Como si la campaña estadounidense no hubiera sido lo bastante lamentable aquí tenemos otra, esta vez en Francia.
El sistema francés es muy diferente del sistema estadounidense, con la
competencia de varios candidatos y una segunda vuelta, la mayor parte de
ellos capaces de expresarse muy bien aún hasta en el abordaje de temas
verdaderamente políticos. Los espacios gratuitos en televisión reducen
la influencia del dinero. La primera vuelta el 23 de abril determinará
quienes serán los dos finalistas en las elecciones del 7 de mayo, lo que
posibilita mayores posibilidades electorales que en los EE.UU.
Y pese a la superioridad de su sistema los líderes de nuestra clase
política pretenden emular las costumbres del imperio hasta hacerse eco
del tema que dominó el show 2016 del otro lado del Atlántico. Los
diabólicos rusos la emprenden contra nuestra maravillosa democracia.
El comienzo del sistema estadounidense se inició con las “primarias”
que tuvieron lugar en los dos principales partidos gubernamentales que
manifiestamente aspiran a convertirse en el equivalente de los
Demócratas y los Republicanos en un sistema de dos partidos. El partido
de derecha del expresidente Nicolás Sarkozy ya se ha rebautizado. Los
Republicanos y los dirigentes del llamado partido socialista están
esperando la ocasión de proclamarse los Demócratas. Pero dado cómo van
las cosas parece que esta vez ni uno ni otro están seguros de alcanzar
sus objetivos.
Dada la falta de popularidad del Gobierno
socialista del presidente saliente François Hollande, los Republicanos
han sido considerados los favoritos para ganar a Marine Le Pen, a quien
todas las encuestas favorecen en la primera vuelta. Ante una perspectiva
tan prometedora, la primaria de los Republicanos ha generado más del
doble de votantes voluntarios (haciendo una contribución y
comprometiéndose con los “valores” del partido para poder votar) que los
de los socialistas. Sarkozy fue eliminado pero lo más sorprendente es
que también lo fue su favorito, el confiable alcalde de Burdeos Alain
Juppé, que bailoteaba a la cabeza en las encuestas y los editoriales de
la prensa.
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