Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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segunda-feira, 26 de setembro de 2016

Análisis de la coyuntura política brasileña

 
1. Hay una crisis internacional del capitalismo, que viene desde 2008 con consecuencias para las economías periféricas y en las políticas del capital.
2. Hay un proceso en curso de cambios en la naturaleza del ESTADO burgués, que fue gestionado en el capitalismo industrial y ahora en el capitalismo financiero necesita de otro Estado, que está en proceso de mutación.
3. Hay una crisis profunda en Brasil: económica, política, social y ambiental que se asemeja a la que vivimos antes en 1930/60/80, y siempre son prolongadas.
4. Hay una ofensiva del capital internacional sobre las economías periféricas, en búsqueda de recursos naturales, materia prima, energía y mercado para que salgan de sus crisis.
5. La crisis económica brasileña agotó el modelo neodesarollista.
6. Algunos ejemplos de crisis económica y social: existen 12 millones de personas desempleadas. La tasa de desempleo subió en todas las grandes regiones del país, llegando a 11,3% de la populación económicamente activa y en la industria pasa de los 15% y entre los jóvenes llega a 20%; el ingreso medio del trabajador brasileño cayó. En el período entre 2014 y 2016, la caída del ingreso per cápita del brasileño debe llegar a 9,4% de acuerdo con proyecciones de la Fundación Getulio Vargas. Esa caída actual solo pierde para el período entre 1981 y 1983, cuando el PIB per cápita cayó 12,4%. El aumento del endeudamiento de las familias en los últimos años indica el empeoramiento de las de las condiciones de vida de la población, porque compromete el presupuesto familiar. En 2005, las deudas representaban 18,42% de la renta. Hoy, corresponden a 44,3%[1]. La violencia contra la juventud en las periferias mata 50 mil por año.

sábado, 17 de setembro de 2016

¡Fuera Temer!

1. El día 31 de agosto se consolidó el golpe judicial/mediático en el Congreso Nacional. La burguesía concluyó la primera etapa de la conspiración que viene desde octubre de 2014, para entronar, de cualquier manera, un gobierno totalmente subordinado y dispuesto a cargar todo el peso de la crisis económica sobre los hombros de la clase trabajadora.

Ahora, está en curso la etapa de acelerar la implantación de medidas neoliberales, que sólo interesan al capital financiero y al gran capital, aumentando la explotación del trabajo, disminuyendo salarios, aumentando el desempleo y aplicando un programa de privatizaciones y ajuste fiscales que avergüenzan hasta al FMI.

Todos los días hay anuncios absurdos que violan la CLT [Consolidación de Leyes de Trabajo], la Constitución y los derechos sociales conquistados a duras penas, por décadas de luchas sociales.
2. Por lo tanto, el gustito de la victoria parlamentaria duró poco. El golpe no consiguió ser legitimado, ni por opinión pública, ni por el pueblo y hasta fue deslegitimado internacionalmente.
El presidente impostor fue humillado en la reunión del G-20, en que los demás gobernantes ni siquiera lo llamaron como presidente. ¡Y él tuvo que aprovechar el viaje para ir a comprar zapatos en un Shopping Center cualquiera! ¡Pobrecito!
Desde el punto de vista jurídico, la farsa cayó cuando los senadores no tuvieron el coraje de imputar la pérdida de derechos de la presidenta Dilma, revelando así que no hubo crimen. Y peor, tres días después, los mismos senadores aprobaron el proyecto que legaliza las "pedaleadas fiscales". Acaso, ¿no era crimen?
Pero la más dura respuesta vino de las calles. El domingo 4 de septiembre, a menos de una semana del golpe, más de cien mil jóvenes de São Paulo salieron  a las calles a protestar, levantando las banderas de FUERA, TEMER, ELECCIONES DIRECTAS YA y NINGÚN DERECHOS MENOS. Sin ningún estímulo de las radios y cadenas de televisión, que siguen siendo totalmente serviles a los golpistas.
Después, el día 7 de septiembre, se repitieron centenares de manifestaciones en todo Brasil, con miles de brasileños/as, en torno al “Grito de los Excluidos”, con las mismas banderas.
Y culminó con la clase media abucheando por cinco minutos durante la apertura de las olimpiadas paraolímpicas en el Estadio Maracaná.
3. Qué será de este gobierno, nadie lo sabe. Del lado de la burguesía, ellos también tienen dudas. El gobierno golpista no consigue unir políticamente a las fuerzas conservadoras. Su plan neoliberal no va a sacar al país de la crisis económica y política; al contrario va a agravarla, trayendo consecuencias graves para toda la población. Los signos de corrupción de sus miembros se contradicen con el discurso y los intereses de la llamada “Republica de Curitiba”. Por eso, el Abogado General de la Unión fue demitido sumariamente.
¿Hasta cuándo los medios y el poder judicial van a esconder las declaraciones de los empresarios, de las propinas ilegales que involucran a ilustres ministros e inclusive al propio presidente impostor?

