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terça-feira, 6 de dezembro de 2016

Nuevos resultados del golpe

Hace unos días, y en un raro momento de síntesis fulminante, la destituida presidenta Dilma Rousseff se refirió a su sucesor, Michel Temer, diciendo que “es mucho menor que el país”. Eso queda claro a cada día: Temer carece de estatura política, ética y moral para ocupar la presidencia. No tiene otra iniciativa política que la de tratar de contemporizar con sus aliados, no tiene liderazgo alguno, no tiene otra propuesta para sacar el país de la más profunda crisis en décadas que un palabreado monótono y vacío. Frente al gigantesco tamaño de los problemas que sacuden los cimientos de sus instituciones, Brasil tiene a un pigmeo en el sillón presidencial.
Al borde de cumplir siete meses, el gobierno que Temer encabeza no logró la tan soñada y sonada legitimidad. Las manifestaciones callejeras lo demuestran, tan bien como el ínfimo respeto de la comunidad internacional. El equipo económico, recibido por los apoyadores del golpe institucional como la panacea, no presentó otra propuesta que disminuir el Estado a un piso mínimo. El tan anunciado retorno de las inversiones, el tan proclamado impulso de la confianza, quedaron colgados entre dos nubes: la de mentira y la de la farsa.
Dando claras muestras de que promesas fútiles son la nueva moda regional, Temer prometía la remontada de la economía para el segundo semestre. Bueno: el segundo semestre llega a su fin dejando como legado un escenario de desolación. ¿Y qué hace Temer? Insiste en la copia de la copia: ahora, anuncia que la remontada se dará en el segundo semestre, pero del año que viene. Una vez más, o miente, o sus relaciones con la realidad están deterioradas de manera irremediable. Por esos días fueron divulgados algunos índices oficiales de la calamitosa situación económica. En el tercer trimestre del año, el PIB retrocedió 0,8 por ciento. No hubo ningún segmento de la economía que no haya generado índices negativos: el agropecuario, -1,4 por ciento; la industria, -1,3; servicios, - 0,6 por ciento. Este año, la venta de vehículos bajó 21 por ciento. La de máquinas y equipos industriales, 26 por ciento.
En comparación con el tercer trimestre de 2015, cuando la crisis política impedía a la entonces presidenta Dilma Rousseff encontrar salidas viables, la caída del PIB ha sido de 2,9 por ciento.
Ya se prevé que este año el PIB retrocederá por lo menos 3,5 por ciento. Y las proyecciones para el año que viene bajaron a quizá –¡quizá!– 0,5 por ciento. Al contrario de lo anunciado eufóricamente por Temer al asumir como presidente interino, en mayo, y luego efectivo, en septiembre, se registró una caída brutal en las inversiones y también en el consumo. Entre enero, cuando el golpe ya estaba en marcha, y fines de septiembre, el sector de la construcción cerró 441 mil plazas laborales. Economistas aliados a los mentores del golpe ya advierten que Brasil corre el riesgo concreto de dejar la recesión para entrar en un estado de depresión económica.  
Esos datos, oficiales y asustadores, muestran los nuevos resultados del golpe institucional. La inestabilidad política, el creciente rumor de que Michel Temer no se quedará por mucho tiempo en el palacio presidencial, los conflictos cada vez más abiertos entre el Congreso y el Poder Judicial, el avance de las investigaciones que generan denuncias que cercan al gobierno cada vez más, tienen sus reflejos inmediatos en el mercado financiero.

