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domingo, 1 de março de 2020

Bolsonaro alienta un autogolpe por Whatsapp

Apoyó una marcha en contra del Congreso y de la corte suprema de Brasil
La noche del martes de carnaval apenas empezaba, con fiestas por todo el país, cuando un par de vídeos divulgados por el ultraderechista Jair Bolsonaro por una red social convocando manifestaciones callejeras para el domingo 15 de marzo atacando el Congreso y el Supremo Tribunal Federal estremeció al país.
Las reacciones no se hicieron esperar. Es que, en última instancia, se considera en Brasil que Jair Bolsonaro se integró a un movimiento que, entre otras cosas, defiende que se declare guerra al Congreso y a la corte suprema de la nación.

segunda-feira, 11 de março de 2019

Un Brasil sin gobierno ni rumbo

Desde que asumió la presidencia de Brasil, en el primer día de 2019, el capitán reformado Jair Bolsonaro hizo de todo un poco, excepto gobernar. Mejor dicho: desde que asumió la presidencia Bolsonaro no dejó, ni un solo día, de dar clarísimas muestras de que no tiene la más remota capacidad para ocupar el puesto al que fue llevado por los electores brasileños.
Nada más típico de un ser descalificado política, ética y moralmente lo que ocurrió el pasado carnaval. Abucheado por todas las calles de todas las ciudades del país, Bolsonaro difundió, en las redes sociales, una escena escatológica protagonizada por dos hombres. Fue un burdo intento de desmoralizar al carnaval, pero el resultado fue desastroso.

terça-feira, 6 de dezembro de 2016

Nuevos resultados del golpe

Hace unos días, y en un raro momento de síntesis fulminante, la destituida presidenta Dilma Rousseff se refirió a su sucesor, Michel Temer, diciendo que “es mucho menor que el país”. Eso queda claro a cada día: Temer carece de estatura política, ética y moral para ocupar la presidencia. No tiene otra iniciativa política que la de tratar de contemporizar con sus aliados, no tiene liderazgo alguno, no tiene otra propuesta para sacar el país de la más profunda crisis en décadas que un palabreado monótono y vacío. Frente al gigantesco tamaño de los problemas que sacuden los cimientos de sus instituciones, Brasil tiene a un pigmeo en el sillón presidencial.
Al borde de cumplir siete meses, el gobierno que Temer encabeza no logró la tan soñada y sonada legitimidad. Las manifestaciones callejeras lo demuestran, tan bien como el ínfimo respeto de la comunidad internacional. El equipo económico, recibido por los apoyadores del golpe institucional como la panacea, no presentó otra propuesta que disminuir el Estado a un piso mínimo. El tan anunciado retorno de las inversiones, el tan proclamado impulso de la confianza, quedaron colgados entre dos nubes: la de mentira y la de la farsa.
Dando claras muestras de que promesas fútiles son la nueva moda regional, Temer prometía la remontada de la economía para el segundo semestre. Bueno: el segundo semestre llega a su fin dejando como legado un escenario de desolación. ¿Y qué hace Temer? Insiste en la copia de la copia: ahora, anuncia que la remontada se dará en el segundo semestre, pero del año que viene. Una vez más, o miente, o sus relaciones con la realidad están deterioradas de manera irremediable. Por esos días fueron divulgados algunos índices oficiales de la calamitosa situación económica. En el tercer trimestre del año, el PIB retrocedió 0,8 por ciento. No hubo ningún segmento de la economía que no haya generado índices negativos: el agropecuario, -1,4 por ciento; la industria, -1,3; servicios, - 0,6 por ciento. Este año, la venta de vehículos bajó 21 por ciento. La de máquinas y equipos industriales, 26 por ciento.
En comparación con el tercer trimestre de 2015, cuando la crisis política impedía a la entonces presidenta Dilma Rousseff encontrar salidas viables, la caída del PIB ha sido de 2,9 por ciento.
Ya se prevé que este año el PIB retrocederá por lo menos 3,5 por ciento. Y las proyecciones para el año que viene bajaron a quizá –¡quizá!– 0,5 por ciento. Al contrario de lo anunciado eufóricamente por Temer al asumir como presidente interino, en mayo, y luego efectivo, en septiembre, se registró una caída brutal en las inversiones y también en el consumo. Entre enero, cuando el golpe ya estaba en marcha, y fines de septiembre, el sector de la construcción cerró 441 mil plazas laborales. Economistas aliados a los mentores del golpe ya advierten que Brasil corre el riesgo concreto de dejar la recesión para entrar en un estado de depresión económica.  
Esos datos, oficiales y asustadores, muestran los nuevos resultados del golpe institucional. La inestabilidad política, el creciente rumor de que Michel Temer no se quedará por mucho tiempo en el palacio presidencial, los conflictos cada vez más abiertos entre el Congreso y el Poder Judicial, el avance de las investigaciones que generan denuncias que cercan al gobierno cada vez más, tienen sus reflejos inmediatos en el mercado financiero.

