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segunda-feira, 12 de dezembro de 2016

“Estamos preparados para una nueva confrontación”

Philippe Martínez (Suresnes, extrarradio de París, 1961) es el primer sindicalista de Francia. Secretario general de la CGT, el mayor sindicato francés, en primavera mantuvo un arriesgado pulso callejero de cuatro meses contra la reforma laboral del gobierno socialista. Aquello demostró que en el país con una de las tasas de sindicación más bajas de Europa (10%), la movilización social aún puede tener un vigor inusitado en Europa.
“Es diferente que en España. Aquí no hablamos de huelga general y sin embargo tenemos movilizaciones de calle, me parece, más importantes que en España”, dice este hijo de españoles republicanos con raíces en la montaña santanderina. Habla un poco español y dice conservar vínculos personales en España.

sábado, 18 de junho de 2016

Francia es el centro de la crisis europea

EL MANIFIESTO DEL 28 DE MAYO QUE PASÓ DESAPERCIBIDO

El ambiente en París, ciudad en la que palpita el corazón de Francia, se está haciendo más rebelde. Desde que el 19 de febrero se colgara en la red la llamada contra la ley laboral que fue inmediatamente firmada por más de un millón de personas, se han sucedido nueve jornadas de protesta y huelga sindical, y multitud de manifestaciones. En ese caldo nació la ocupación de las plazas, el 31 de marzo, y se alzaron los estudiantes. Desde entonces cada día ocurre algo, algún desafío, alguna protesta. Qué lejos queda el ambiente del pasado otoño, cuando era el Frente Nacional quien determinaba los temas del debate público y las políticas xenófobas, identitarias y de seguridad ante el terrorismo. Hoy es lo social lo que prima. Y como telón de fondo, cada vez más presente, el descrédito de la Unión Europea.
El epicentro del problema no es el Brexit. Una eventual salida del Reino Unido de la UE es economicamente irrelevante (hay mucha exageración ahí), pero políticamente debilitaría la influencia de Estados Unidos, del que el Reino Unido ha sido el más solicito servidor, en el continente. Solo por eso harán cualquier cosa por evitarla, pero el verdadero problema está en Francia. Fue Francia, no Inglaterra, la fundadora de lo que se está desmoronando desde 2007. Y es aquí donde se decidirá la verdadera partida.
Después de Grecia (71%), Francia es líder europeo en opinión desfavorable sobre la UE: 61%. En el último año ese desprestigio ha aumentado aquí 15 puntos. En España (49%), 16 puntos, según el último sondeo. El proyecto de reforma laboral está culminado tres décadas de frustración francesa por el robo de soberanía y el deterioro del nivel de vida medido en; recortes de ingresos, aumento de la desigualdad y retroceso de los servicios públicos. Esa es la enfermedad francesa.