quarta-feira, 21 de setembro de 2016

Tenemos la prueba y la convicción: es un golpe

Es difícil imaginar un bombardeo temático más intenso que el que vivimos estos dos años anteriores al golpe. A pesar de ello, el ‘golpe de nuevo cuño’, construido para aparentar que no se trataba de un golpe, se está desvelando en un combate diario, especialmente trabado en las redes sociales. Como si se tratase de una novela de pésima calidad, su hoja de ruta se va haciendo cada día más previsible. Concluido el episodio de la destitución de Dilma, llegaba el momento de hacer inviable una posible candidatura de Lula.
No es sencillo escoger la escena más ridícula de entre las que nos proporcionaron los golpistas en esta última semana. La incuestionable ganadora fue la patética exposición del procurador Deltan Dallagnol, con su célebre powerpoint, transformado en pitada nacional, entrando en el anecdotario de las sandeces con su frase “no tenemos la prueba, pero tenemos la convicción”. No obstante, el episodio protagonizado por un capitán del ejército formado en nuestra más importante academia militar, más propio de una acción de espionaje de la serie televisiva Agente 86, más allá de chocar por su grotesco instinto primario, revela un grave desvío de la finalidad de las fuerzas armadas, encendiendo la luz amarilla de una nueva fase represiva.
En esta selección no podía faltar la entrevista con el ministro golpista José Serra, incapaz de recordar los países que componen los BRICS, la articulación internacional de mayor envergadura en que se encuentra Brasil.
Pero más allá de la incompetencia que muestran estos sorprendentes episodios. Se percibe que el golpe, para avanzar en su previsible hoja de ruta, necesita limitar las libertades democráticas, espiar, forjar nuevas pruebas, reprimir, como cualquier golpe político. Es sintomático que el Ministerio de Justicia convoque un seminario para discutir una forma de ‘reinterpretar el artículo 5º de la Constitución sobre la libertad de manifestación y reunión política’.
Lo que está en cuestión es la imposibilidad de implementar las impopulares medidas golpistas conviviendo con libertades democráticas. Saben que será necesario estrechar aún más los márgenes democráticos de nuestro limitado sistema político. Necesitan destruir los mecanismos nacionales que protegen la soberanía económica, ampliando y cristalizando jurídicamente el dominio absoluto del capital financiero internacional.

sexta-feira, 9 de setembro de 2016

Después del impeachment

La no casación (o la no pérdida) de los derechos políticos de Dilma Rousseff –como señaló André Singer en su columna en Folha de S. Paulo (03/09)– equivale a una confesión de parte: el “crimen de responsabilidad” fue una forma constitucional utilizada políticamente para destituir a una presidenta impopular, que pretendía dar continuidad a una agenda de reformas adversa a las elites dominantes.
A su vez, la destitución sin casación de derechos políticos recupera una forma política conocida de la historia brasileña: el pacto conciliador de las elites para garantizar la reproducción del orden. La defensa de Dilma, contundente y con argumentos que demostraban la injusticia del proceso, llevó a la necesidad del PMDB de admitir una fórmula intermedia de destitución sin casación de derechos políticos. Es totalmente factible considerar que en este cálculo del PMDB estuvo la consideración respecto de que Dilma difícilmente pueda volver a la presidencia del país, por tratarse de una política hoy impopular, y por el carácter errático que fue propio de su segundo gobierno.
A partir de ahora, se consolida en el poder una nueva alianza de gobierno conformada por PMDB-PSDB. Los tucanos (Aécio Neves, José Serra, Fernando Henrique Cardoso) saben que Temer es su compañero de ruta indisociable en términos del proyecto político ideológico: del éxito de Temer en el control del aparato estatal depende la posibilidad de quebrar y disciplinar las bases del proyecto nacional-popular del PT y los actores que lo defienden. Los líderes del PSDB saben que su partido sólo podría llegar a la presidencia en las elecciones de 2018 si el gobierno de Temer les pavimenta el camino con una gestión que consiga ciertos logros hacia distintos sectores.
Por un lado, deberá recuperar el crecimiento económico, base para un repunte en la aprobación social ante un descrédito general de la clase política. Cuenta para ello con el apoyo no desdeñable, aunque tampoco incondicional, de los medios de comunicación más importantes. Los medios han legitimado la destitución de la presidenta, pero también revelaron los escándalos que llevaron a la renuncia de dos ministros del gabinete del presidente interino, incluido Jucá Ferreira, pieza fundamental del armado de Temer. Si bien los medios coinciden ideológicamente con el proyecto de ajuste del PMDB, no querrán quedar pegados a un gobierno de legitimidad dudosa que se mantenga impopular a lo largo de su mandato. Debido a esta situación, exhiben señales de “independencia”.

