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sábado, 29 de dezembro de 2018

Antes de la inundación: la nueva presa de Turquía arrasa el pasado a pesar de su incierto futuro


Nota del editor: Están a punto de terminar dos de los principales proyectos de construcción de presas del mundo, uno en Turquía y otro en Etiopía. Es probable que ambas presas afecten profundamente a las vidas de millones de personas en Oriente Próximo y provoquen más tensiones en regiones que ya sufren un grave estrés hídrico*.  
En el primero de dos reportajes el periodista medioambiental Kieran Cooke investiga la gigantesca presa de Ilisu en el río Tigris al sudeste de Turquía.

quarta-feira, 26 de julho de 2017

¿Qué perspectivas tras el levantamiento en masa de la oposición?

Ha pasado un año desde el fracaso lamentable de la tentativa de golpe de Estado militar realizada por sectores cercanos al predicador F. Gülen y la puesta en marcha exitosa del golpe de Estado civil por R. Erdogan para transformar el régimen en un sentido autoritario. Las espectaculares puestas en escena, sin reparar en gastos, organizadas por el régimen el fin de semana del 15-16 de julio se lo han recordado a la sociedad turca y al resto del mundo.
Durante estas festividades el Reis Erdogan ha “prometido arrancar la cabeza de los traidores”… cuando la tentativa del golpe militar no gozó de simpatías en ningún sector significativo de la sociedad y cuanto todas las corrientes políticas lo condenaron inmediatamente (salvo los gulenistas). Pero ya está establecido que este episodio ha sido el pretexto para aniquilar políticamente a los opositores demócratas más vigorosos, operar purgas masivas (en particular entre los funcionarios), apuntando a miles de personas, militantes o no, que no tuvieron nada que ver ni de cerca ni de lejos con la tentativa de golpe de Estado y realizar, aprovechando todo esto, un plan de austeridad de gran envergadura en la función pública.

segunda-feira, 1 de agosto de 2016

El alto coste y la oportunidad histórica del fallido golpe de Estado turco

Hace ya dos semanas que Turquía estuvo expuesta a un golpe de Estado que acabó en fracaso. Esta es una de las pocas ocasiones donde las palabras no describen lo sucedido ni evalúan sus efectos.
Es sin duda verdad, aunque insuficiente, decir que el golpe fracasó. Presupone una similitud entre este golpe fallido y otros golpes fallidos en Jordania, Siria, Iraq y Venezuela durante las últimas décadas. La verdad fue, sin embargo, que el intento de golpe turco conllevó una operación enorme, una operación que se suponía no iba a fracasar. Quienes la llevaron a cabo confiaban tanto en que iban a tener éxito que no tenían un “plan B”.
La República de Turquía es desde luego la heredera directa del Sultanato otomano y el ejército turco es el descendiente del ejército otomano moderno, cuyos orígenes se encuentran en el período inmediatamente posterior a la destrucción y abolición del sistema militar Inkishari en 1826. Por tanto, el fallido golpe de Estado del 15 de julio se produce tras toda una serie de golpes: tres de esos golpes fueron perpetrados por el Comité por la Unión y el Progreso en 1908, 1909 y 1913; después hubo una serie de golpes directos e indirectos perpetrados por el ejército republicano en 1960, 1971, 1980 y 1997. Todos ellos tuvieron éxito y determinaron que el ejército se apropiara del poder o derrocara a un gobierno electo imponiendo otro en su lugar.
El golpe de Estado del 15 de julio puede haber sido el primer proyecto de golpe de tal magnitud y recursos que acabó en fracaso no sólo en Turquía sino en todo el Oriente Medio. La cifra de generales, de todos los grados de general y desde dentro de todos los cuerpos de las fuerzas armadas, que fueron arrestados en la semana siguiente al golpe de Estado se eleva a 126. Este número representa un tercio de todos los generales de las fuerzas armadas turcas. Mediante una estimación rápida y aproximada, puede decirse que ese conjunto de generales tenía mando sobre 150.000 y 200.000 soldados del total de 700.000 efectivos que sirven en las fuerzas armadas turcas.
Sin embargo, el asunto no acaba aquí. La declaración hecha al principio por el presidente turco en el sentido de que el grupo de Fethullah Gülen estaba detrás del intento de golpe, fue confirmada después personalmente por su jefe de gabinete en la primera entrevista que dio una vez liberado de los autores del golpe. Esto planteó algunas dudas fuera de Turquía. No obstante, la veracidad de tal evaluación no sólo ha ido en aumento según avanzaban los días, sino que casi se ha convertido en un hecho indiscutible. Esto es lo que hace que el intento del 15 de julio constituya una aventura extraordinaria en la tradición de los golpes militares en Turquía.
Este golpe no fue emprendido por un grupo de oficiales kemalistas bajo la ilusión de que el Estado laico o la unidad del país estaba bajo amenaza, o porque asumieron que el ejército era el creador, guardián y dueño de la república. Fue una organización religiosa quien llevó a cabo y dirigió este intento de golpe, una organización de carácter gnóstico y cuya visión del Islam, de Turquía y del mundo es una mezcla de aportaciones sufíes, inclinaciones políticas elitistas y extrañas doctrinas (los seguidores de Gülen saben que está más cerca de ellos que la vena yugular).

sexta-feira, 8 de janeiro de 2016

¡No participaremos en este crimen!