segunda-feira, 14 de setembro de 2015

Por un plan B en Europa

[El francés Jean-Luc Mélenchon, el italiano Stefano Fassina, los griegos Zoe Konstantopoulou y Yanis Varufakis y el alemán Oskar Lafontaine se asocian y proponen la organización de una cumbre internacional por un plan B en Europa, abierta a los ciudadanos voluntarios, organizaciones e intelectuales. Esta conferencia podría tener lugar a partir de noviembre de 2015. Estos dirigentes se proponen lanzar el proceso durante la Fiesta de l’Humanité [fiesta del Partido Comunista francés]. A continuación reproducimos el texto que firman los cinco políticos.]
El 13 de julio, la Unión Europea derrumbó al gobierno griego elegido democráticamente de Alexis Tsipras. "El acuerdo" del 13 de julio es en realidad un golpe de estado. Fue obtenido gracias al cierre de los bancos griegos por el Banco Central Europeo (BCE) y gracias a la amenaza de no autorizarlos a abrir de nuevo mientras el gobierno griego no acepte una nueva versión de un programa que había fracasado. ¿Por qué? Porque la Europa oficial no podía soportar la idea de que un pueblo que padecía su programa de austeridad autodestructiva hubiera osado elegir a un gobierno determinado a decir "¡No!".
En adelante, con mucha más austeridad, muchas más privatizaciones rebajadas de activos públicos, una política económica más irracional que nunca, y la misantropía como política social, el nuevo memorándum sólo sirve para agravar la Gran Depresión griega y el saqueo de Grecia por parte de intereses particulares, griegos o no.
Saquemos algunas lecciones de este golpe de Estado financiero. Este euro se ha convertido en un instrumento de la dominación económica y política de la oligarquía europea, escondida detrás del gobierno alemán y que se alegra de ver a la señora Merkel hacer todo el "trabajo sucio" que los otros gobiernos son incapaces de hacer. Esta Europa no produce sino violencias en las naciones y entre ellas: paro masivo, dumping social feroz, insultos atribuidos a los dirigentes políticos contra la Europa del Sur y repetidos por todas las "élites", incluidas las de esos países. La Unión Europea alimenta la subida de la extrema derecha y se ha convertido en un medio de anular el control democrático sobre la producción y la distribución de la riqueza en toda Europa.
Afirmar que el euro y la Unión Europea sirven a los europeos y les protegen contra la crisis es una mentira peligrosa. Es una ilusión creer que los intereses de Europa pueden ser protegidos en el marco de la cárcel de reglas de la eurozona y los tratados actuales. El método Hollande-Renzi del "buen alumno", en realidad del prisionero modelo, es una forma de capitulación que no obtendrá ni siquiera clemencia. El presidente de la Comisión europea, Jean-Claude Juncker, lo dijo claramente: "No puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos". Es la adaptación neoliberal de la "soberanía limitada" inventada por el dirigente soviético Brejnev en 1968. En aquella época, los soviéticos aplastaban la Primavera de Praga con sus tanques. Este verano, la Unión Europea ha aplastado la Primavera de Atenas con sus bancos.
Estamos decididos a romper con esta Europa. Es la condición esencial para reconstruir las cooperaciones entre nuestros pueblos y nuestros países. ¿Cómo llevar una política de reparto de la riqueza y de creación de empleos, sobre todo para los jóvenes, de transición ecológica y de refundación democrática en esta Unión Europea? Debemos escapar a la inanidad y a la inhumanidad de los tratados europeos y refundarlos con el fin de quitarse la camisa de fuerza del neoliberalismo, abolir el pacto fiscal y rehusar el tratado de libre comercio con EE UU (TTIP).

sexta-feira, 4 de setembro de 2015

La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unión Europea

A la hora de analizar la crisis griega de este verano —finalizada con la victoria del “No” en el referéndum del 5 de julio y la posterior, y sorprendente, aceptación por parte del gobierno de Alexis Tsipras del durísimo Memorándum que le presentó la Troika—, pocos han prestado atención al abandono de Yanis Varoufakis y James K. Galbraith de la propuesta que en su momento llamaron “Modesta proposición” y que estaba pensada para ofrecer una solución a la crisis del euro [1]. Hablamos de una propuesta técnicamente brillante y probablemente viable, pero que en ningún momento fue tomada en consideración por la Comisión Europea y los demás gobiernos de la zona euro. En una entrevista que concedió poco después del giro político de Tsipras, Varoufakis admitió que su dimisión como ministro de Finanzas (oficializada el día 6 de julio) se debió a la negativa de Tsipras de iniciar, como respuesta a la actitud hostil de la Troika, la creación de un sistema bancario paralelo a la moneda única en el que los pagos se pudiesen efectuar en dracmas [2]. Por su parte, Galbraith afirmó en una entrevista al diario italiano Il Manifesto que, en esos días de julio tan dramáticos, el gobierno, para hacer frente a la Troika, no tenía ninguna otra opción que el Grexit [3]. Y en otro artículo volvió sobre el asunto pidiendo al gobierno de su país que apoyase la salida de Grecia del euro como forma de supervivencia ante una UE que calificaba de “reaccionaria, mezquina y perversa” [4]. Ambos autores, pues, se habían dado cuenta de que era inútil presentar planes intelectualmente sofisticados a “socios” que no querían dialogar y cuyo único objetivo era tumbar a un gobierno helénico que se había atrevido a cuestionar la feroz (e inútil) austeridad; su sincero europeísmo se estrellaba ante un sistema de gobernanza ademocrático y hegemonizado por un gobierno alemán obsesionado con mantener su dominio político sobre el resto de la Eurozona. Y al tratarse de grandes intelectuales, los dos economistas no pudieron menos que aceptar la realidad y admitir, velis nolis, que para la izquierda se abría una nueva etapa basada en: A) el cuestionamiento de la moneda única y de la misma Unión Europea (Galbraith); B) cuando menos la necesidad de no descartar a priori planes alternativos, como la introducción de una moneda paralela al euro en caso de no contar con la colaboración de la Troika (Varoufakis).
Desde luego, no fueron los únicos en llegar a esta conclusión. A partir de mediados de julio, muchos intelectuales radicales y progresistas —pensemos, entre otros, en Paul Krugman, Wolfgang Münchau y Oskar Lafontaine, pero también en Francisco Louçã, Ignacio Ramonet, Owen Jones y Perry Anderson— han pedido a la izquierda continental un replanteamiento general sobre su aceptación de la moneda única y su fe en el proyecto europeísta. Y, lo que es más importante, dentro de los mismos partidos de la izquierda se ha activado una discusión en torno a esta cuestión: Syriza se ha fracturado internamente y su ala izquierda, partidaria de la ruptura con la UE, ha fundado “Unidad Popular”, un partido que concurrirá por su cuenta a las elecciones generales griegas de septiembre; en Portugal, el Bloco de Esquerda se ha sumado al Partido Comunista en rechazar más sacrificios en nombre de la moneda única; en Italia, el problema del euro está bien presente en los debates sobre cómo volver a activar a la alicaída izquierda transalpina; y hasta en Alemania empiezan a surgir voces dentro de Die Linke que piden a sus dirigentes poner en tela de juicio el europeísmo históricamente profesado por la organización [5]. En definitiva, la crisis griega ha abierto en la izquierda europea un debate que será tan intenso como irreversible.