quinta-feira, 15 de setembro de 2016

Final de historia, comienzo de pesadilla

“Michel no hizo nada para ayudarme”, se quejó Eduardo Cunha poco antes de perder su mandato de diputado nacional por aplastantes 450 votos contra diez en su defensa y nueve abstenciones.
“Michel” es Temer, el presidente ungido a raíz de un golpe institucional desencadenado precisamente por Cunha, cuando era el todopoderoso presidente de la Cámara de Diputados. Al perder su quinto mandato de diputado, Cunha también perdió sus fueros de privilegio. Cae, a partir de ahora, en las furiosas manos del provinciano juez de primera instancia Sergio Moro. Bandolero compulsivo, con una nutrida secuencia de juicios abiertos en el Supremo Tribunal Federal, Cunha se transforma ahora en un ciudadano de a pie. Y a juzgar por la conducta de Moro, lo esperan sentencias de pesadilla. La cantidad de decenas de años de cárcel a que será condenado no se cuenta ni con los dedos de dos manos.
Le queda una salida, la única para suavizar su futuro de sombras: delatar. Luego de ser defenestrado por sus pares, Cunha rechazó la idea de adherir a la tan polémica modalidad de la “delación premiada”, en que el condenado tiene sus condenas sustancialmente disminuidas a cambio de contar lo que sabe y todo lo que interesa a los fiscales y a la Policía Federal. Dijo, con la soberbia habitual, que no tiene qué delatar porque no cometió crimen alguno.
Bueno, cometió muchos, diversificados y graves. Aseguró que está escribiendo un libro, relatando todos los detalles del largo proceso de juicio político que abrió, por pura venganza personal, contra la ex presidenta Dilma Rousseff. “Todos los diálogos, toda la trama”, anticipó, para en seguida decir que espera ganar mucho dinero con el libro.
A interlocutores de su confianza (como si en el mar de lama en que se transformó la política brasileña la palabra “confianza” todavía tuviese algún espacio…), Michel Temer dice que no abandonó a su aliado. En tono de lamento, dice que era casi nada lo que habría podido hacer.La verdad es otra, y nada ni nadie logrará ocultarla. Para Michel Temer y los que se engancharon en el poder, tan pronto se abrió contra Dilma Rousseff el juicio en el Congreso el escenario cambió y Cunha, antes elemento esencial, perdió utilidad. Con su consolidada (y más que justa) fama de símbolo perfecto de la corrupción, pasó a ser una figura incómoda. Sobrevivió por un tiempo, pero su condena estaba más que anunciada.
El problema ahora es otro: a lo largo de una carrera política construida en las sombras, sus archivos son implacables. Si cuenta lo que sabe y lo que hizo y lo que hicieron sus aliados y comandados, destroza a medio Congreso. Esa era su fuerza para dominar a dos centenares de diputados de escasa o nula significancia y fuerza. Fue traicionado. Ahora, es su fuerza para librarse de décadas de cárcel. Y, claro, su venganza.
Desde principios de 2015, inicio del segundo mandato de Dilma Rousseff, ese político de trayectoria gris y fuerza descomunal se lanzó a las estrellas. Dominando como nadie los regimientos y reglas jurídicas de la Cámara, maniobró a sus anchas. Acosó y boicoteó al gobierno, se hizo aliado esencial de Michel Temer y su grupo, ostentó su poderío político con la misma osadía que su mujer, Claudia Cruz, una ex presentadora igualmente opaca de la TV Globo, ostentaba gastos millonarios, absolutamente incompatibles con el patrimonio y la renta de la pareja. De carteras de cinco mil dólares a clases de tenis de 60 mil en seis meses, hubo de todo. Nada parecía tener límite para la mujer que comentaba alegremente con sus amigas que estaba entrenándose para ser primera dama, mientras el marido insinuaba claramente que para él, ni siquiera el cielo era un límite.
Bueno, ese tiempo se acabó. Los diputados todos (se calcula en poco más de 200) a los cuales Cunha, en sus buenos tiempos, financió campañas y facilitó negocios nada republicanos, lo abandonaron, con la solitaria excepción de los diez que votaron contra la suspensión definitiva de su mandato y los otros nueve que se abstuvieron de votar. También los medios hegemónicos de comunicación, la banca y el empresariado que elogiaban su desempeño cuando presidía la Cámara y boicoteaba el gobierno de Dilma ahora lo tratan como lo que realmente es, un ladrón voraz y vulgar.