 
El Estado turco ha condenado de hecho al hambre a sus ciudadanos de Sur, Silvan, Nusaybin, Cizre, Silopi y muchas otras ciudades y barrios de las provincias kurdas debido a los toques de queda que han estado en vigor durante semanas. Ha atacado estas poblaciones con armas y equipamientos pesados que solo se deberían utilizar en época de guerra. A consecuencia de ello, se ha violado el derecho a la vida, a a la libertad y la seguridad, y en particular la prohibición de la tortura y de los malos tratos protegida por la Constitución y por acuerdos internacionales.
Esta masacre deliberada y planificada supone una grave violación tanto de las propias leyes de Turquía como de los tratados internacionales firmados por Turquía. Estas acciones suponen una grave violación del derecho internacional.
Exigimos al Estado que acabe con la masacre y deportación deliberadas de kurdos y de otros pueblos de la zona. También exigimos al Estado que levante el toque de queda, castigue a aquellas personas responsables de las violaciones de derechos humanos e indemnice a aquellos ciudadanos que han sufrido daños materiales y psicológicos. Para ello, exigimos que se permita el acceso a la zona de observadores nacionales e internacionales independientes y que se les permita hacer un seguimiento de estos incidentes e informar sobre ellos.
Exigimos al gobierno que prepare las condiciones para unas negociaciones y cree una hoja de ruta que lleve a una paz duradera en la que incluyan las reivindicaciones del movimiento político kurdo. Exigimos la participación en estas negociaciones de observadores independientes de amplios sectores de la sociedad. Declaramos también nuestra voluntad de participar voluntariamente como observadores. Nos oponemos a la supresión de todo tipo de oposición.
Nosotros y nosotras, como académicos e investigadores que trabajamos en Turquía o sobre ella, declaramos que no participaremos en esta masacre al permanecer en silencio y exigimos que acabe inmediatamente.

sábado, 2 de janeiro de 2016

Turquía: guerra interior, debacle exterior

El régimen turco del presidente Recep Tayyip Erdogan vive una guerra civil interna que recuerda a los peores momentos del enfrentamiento armado de más de treinta años entre el ejército y los guerrilleros del Partido Kurdo de los trabajadores (PKK), la formación todavía considerada como "terrorista" por Ankara, Washington y Bruselas.
Varias regiones del sureste de Turquía, de mayoría kurda, viven desde hace semanas en estado de sitio. Los vecinos que no han podido huir de la ofensiva del ejército se ven obligados a vivir enclaustrados, sin agua, sin luz, sin cobertura telefónica y sin servicios médicos. Más de 130 civiles habrían muerto desde el inicio de los combates, hace tres meses, según informan organizaciones humanitarias.
"El Estado turco hace la guerra a su propio pueblo". Así se expresaba a finales de diciembre en el Parlamento de Ankara Figen Yuksekdag, vicepresidenta del pro-kurdo Partido de los Demócratas del Pueblo (HDP, en su acrónimo turco). Unas palabras que tuvieron poco eco fuera del país. La Unión Europea levanta la voz tímidamente cuando se trata de criticar a Erdogan, que tiene la llave para enviar hacia el oeste de Europa a miles de refugiados de los más de dos millones que viven hacinados en su territorio.
Erdogan, sin embargo, hace solo dos años había personalizado la esperanza de la paz con la guerrilla kurda. En marzo de 2013, el día de año nuevo kurdo (Nevruz), afirmó que había llegado el momento "de hacer callar las armas para poder oír a la política".
Abdullah Oçalan, el histórico líder del PKK, encarcelado y condenado en 1999 a cadena perpetua, había reiterado en marzo de este mismo año la necesidad de poner fin a un conflicto armado que dura casi 35 años. Ya en la clandestinidad antes de su captura, había renunciado a la independencia de la región kurda de Turquía, y se manifestó por una "autonomía democrática" que pudieran disfrutar los 15 millones de kurdos del país.