quinta-feira, 1 de setembro de 2016

La tragedia brasileña

Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff. Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática. El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia. La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto. Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado. Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.
No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma. De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas. Primero, cualquier concesion a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios. Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vió un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha. Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

quarta-feira, 17 de agosto de 2016

“Está escrito en los salmos que se terminó”

Separada de la Presidencia desde mayo, Dilma Rousseff pelea, respaldada en argumentos legales, para retornar al cargo aunque esté advertida de que se trata de una causa perdida: en Brasil ya rige un estado de excepción aun antes de la formalización del golpe prevista para fin de mes. El poder de facto acabó con las garantías judiciales de un país que suscribió el Pacto de San José de Costa Rica, que lo obliga a acatar las decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Detrás el biombo desinformativo favorecido por las Olimpíadas, el Senado sobreactúa la coreografía institucional para concluir el golpe iniciado en abril en la Cámara de los Diputados. Durante sesiones que dejaron de ser televisadas por las grandes cadenas privadas y concluyen a la madrugada, cuando prácticamente nadie los ve a través de Internet, la semana pasada 59 congresistas conchabados con el presidente interino Michel Temer aprobaron la apertura del impeachment, que prometen tramitar con urgencia bajo el argumento de que el país necesita terminar cuanto antes para volver a la “normalidad”.
“Ya no se aguanta más esta cantinela… está escrito en los salmos que se terminó, que esta historia de la Presidenta se terminó, ya está afuera” sermoneó el pastor evangélico y senador Magno Malta, miembro de la tropa de choque golpista. “Mi voto ya fue decidido hace mucho, no me lo van a cambiar con nada”, abunda Malta, echando mano de un argumento replicado por otros congresistas que, pese a ser jueces del tribunal formado en el Congreso para el juicio político, reconocen de antemano que condenarán a la acusada, violando el derecho a un proceso justo.
Igual que ocurrió en la cámara baja con el malón de diputados acarreados por el “Boss” Eduardo Cunha, el hombre al que sigue obedeciendo Temer, como se publicó en los medios de este fin de semana.

segunda-feira, 6 de junho de 2016

Todo indica que el de Temer será un gobierno en crisis permanente

-M.H.: Tenemos una segunda dimisión en el gabinete de Michel Temer, casualmente el Ministro de Transparencia, Fabiano Silveira. ¿Qué nos podés comentar al respecto?
 
-R.A.: Es la prueba mas cabal de la caótica situación del gobierno de Temer, un gobierno interino que tiene en su Ministerio un número enorme de ministros involucrados en la corrupción. Por ejemplo, es el caso del llamado Ministro de la Transparencia que actúa en plena intransparencia. Así como Romero Jucá que fue dimitido hace dos semanas atrás. Y no será el último, porque una parte de los ministros de Temer han sido ministros de Dilma y de Lula y están involucrados en el Lava Jato y en otros procesos que están siendo investigados. Entonces, la situación del gobierno de Temer, la dimisión de ministros no se cerrará hoy, hay muchos procesos en curso, inclusive hoy el presidente del banco privado Bradesco está entre los que están siendo acusados. Son muchos procesos de corrupción y todo indica que éste será un gobierno en crisis permanente.
-M.H.: Que se ha presentado en su primer discurso como un gobierno de salvación nacional, pidiendo a la población orden y progreso.
-R.A.: La verdad es todo lo opuesto, es un gobierno de destrucción nacional porque ascendió al poder a través de una medida que puede ser jurídicamente legal, pero que sustancia un golpe político. Esto creó la primera marca de su gobierno basado en la ilegitimidad, es un gobierno ilegítimo.
-Por otro lado, como este gobierno expresa lo peor de la política brasileña, adoctrina entre sus ministros a aquéllos que están involucrados en la crisis política y económicamente es un gobierno del mundo financiero, por ejemplo, el Ministro de Economía es un hombre completamente comprometido con el sistema financiero internacional, ha sido el presidente del Banco Central durante el gobierno de Lula y antes era presidente internacional del Banco de Boston. O sea, tienen carta blanca para organizar la economía brasileña y están jugando por encima de los hombros de la clase trabajadora, reduciendo salarios, los derechos del trabajo, ampliando el tiempo de trabajo para que los hombres y mujeres no puedan jubilarse en el tiempo justo, ni una medida para reducir la ganancia de las bancas, ni una medida para introducir una regulación a las grandes fortunas, no es el gobierno de la salvación nacional, política y económicamente es un gobierno que nació de un golpe y que va a significar más destrucción nacional.
Si el gobierno de Dilma ya era un gobierno muy negativo para las clases trabajadoras, éste tiene la calidad de ser mucho peor. Esta es la triste situación brasileña hoy, inclusive existe la posibilidad de que las Olimpíadas sean suspendidas, fundamentalmente porque existen una serie de enfermedades que asustan a los extranjeros para venir al Brasil. No existe la menor posibilidad de que la situación mejore en los próximos meses.

