Pues si entendemos "movimiento transversal" identificándolo con la
superación de las ideologías, la respuesta a mi juicio es que no.
Ocurren básicamente dos fenómenos que interfieren en que el feminismo
pueda entenderse en su completa dimensión, y por tanto como parte de una
ideología que aspira a un mundo igualitario con mayor justicia social.
De un lado, vivimos en sociedades alienadas y alienantes, donde la
madurez política e intelectual de la mayoría de las personas deja mucho
que desear, precisamente porque todavía nos colea un pasado político
caracterizado por la represión en todos los órdenes de la vida. Y por
tanto, multitud de pensamientos, ideas, clichés, proclamas y falacias
gobiernan la mentalidad de una gran parte de la población. En este
sentido, y los sondeos que realizan cada cierto tiempo las agencias y
medios de comunicación lo ponen de manifiesto, no existe una idea clara y
completa sobre lo que implica el feminismo. Los datos son abrumadores
en demostrar que se posee por parte de muchas personas una idea
equivocada, incompleta o errónea del feminismo, o incluso que no se
tiene absolutamente ni idea de en qué consiste. Se asocia por ejemplo
con posturas supremacistas, discriminatorias hacia el hombre, e incluso
si introducimos también la perversa influencia de la Iglesia Católica
(véanse las recientes declaraciones del Obispo de San Sebastián), que
descalifica lo que ellos llaman la "ideología de género", o de las
organizaciones de ultraderecha, el caos está servido. La idea básica es
que el feminismo persigue la igualdad entre hombres y mujeres. Punto.
Parecería que a esta idea se pueden unir tanto mujeres (y hombres) de
izquierdas como de derechas, pero como vamos a ver a continuación, la
cosa no es tan simple.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
terça-feira, 13 de março de 2018
Joan Miró: pintura, desorden y política
“Naturalmente, no he necesitado más que un instante para trazar con el
pincel esta línea. Pero he necesitado meses, quizá años de reflexión
para concebirla”. El pintor, escultor, dibujante y cartelista Joan Miró
(1893-1983) reveló con estas palabras su método de trabajo en 1968. El
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) expone hasta el 17 de junio
200 obras del artista catalán, en una muestra titulada “Joan Miró Orden y
Desorden” que coincide con el 125 aniversario de su nacimiento. Que el
autor realizaba su obra a conciencia puede constatarse en los estudios,
dibujos y documentación previa, pero igualmente cierto es que hay un
Miró indisciplinado y heterodoxo, más allá del universo de figuras,
abstracciones y símbolos por los que es conocida su obra. Éste es el
Miró que destaca la exposición del IVAM, el de los murales cerámicos,
los grafitis urbanos, el teatro crítico y el que, a los 80 años, expone
en el Gran Palacio de las Bellas Artes de París -en los Campos Elíseos-
lienzos rasgados, agujereados o quemados. Ya en 1931 dio alguna pista de
su evolución: “Yo no sé a dónde vamos, lo único cierto para mí es que
me propongo destruir todo lo que existe en pintura”. “¡Cosa más absurda
que andar rompiéndose la cabeza para copiar el reflejo de la luz en una
botella!”, dijo 20 años después.
Cuando la consigna es violar
Los números son contundentes, miles de niñas, niños y adolescentes son
violados cada día en cualquier escenario: la intimidad de su hogar, el
ámbito académico, la parroquia, el camino a la escuela, el contexto de
una guerra. No importa dónde, su integridad es amenazada con la sola
presencia de un hombre dispuesto a agredirlos en cuanto la oportunidad
le sea propicia. Parece una historia de terror pero sucede cada día en
cualquier punto del globo, oculto por el miedo y la vergüenza.
¿De
dónde surgió la idea de que las niñas son presas a disposición del
cazador? ¿Cuándo se reformaron los códigos y las leyes para proteger a
los depredadores sexuales para interpretar -con cómplice benevolencia-
su costumbre de cometer ese horrendo crimen contra víctimas indefensas
como un rasgo de virilidad? La violación es una de las peores formas de
violencia contra una niña o una mujer, constituye un acto vil cuyas
consecuencias van mucho más allá de la destrucción de la autoestima, la
marcan en todos los aspectos de su vida y definen sus relaciones
futuras.
segunda-feira, 12 de março de 2018
Suicidio de la izquierda, auge del fascismo, caos
Las elecciones italianas de marzo de 2018 abren un período
caótico cuya salida permanece incierta. El país, que hace pocos años era
conocido por ser uno de los más “eurófilos” es ahora “euroescéptico” en
un 50% o más; la extrema derecha, abiertamente nostálgica del fascismo
ha regresado con fuerza, y la derecha parlamentaria clásica imagina sin
dificultad su alianza con ella (como en Austria, por ejemplo); el
“populismo” (en este caso el Movimiento 5 Estrellas) se caracteriza por
una confusión sin precedentes que impide saber cuál es su verdadero
programa, si es que tiene alguno; la izquierda está claramente en
declive.
Las explicaciones dadas por los medios de comunicación
dominantes ponen el acento en la cuestión de la afluencia de
inmigrantes. Sin hacerse preguntas sobre los motivos de esta afluencia
(los estragos causados por las políticas del neoliberalismo en África y
en Oriente Medio), estos medios de comunicación reconocen la
responsabilidad de Europa, que ha abandonado a los países que, por su
situación geográfica (Italia, Grecia y España) están en primera línea
frente a esta afluencia. Y poco más. Se alude a veces a las miserias
producidas por la política económica italiana (pero una vez más sin
cuestionar los dogmas liberales). Aun cuando estas explicaciones podrían
parecer correctas en una primera lectura, siguen siendo poco
convincentes. El análisis de la catástrofe exige una vuelta atrás más
seria.
¡Patriarcado y capital, alianza criminal!
“¡Patriarcado y capital alianza criminal!”... Grito a todo pulmón,
cuerpo y alma: nos hemos dejado la garganta pegada a las paredes de la
ciudad, despertándola, por un lapso de tiempo, de su sopor consumista...
Gran asistencia en la mañana del 8 marzo en los piquetes y los
diferentes puntos de concentración. En la tarde, nueva concentración:
enorme. En los piquetes de la mañana, las compañeras de sindicatos
todavía combativos, y algunas de grandes sindicatos, lograron cerrar
varias tiendas del templo del consumo e hicieron gran labor en los
centros de trabajo.
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