quinta-feira, 1 de setembro de 2016

Brasil después de la democracia

¿Y ahora qué? La pregunta resuena en cada rincón de América Latina. La incógnita por el futuro del país más grande de la región está instalada en casi todas las sedes de gobierno del mundo y miles de organizaciones políticas y sociales intentan anticipar las consecuencias de lo que ha ocurrido. Un proceso de impeachment (jui­cio político) sin base jurídica llegó hasta la última instancia, puso al mando del país a un Presidente no electo y revirtió una deci­sión tomada en las urnas por 54 millones de personas hace menos de dos años.
La clausura de esa instancia política fundamental, pese a la notoria pérdi­da de popularidad de quien fue electa presidente, Dilma Rousseff, plantea un dilema central para el futuro nacional y latinoamericano. Si las democracias bur­guesas se sostienen en base al voto de los ciudadanos casi como única instan­cia de participación popular, ¿por dónde se canalizará el descontento social sin esa posibilidad?
El sistema político brasileño está atra­vesado por la corrupción, como mues­tran los avances judiciales del proceso denominado Lava Jato, y cada vez se aleja más del grueso de la población, que reclama elecciones anticipadas para ele­gir un nuevo presidente. Michel Temer apenas tiene el apoyo de entre el 10 y 14% de los brasileños según encuestado­ras pero, sin haber sido elegido, podría ocupar el cargo máximo del país hasta el 1 de enero de 2019.
Giro político
El débil gobierno al mando del país se propone tareas de gran magnitud e impo­pularidad, que probablemente deterioren aún más su pequeña base de sustentación social. La silbatina masiva que recibió en la inauguración de los Juegos Olímpicos en el estadio Maracaná de Río de Janeiro y lo hizo desistir de participar de la cere­monia de cierre junto al primer ministro japonés Shinzo Abe (Tokio será la próxi­ma sede olímpica) le demostró a Temer que su punto de partida es el repudio ge­neralizado.
Su objetivo no es sin embargo ganar apoyos masivos, aunque necesita garanti­zarse un margen mínimo de gobernabili­dad. La Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp) y otras importantes organi­zaciones empresariales, los grandes capi­tales extranjeros (“los mercados”) y fuer­zas políticas de derecha como el Partido de la Social Democracia Brasileña (Psdb) son sus verdaderos apoyos. A cambio, debe llevar adelante los planes de ajuste que le exigen. Por eso el Psdb no afloja la presión y llevará hasta el final su denuncia ante el Tribunal Supremo Electoral contra la candidatura Rousseff-Temer de 2014 por financiamiento ilegal, que en última instancia podría anular el resultado de la elección. No buscan eso, pero reclaman un mayor ajuste fiscal.
Temer tendrá su primera presenta­ción internacional el 4 y 5 de septiembre en China, en la cumbre del G-20. Allí bus­cará celebrar reuniones bilaterales, firmar nuevos acuerdos comerciales con China y captar inversiones extranjeras. Irá con un anzuelo: el amplio plan de privatizaciones que prevé anunciar e implementar para reducir el elevado déficit fiscal, agravado desde la suspensión de Dilma.

terça-feira, 31 de maio de 2016

El retorno de la derecha golpista en Brasil

Lejos de las apariencias, lo que sucede es como el juego de carambola a 3 bandas. Se trata de la estrategia estadounidense antilatinoamericana, que tiene por escenario inmediato a Brasil, con el golpe suave contra la presidenta Dilma Rousseff, pero que le pega a la integración Latinoamericana e indirectamente debilita a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la zona.
En cambio, un dejo de ingenuidad asoma en Dilma cuando asegura incrédula respecto a cualquier posible injerencia extranjera entre los golpistas contra la presidencia que, sin embargo, atenta su gobierno, el proyecto de 12 años del Partido de los Trabajadores, el avance de la democracia y del pueblo brasileño porque el retorno de la derecha lo primero que busca es atropellar los derechos de las mayorías.
Valga aclarar que el enfoque de la geopolítica en la región no es nuevo, pero tampoco está muy presente entre los especialistas para orientar el análisis, como para apoyar de continuo a los dirigentes que están al frente de los destinos de nuestros países buscando vías alternas y permanecer alertas a las osadías del imperio estadounidense.
Pero geopolítica y prospectiva nos ayudan a dos cosas: mirar los acontecimientos locales en un contexto mundial, y colocar o evaluar el presente en función de lo por venir. El presente en su diversidad y el futuro conforme a las tendencias presentes, a las políticas aplicadas. Ambos sentidos, para comprender mejor el diario acontecer y proceder en consecuencia. La geopolítica y la prospectiva, pues, como herramientas para el análisis de la realidad latinoamericana y mundial.
Lo que estamos viendo en Brasil, y en general la región Latinoamericana, es una nueva ola de desestabilización que sin lugar a equivocarse estaría siendo promovida —cuando no orquestada— directamente por Washington, con la finalidad de golpear a las cabezas de playa o líderes visibles de la izquierda para retomar el control de países como Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, por medio de las derechas locales siempre prestas a venderse al mejor postor.