quinta-feira, 5 de fevereiro de 2015

La deuda: ¿qué estrategias podemos desarrollar en Europa?

Éric Toussaint, portavoz del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo y doctor en Ciencias Políticas, hizo una introducción sobre las experiencias de reestructuración, auditoría, suspensión de pagos y anulación de deudas en las últimas décadas.
Sin extenderse sobre los detalles de esas experiencias, compiladas en una entrevista disponible en la web del CADTM (ver http://cadtm.org/Reestructuracion-auditoria) se expusieron ejemplos de:
  • 1.- Reestructuraciones con condiciones favorables a los países deudores por razones geopolíticas (Alemania occidental en 1957, Polonia con gobierno de Lech Walesa en 1991, Egipto con gobierno de Mubarak en 1991, e Iraq bajo dominio estadounidense en 2004).
  • 2.- Una excepción en la que una reestructuración fue aprovechada, por error, por un gobierno alternativo (Bolivia en 2005).
  • 3.- Suspensiones unilaterales de pago de la deuda, seguidas de negociaciones, como en el caso de Argentina, o sin negociaciones, como en el caso de Ecuador.
Una enorme mayoría de reestructuraciones (hubo 600 entre 1950 y 2010) resultaron desfavorables a las economías y a los pueblos de los países afectados. Éric Toussaint muestra que la reestructuración constituye una expresión y un mecanismo forjados por los acreedores. Considera que vale más no escoger la reestructuración como solución ya que es un terreno minado por los acreedores, que lo balizaron a su favor.
Éric Toussaint terminó el relato histórico, particularmente interesante, con el caso de la reestructuración griega realizada en 2012, bajo el único interés de los acreedores. Esa operación recuerda dramáticamente la experiencia de las reestructuraciones de las deudas del Tercer Mundo. Hay que sacar conclusiones de esa experiencia reciente para el gobierno griego dirigido por Syriza, que acaba de constituirse.
En el escenario actual, los acreedores públicos —que tanto en el caso de Grecia o como en el de Portugal y en otros países sometidos a un memorándum, son los principales acreedores— no tienen la voluntad de adoptar la actitud que tuvieron, aunque los tiempos no son comparables, ante el trato de favor otorgado a la Alemania occidental de la posguerra. «Varios partidos de la izquierda radical (como Podemos, Syriza y el Bloco de Esquerda) proponen ahora una reestructuración y declaran que “quieren negociar con los acreedores”. El debate no es tanto sobre la actitud de apertura o no a una negociación, sino sobre si esa negociación puede acabar en un resultado realmente positivo para el país y el pueblo. Sin suspensión de pagos, sin auditoría, sin otras acciones soberanas de desobediencia a los acreedores, no vemos muy bien cómo una negociación puede dar un buen resultado. Y, de todas maneras, puede ser que sea necesario actuar con la máxima energía si la negociación no se consigue o no acaba favorablemente.»