Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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quinta-feira, 6 de julho de 2017

Un vasto mundo de guerras perdidas

Si el lector quiere una cifra, pruebe 194. Este es el número de países que hay en el planeta Tierra (ponga o quite uno o dos). El informe de Nick Turse que publicamos hoy habla de una cifra relacionada que le dejará boquiabierto; por lo menos 137 de esos países (el 70 por ciento de ellos) ya tienen algo en común en este 2017, y todavía no hemos completado la mitad del año*. Estos países comparten la experiencia de tener unidades de las fuerzas de Operaciones Especiales (FOE) estadounidenses desplegadas en su territorio. Supuestamente, en este guarismo no están incluidos Rusia, China, Irán, Andorra o Mónaco (a menos que vigilar los casinos del mundo sea una novedosa prioridad nacional para nuestro presidente afecto al capitalismo de timba). Aun así, son la evidencia de la gran apuesta que el militarismo de casino ha hecho en estos años: que unas fuerzas de elite de operaciones especiales puedan hacer lo que el resto de las fuerzas armadas de Estados Unidos no han podido: conseguir un triunfo en un conflicto, o en un par de ellos. 
Podemos pensar que en estos años el Comando de Operaciones Especiales (o SOCOM) ha ganado el premio mayor de la lotería. De los pocos miles de soldados de elite que tenía a sus órdenes en los ochenta ha crecido hasta los 70.000 de estos momentos; esto es, una fuerza mayor que los ejércitos de muchos países. Por lo menos, 8.000 de ellos están asaltando, adiestrando y asesorando en el extranjero en cualquier momento dado. De hecho, es estos días es casi seguro que si la guerra estadounidense se intensifica en algún sitio del mundo, las FOE están allí desempeñando un papel central. Por ejemplo, en Siria, hace un año, había 50 operadores especiales ayudando a las distintas fuerzas que luchaban contra el Daesh. Ahora, cuando se intensifica la batalla por la ‘capital’ del Califato, esa cifra se ha elevado a 500 y, obviamente, continúa creciendo (algo parecido ocurre en Irán; sin duda, después de que el Pentágono despache en los próximos meses su último mini-contingente de personal a Afganistán, también en este país. 
En cuanto al dinero, el SOCOM ciertamente ha ganado en la versión Pentágono de la ruleta Por supuesto, en esa versión, todos ganan (aunque algunos son más ganadores que otros). Entre 2001 y 2014, la asignación presupuestaria de las FOE se incrementó en un nada modesto 21,3 por ciento y, desde entonces, no ha parado de crecer.

quinta-feira, 14 de julho de 2016

David Petraeus: Filtrador, portavoz, soldado, espía

He aquí algo insólito. Los estadounidenses admitimos que la corrupción es un problema endémico en casi todo el mundo, no solo en nuestro país. Y eso es extraño. Después de todo, por tomar un solo ejemplo, las zonas donde el Estados Unidos del siglo XXI libra sus guerras han sido notables lodazales de corrupción en una escala que deja a uno boquiabierto. En 2011, el informe final de la Comisión de Contratos en Tiempo de Guerra, que trabaja con el mandato del Congreso, estimó que entre 31 y 60 billones (sí; leyó bien, cualquiera de las dos cifras seguidas de 12 ceros) de dólares del dinero del contribuyente se perdiieron en estafas y despilfarro en la ‘reconstrucción’ de Irak y Afganistán emprendida por Estados Unidos (un guarismo que sin duda acabará siendo una subestimación). Los dólares del contribuyente estadounidense se gastaron en carreteras que van a ninguna parte, una gasolinera en medio de la nada, centros de formación de docentes y otras construcciones que nunca se terminaron (aunque se gastaron montones de dinero que fueron a parar a las manos de afortunados contratistas), una planta para desplumar pollos que jamás faenó un solo pollo (aunque sí a quienes pagan sus impuestos en EEUU) y un espléndido cuartel general de 25 millones de dólares que nadie necesitaba ni se molestó en utilizarlo. Gracias a decenas de millones de dólares del tesoro de Estados Unidos se financiaron, adiestraron, armaron fuerzas y se reclutaron soldados y policías ‘fantasmas’ que formaron unidades enteras de fuerzas de seguridad (cuyos comandantes locales se forraron con salarios que nada tenían de ‘espectrales’). Y así por el estilo.
Por supuesto, todo eso se produjo en una lejana galaxia –muy lejana– donde la corrupción es la norma. Dentro de Estados Unidos, la corrupción está considerada como algo anti-estadounidense (sin embargo, no digáis esto a quienes viven en Ferguson (Missouri). Esto por supuesto es sobre todo una cuestión de definición, como Thomas Frank lo dejó bien claro en una reciente entrega de TomDispatch cuando bosquejó la ‘influencia’ de la industria en Washington. Ya sabéis, las hordas de grupos de presión que viven la gran vida y les ofrecen un bocado de ella a los funcionarios que quieran probarla, ninguno de los cuales es un ‘corrupto’. Se trata de algo completamente legal, una forma muy simpática de operar entre los agentes del poder en Washington.

sábado, 3 de outubro de 2015

Las Fuerzas Operativas Especiales de EE.UU. desplegadas en 135 naciones

Se los puede encontrar en polvorientos paisajes achicharrados por el sol, en húmedas selvas tropicales y en los salpicados y salobres litorales del Tercer Mundo. Gozando de reputación en el juicio, sacudidos por el motor de un helicóptero o calcinados bajo el inmisericorde sol del desierto, instruyen, ordenan a los gritos, persuaden en tanto hombres flacos realizan sus aprendizajes bajo sus vigilantes ojos. En muchos lugares, su particular mezcla de camuflaje, mejor calzado y equipamiento los ubica aparte. Sus días están impregnados de olor rancio dulce y de pólvora; sus noches se gastan en rústicos bares del Tercer Mundo.

Estos hombres, la mayoría son hombres, pertenecen a una fraternidad militar exclusiva que se puede rastrear hasta los mismos comienzos de la nación. Habitualmente, han pasado la mayor parte de una década como soldados, marineros, infantes de marina u hombres de la aviación convencionales, antes de hacer el pase. Probablemente han sido desplegados mar afuera unas diez veces. Los oficiales andan generalmente por la treintena de años, los que se enlistan andan por sus últimos veinte. Tienen más instrucción que la mayoría en el servicio militar. Probablemente terminen casados y tendrán un par de hijos. Y día tras día, llevan adelante misiones en las sombras en muchas zonas del planeta; a veces se trata de desplazamientos secretos, más a menudo se trata de ejercicios ocultos que pueden tener lugar en el Chad o en Uganda, en Bahrein o en Arabia Saudí, en Albania o en Rumania, en Bangladesh o en Sri Lanka, en Bélice o en Uruguay. Pertenecen a las Fuerzas de Operaciones Especiales (SOF, por su sigla en inglés, como las subsiguientes). Son las tropas de élite del más alto nivel de EE.UU.; los del Birrete Verde o los SEAL de la Armada, entre otros, y existe la probabilidad de que si usted arroja un dardo a un planisferio o si para con su dedo un globo terráqueo en movimiento, y no encuentra agua, tropezará con un territorio en que estuvieron algunos de estos hombres en algún momento en 2015.