depende. En un libro de título muy elocuente (Extranjeros en su propia tierra: ira y luto en la derecha americana) Hochschild describe con detalle la situación en Louisiana,
donde los blancos más castigados por la crisis, beneficiarios de
subsidios estatales, se sienten despreciados por las clases urbanas
liberales, también blancas, que les habrían cortado el acceso al “sueño
americano” (en favor de los negros o los latinos) y además condenarían
sus relaciones familiares, sus creencias religiosas y hasta su forma de
comer.
Es sorprendente que se considere sorprendente la victoria de Trump
Lo que ha ocurrido en EEUU con la elección del candidato republicano, el
Sr. Donald Trump, era predecible. Y así lo había yo indicado en un
artículo reciente (ver “De lo que no se informa y/o se conoce sobre las
elecciones en EEUU”, Público, 18.10.16). En realidad, la posibilidad de
que ocurriera lo que ha ocurrido se ha ido fraguando desde los años
noventa, cuando el partido Demócrata, bajo la presidencia del Sr. Bill
Clinton, aplicó toda una serie de políticas de clara sensibilidad
neoliberal (hasta entonces patrimonio del Partido Republicano), algo que
también ocurrió en el Reino Unido cuando el Sr. Tony Blair, dirigente
del Partido Laborista, adoptó las medidas neoliberales que había
propuesto la Sra. Thatcher, dirigente del Partido Conservador. En
realidad, y tal como he documentado en otro artículo, la Tercera Vía del
gobierno Blair estaba muy inspirada en las políticas llevadas a cabo
por la Administración Clinton (ver “El fracaso del nuevo laborismo y del
socioliberalismo”. Sistema, 21.05.10).
La derechización del Partido Demócrata: el origen de la Tercera Vía
Estas políticas neoliberales significaron un cambio notable de las políticas del Partido Demócrata heredadas del New Deal establecido por el presidente Roosevelt, y que justificaban que tal partido se presentara como el “partido del pueblo llano” frente al instrumento político del gran empresariado, representado por el Partido Republicano. Tales políticas del New Deal (y más tarde de la Great Society) fueron sustituidas por políticas neoliberales llevadas a cabo por el presidente Clinton, las cuales incluyeron la desregulación en la movilidad del comercio y del capital financiero, iniciándose toda una serie de tratados referidos como tratados de libre comercio, de los cuales el más importante fue el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México, conocido en inglés como NAFTA. Tal tratado era altamente impopular entre los sindicatos y entre las bases electorales del Partido Demócrata, lo cual explica que la mayoría de los miembros del Partido Demócrata en el Congreso no votaran a su favor. Solo los procedentes del sur de EEUU (que suelen ser los más conservadores) apoyaron dicho tratado, junto con la mayoría de los miembros del Partido Republicano. Tal aprobación significó un giro importante en las políticas del supuesto “partido del pueblo”, el cual dañó, como era predecible, a los trabajadores de los sectores manufactureros (los sectores mejor pagados dentro de la fuerza laboral en EEUU), pues vieron sus trabajos desplazados a Méjico cuando sus empresas se trasladaron a aquel país, perdiéndose con ello millones de buenos empleos en EEUU. Fue así como el Partido Demócrata favoreció extensamente el tipo de globalización económica que hemos conocido desde los años ochenta y noventa (iniciado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher). Este globalismo ha sido uno de los elementos que ha debilitado más a la clase trabajadora, pues el mundo empresarial ha utilizado contra el mundo de trabajo la amenaza de desplazarse a otros países en caso de no obtener concesiones en forma de bajada de salarios, de recortes en su protección social y de deterioro de sus condiciones de trabajo.