quinta-feira, 26 de maio de 2016

La mafia al gobierno, el mercado al poder

Ninguna imagen podría reflejar mejor lo que está sucediendo en Brasil que la primera foto de familia del presidente interino Michel Temer con su gabinete: recién salida del túnel del tiempo, la imagen es el retrato perfecto de la «casa grande», de la vieja oligarquía que festejaba la recuperación absoluta de un poder del que nunca fue desplazada del todo pero que ahora no deberá compartir con nadie. Por primera vez desde la dictadura militar, no había ninguna mujer, ninguna persona de piel negra, ningún trabajador. Los nuevos ministros forman un grupo homogéneo de señores mayores, ricos, blancos, cristianos, conservadores, terratenientes, gerentes de bancos y empresarios con pocos cabellos, casi ninguna barba, algunos pocos bigotes de estilo militar, varias causas por corrupción, trajes caros y muchas corbatas repetidas.
Teniendo en cuenta los datos del último censo, el economista Bruno Mandelli calculó que la probabilidad estadística de seleccionar aleatoriamente 23 ciudadanos brasileños (el número de ministros designados en su primer día de gobierno por Temer) y que todos sean varones es de una en ocho millones. Que todos sean varones y blancos, una en 64 billones. Pero en Brasil pasan esas cosas: el diputado Fernando Lúcio Giacobo, del evangélico Partido de la República, que ocupa la vicepresidencia de la Cámara y votó a favor del impeachment de Dilma Rousseff, dice que ganó la lotería 12 veces seguidas. Giacobo ascendió a vicepresidente cuando Waldir Maranhão (otro con más prontuario que currículum), tuvo que ocupar la presidencia porque el anterior presidente, Eduardo Cunha, aliado de Temer («Las tareas difíciles se las encargo a Cunha», había declarado el presidente interino) y principal impulsor del juicio político a Rousseff fue apartado del cargo por decisión unánime de la Corte Suprema. Cunha está procesado por corrupción pasiva, lavado de dinero y evasión fiscal, y la justicia suiza informó a la brasileña que tenía cuentas bancarias no declaradas en ese país con millones de dólares que no puede explicar de dónde salieron. Delatores de la operación «Lava jato» lo acusaron de haber recibido 52 millones de reales (casi 15 millones de dólares) de coimas en 36 cuotas en apenas uno de los casos en los que está siendo investigado. Cunha llegó a la presidencia de la Cámara derrotando a los candidatos del oficialismo y la oposición de derecha, apoyado por el «bajo clero» parlamentario y los bloques evangélico, ruralista y de la «mano dura», gracias a las generosas donaciones de campaña que negociaba para diputados de diferentes partidos como lobista de empresas y corporaciones. El lavado de dinero de la corrupción lo hacía a través de iglesias evangélicas y empresas off shore en paraísos fiscales. Llegó a la cima del poder en los años 90 con PC Farias, el cajero de Collor de Melo, fue el principal arquitecto político del golpe contra Dilma y ahora está a un paso de ir preso.