quarta-feira, 9 de dezembro de 2015

Hacia un Estado policial sectario y autoritario

El sábado 28 de noviembre mataron a tiros a Tahir Elçi, presidente de la asociación de abogados del sureste de la provincia de Diyarbakir y firme defensor de los derechos humanos de los kurdos, cuando leía un comunicado de prensa en la mencionada ciudad. Las fotos del cadáver de Elçi yaciendo en el suelo desbordaron velozmente las cuentas de las redes sociales, simbolizando la dificultad letal de hablar de la lucha por la paz en esta difícil coyuntura por la que Turquía y toda la región están pasando. A pesar del hecho de que Turquía es un país tristemente célebre por su largo historial de crímenes políticos sin resolver y su violencia política, el asesinato de Elçi supone un alarmante punto de inflexión en la fase final, tras la victoria del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) en las elecciones del 1 de noviembre, de la consolidación de un Estado policial sectario y autoritario.
En el presente ensayo sostengo que en la “nueva Turquía”, el gobierno que el AKP está imponiendo por la fuerza a sus ciudadanos va más allá de una mera transformación ideológica. Incluye una reorganización total del aparato de seguridad del Estado a fin de consolidar un Estado policial sectario y autoritario enteramente controlado por el gobierno del AKP bajo el liderazgo del presidente Recep Tayyip Erdogan. La institucionalización de este Estado policial se hace posible a través de una guerra física contra los kurdos que viene legitimada por la guerra del discurso, la total supresión de la disidencia y la manipulación de la dinámica regional. En el resto del ensayo, elaboraré este argumento centrándome en tres sucesos dispares que tuvieron lugar la pasada semana: el asesinato de Tahir Elçi; el arresto de Can Dündar y Erdem Gül, dos periodistas del diario Cumhuriyet; y el derribo de un avión militar ruso afirmando que había violado el espacio aéreo turco. Aunque esos acontecimientos son independientes unos de otros y por tanto, aparentemente, no hay una relación causal entre ellos, se unen como las piezas de un rompecabezas bastante desasosegante e incluso alarmante, lo que indica la muy profunda transformación que persigue la construcción de la “nueva Turquía”.

quinta-feira, 15 de outubro de 2015

Ankara, más terrorismo de estado

La lista sigue hasta completar los, al menos, 226 civiles asesinados durante los últimos dos meses en Turquía debido a “operaciones militares” y atentados sin esclarecer. Un reguero de sangre donde la masacre de Ankara es el último capítulo de una serie de crímenes que apuntan al Estado turco como directo responsable y que ya se han cobrado la vida de 531 personas desde 2011.

La masacre del sábado 10 de octubre fue perpetrada al explosionar dos bombas en medio de una “marcha por la paz”, convocada por organizaciones de izquierda turcas y apoyada por el HDP (Partido Democrático de los Pueblos), en contra de la política del gobierno de Erdogan (Presidente de Turquía). Inmediatamente después de las explosiones llegaron al lugar cientos de antidisturbios impidiendo el paso de las ambulancias. Los manifestantes tuvieron que apartar a la policía para permitir el paso de la ayuda sanitaria. La policía acabó cargando y lanzando gases lacrimógenos contra los heridos. Y finalmente tuvieron que ser algunos taxis los que acercaran muchos heridos a los hospitales. De hecho, la Asociación de Médicos de Turquía denunció el no haber podido atender a los heridos debido a los gases lacrimógenos de la policía. Una actuación de las fuerzas gubernamentales que no parece ser la mejor forma de proceder, especialmente si se pretende evitar más muertes… aunque, ciertamente, no parece ser ésa la preocupación del gobierno de Erdogan.

En las horas siguientes a la masacre, el régimen turco ha vuelto a bloquear twitter y facebook. Ha prohibido difundir fotos del atentado alegando motivos de "seguridad" ya que, según la agencia pública de noticias Anatolia, lo que se buscaría con dicha prohibición es “evitar la difusión de información que se considera propaganda terrorista".

A esta censura se suma la persecución a periodistas y las declaraciones del ministro turco Eroğlu calificando a las víctimas de “provocadores” y a la manifestación de “manifestación terrorista que pretende sembrar la discordia social”. Mientras, el alcalde de Ankara acusó al propio HDP de la autoría del atentado para, según él, “hacerse la víctima y ganar simpatías”. Además la policía cargó contra la marcha-funeral en homenaje a las víctimas del atentando que tuvo lugar ayer y detuvo a 11 militantes del HDP en distintas ciudades del país.