La derechización del Partido Demócrata: el origen de la Tercera Vía
Estas políticas neoliberales significaron un cambio notable de las políticas del Partido Demócrata heredadas del New Deal establecido por el presidente Roosevelt, y que justificaban que tal partido se presentara como el “partido del pueblo llano” frente al instrumento político del gran empresariado, representado por el Partido Republicano. Tales políticas del New Deal (y más tarde de la Great Society) fueron sustituidas por políticas neoliberales llevadas a cabo por el presidente Clinton, las cuales incluyeron la desregulación en la movilidad del comercio y del capital financiero, iniciándose toda una serie de tratados referidos como tratados de libre comercio, de los cuales el más importante fue el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México, conocido en inglés como NAFTA. Tal tratado era altamente impopular entre los sindicatos y entre las bases electorales del Partido Demócrata, lo cual explica que la mayoría de los miembros del Partido Demócrata en el Congreso no votaran a su favor. Solo los procedentes del sur de EEUU (que suelen ser los más conservadores) apoyaron dicho tratado, junto con la mayoría de los miembros del Partido Republicano. Tal aprobación significó un giro importante en las políticas del supuesto “partido del pueblo”, el cual dañó, como era predecible, a los trabajadores de los sectores manufactureros (los sectores mejor pagados dentro de la fuerza laboral en EEUU), pues vieron sus trabajos desplazados a Méjico cuando sus empresas se trasladaron a aquel país, perdiéndose con ello millones de buenos empleos en EEUU. Fue así como el Partido Demócrata favoreció extensamente el tipo de globalización económica que hemos conocido desde los años ochenta y noventa (iniciado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher). Este globalismo ha sido uno de los elementos que ha debilitado más a la clase trabajadora, pues el mundo empresarial ha utilizado contra el mundo de trabajo la amenaza de desplazarse a otros países en caso de no obtener concesiones en forma de bajada de salarios, de recortes en su protección social y de deterioro de sus condiciones de trabajo.
A vida entre as cinzas
Não erramos se dissermos que um ano depois
o Mundo continua a girar fora dos eixos. Todos os meses o terrorismo
faz centenas de vítimas, algumas em lugares tão distantes de nós que não
vão além de uma breve nos jornais. Em Mossul, os combatentes do Daesh
executam civis e estão a acumular reservas de amónia e enxofre, fazendo
aumentar os receios de ataques químicos.
Um
ano depois o turismo ainda se ressente do medo, em Paris. A cooperação e
o aprofundamento da capacidade policial não produziram mais do que
medidas incipientes. Bélgica e Alemanha sofreram ondas de choque
difíceis de interpretar. A Europa passou longos meses a discutir sanções
e metas económicas, mais do que a investir na sua coesão e renovação.
sábado, 12 de novembro de 2016
Cohen: el legado inollvidable de un gran poeta
Hace poco tiempo el cantautor Leonard Cohen dijo que estaba “preparado para morir”. Sus palabras, como una sentencia, se
cumplieron en cuestión de días. Hoy el mundo despide a uno de los
grandes.
Y es que nadie susurra como él, nadie canta
como él y nadie interpreta como él. Cuando abría su boca se oía una voz
grave fascinante. Cohen articulaba cada palabra como revelando un
secreto con una dosis de misterio en cada silencio.
La
noticia fue confirmada por medio de las redes sociales oficiales de
Leonard Cohen. "Con profunda tristeza informamos que el legendario
poeta, compositor y artista, Leonard Cohen ha fallecido. Hemos perdido a
uno de la música más venerados y prolífico visionarios. Un monumento
tendrá lugar en los Ángeles en una fecha posterior. La familia pide
privacidad durante su momento de dolor".
Su vida
Cohen
nació en Montreal el 21 de septiembre de 1934 en una familia judía. Ha
sido descrito por el crítico de música Bruce Eder como “uno de los
cantantes y compositores más fascinantes y enigmáticos de finales de los
60”. Su legado musical hace parte del Salón de la Fama del Rock and
Roll de los Estados Unidos y del Salón de la Fama Musical de su país
natal. Es miembro de la Orden de Canadá y de la Orden Nacional de
Quebec.
El amor, el sexo, el desamor, la religión y las relaciones
personales son los temas recurrentes en sus libros de poesía, en sus
dos novelas y en sus canciones inmortales.
Llegó a la música a los
33 años porque pensaba que como escritor no podría obtener el dinero
suficiente para vivir. Su tercer álbum Songs of Love and Hate (1970)
obtuvo un notable éxito en Estados Unidos y en Reino Unido. En ese
entonces una de sus canciones más sonadas era Suzzane.
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