quinta-feira, 15 de setembro de 2016

Final de historia, comienzo de pesadilla

“Michel no hizo nada para ayudarme”, se quejó Eduardo Cunha poco antes de perder su mandato de diputado nacional por aplastantes 450 votos contra diez en su defensa y nueve abstenciones.
“Michel” es Temer, el presidente ungido a raíz de un golpe institucional desencadenado precisamente por Cunha, cuando era el todopoderoso presidente de la Cámara de Diputados. Al perder su quinto mandato de diputado, Cunha también perdió sus fueros de privilegio. Cae, a partir de ahora, en las furiosas manos del provinciano juez de primera instancia Sergio Moro. Bandolero compulsivo, con una nutrida secuencia de juicios abiertos en el Supremo Tribunal Federal, Cunha se transforma ahora en un ciudadano de a pie. Y a juzgar por la conducta de Moro, lo esperan sentencias de pesadilla. La cantidad de decenas de años de cárcel a que será condenado no se cuenta ni con los dedos de dos manos.
Le queda una salida, la única para suavizar su futuro de sombras: delatar. Luego de ser defenestrado por sus pares, Cunha rechazó la idea de adherir a la tan polémica modalidad de la “delación premiada”, en que el condenado tiene sus condenas sustancialmente disminuidas a cambio de contar lo que sabe y todo lo que interesa a los fiscales y a la Policía Federal. Dijo, con la soberbia habitual, que no tiene qué delatar porque no cometió crimen alguno.
Bueno, cometió muchos, diversificados y graves. Aseguró que está escribiendo un libro, relatando todos los detalles del largo proceso de juicio político que abrió, por pura venganza personal, contra la ex presidenta Dilma Rousseff. “Todos los diálogos, toda la trama”, anticipó, para en seguida decir que espera ganar mucho dinero con el libro.
A interlocutores de su confianza (como si en el mar de lama en que se transformó la política brasileña la palabra “confianza” todavía tuviese algún espacio…), Michel Temer dice que no abandonó a su aliado. En tono de lamento, dice que era casi nada lo que habría podido hacer.La verdad es otra, y nada ni nadie logrará ocultarla. Para Michel Temer y los que se engancharon en el poder, tan pronto se abrió contra Dilma Rousseff el juicio en el Congreso el escenario cambió y Cunha, antes elemento esencial, perdió utilidad. Con su consolidada (y más que justa) fama de símbolo perfecto de la corrupción, pasó a ser una figura incómoda. Sobrevivió por un tiempo, pero su condena estaba más que anunciada.
El problema ahora es otro: a lo largo de una carrera política construida en las sombras, sus archivos son implacables. Si cuenta lo que sabe y lo que hizo y lo que hicieron sus aliados y comandados, destroza a medio Congreso. Esa era su fuerza para dominar a dos centenares de diputados de escasa o nula significancia y fuerza. Fue traicionado. Ahora, es su fuerza para librarse de décadas de cárcel. Y, claro, su venganza.
Desde principios de 2015, inicio del segundo mandato de Dilma Rousseff, ese político de trayectoria gris y fuerza descomunal se lanzó a las estrellas. Dominando como nadie los regimientos y reglas jurídicas de la Cámara, maniobró a sus anchas. Acosó y boicoteó al gobierno, se hizo aliado esencial de Michel Temer y su grupo, ostentó su poderío político con la misma osadía que su mujer, Claudia Cruz, una ex presentadora igualmente opaca de la TV Globo, ostentaba gastos millonarios, absolutamente incompatibles con el patrimonio y la renta de la pareja. De carteras de cinco mil dólares a clases de tenis de 60 mil en seis meses, hubo de todo. Nada parecía tener límite para la mujer que comentaba alegremente con sus amigas que estaba entrenándose para ser primera dama, mientras el marido insinuaba claramente que para él, ni siquiera el cielo era un límite.
Bueno, ese tiempo se acabó. Los diputados todos (se calcula en poco más de 200) a los cuales Cunha, en sus buenos tiempos, financió campañas y facilitó negocios nada republicanos, lo abandonaron, con la solitaria excepción de los diez que votaron contra la suspensión definitiva de su mandato y los otros nueve que se abstuvieron de votar. También los medios hegemónicos de comunicación, la banca y el empresariado que elogiaban su desempeño cuando presidía la Cámara y boicoteaba el gobierno de Dilma ahora lo tratan como lo que realmente es, un ladrón voraz y vulgar.