Y es que en Turquía cualquier mínima oposición a la política gubernamental es calificada de terrorista. Justificándose así cualquier asesinato. Sirva como ejemplo el asesinato a manos de la policía de Berkin Elvan, un niño de 14 años, acusado de terrorismo por Erdogan. La ecuación se lleva repitiendo constantemente hasta hoy. Se trata de una política intensificada desde las elecciones del pasado junio, cuando el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, presidido por Erdogan) perdió la mayoría absoluta y el partido pro kurdo, HDP, creció en votos. Se trata de otro macabro mecanismo del sistema de poder turco para aterrorizar a la oposición.

quarta-feira, 14 de outubro de 2015

El Estado Profundo en acción

El sábado 10 de octubre, en Ankara, capital del Estado turco, una movilización por la paz y contra la guerra adelantada por el Estado turco en contra del movimiento rebelde kurdo PKK, terminó en una de las peores atrocidades de ese país. La manifestación, convocada por sindicatos de izquierda de larga trayectoria en el Estado turco, como KESK y DISK, así como por organizaciones de izquierda como el partido pro-kurdo HDP, fue agredida cobardemente por dos explosiones detonadas por atacantes suicidas. El número de muertos ha alcanzado a los 130, lo que la convierte en la peor atrocidad en este país, dirigida específicamente contra miles de personas que se concentraron a manifestarse por la vida y contra la muerte. Para echar sal a la herida, el acceso de ambulancias fue obstruido por la policía, en un acto deliberado cuyo único objetivo era agravar el dolor y aumentar el número de muertos.

terça-feira, 13 de outubro de 2015

Atentado en Ankara, terror de Estado

Las informaciones se acumulan, se entrecruzan. En primer lugar afluyen las imágenes: la explosión, la policía cargando contra los manifestantes supervivientes, las ambulancias bloqueadas por cordones policiales... Luego viene el turno de los testimonios que cuentan cómo la policía ha repelido a quienes huían del lugar de la explosión, cómo desde sus autobuses las fuerzas antidisturbios insultan a los manifestantes que intentan organizar la circulación para que las ambulancias puedan pasar, cómo mueren algunos heridos por falta de atención a tiempo. Luego, la ola de informaciones se ralentiza, la causa es muy sencilla: el gobierno ha bloqueado el acceso a las redes sociales, Internet ha sido ralentizado. En definitiva, represión y censura como únicas respuestas de Erdogan.

Cada hora que pasa el balance se hace más duro. En el momento de escribir estas líneas se trata de cerca de 100 muertos y de unos 300 heridos. En cualquier caso, el atentado de Ankara es una carnicería espantosa que ha tenido por objetivo a militantes de izquierdas y/o kurdos, sindicalistas, defensores de derechos humanos reunidos para celebrar un mitin por el Trabajo, la Democracia y la Paz.

Este mitin iba a ser un inmenso éxito, los organizadores estaban seguros de su carácter extremadamente masivo. Venían manifestantes de toda Turquía convocados por organizaciones políticas, sindicales, asociativas, cámaras profesionales... para decir no a la política de guerra y represiva de Erdogan. Evidentemente, el principal actor político de este mitin debía ser el HDP (Partido Democrático de los Pueblos, que reúne al movimiento de liberación kurdo, a corrientes marxistas y a demócratas) reagrupando a su alrededor a toda la oposición consecuente y realmente existente en Turquía. Algunos días antes, el PKK había anunciado una tregua durante las elecciones previstas para el 1 de noviembre.

Pero el poder no quería que se produjera ese paisaje, una marea humana venida de los cuatro puntos del país que denunciaba los municipios kurdos en Estado de sitio y los asesinatos del Estado perpetrados en ellos, los pogromos organizados en las ciudades por los fascistas, la represión permanente. El poder ha actuado como sabe hacerlo, como lo hizo ya en Suruç donde fueron asesinados 33 revolucionarios: con una bomba. Este atentado no será reivindicado pero como está escrito en la pancarta de cabeza que ha reagrupado a decenas de miles de personas este anochecer en Estambul, "Conocemos a los culpables". Es decir, una dirección del Estado de carácter mafioso, de matones a sueldo, dispuesta a todo para mantener su posición.

segunda-feira, 12 de outubro de 2015

Turquía: Los atentados contra el HDP y la estrategia del miedo

La culpa de los horribles atentados en Ankara, que mataron a 86 personas e hirieron a otras 126 [balance en el momento que se escribió el artículo: NdE] en un mitin de activistas por la paz kurdos, es probable que se atribuya a los terroristas del Estado Islámico (Isis) que operan a través de la larga frontera de Turquía con Siria e Irak. Pero la proximidad de las elecciones generales turcas, previstas para el 1 de noviembre, con toda seguridad aumentarán las sospechas de los partidos de la oposición de que estén involucrados en los mismos las fuerzas oscuras que apoyan al autoritario gobierno encabezado por el presidente Recep Tayyip Erdoğan.
Isis está en conflicto abierto con los combatientes nacionalistas kurdos en el norte de Irak y Siria. En julio pasado uno o varios terroristas suicidas, al parecer de origen turco, atacaron una manifestación por la paz pro-kurda en Suruç, en el sur-este de Turquía. En esa ocasión, 37 personas perdieron la vida.
Isis está también en guerra con el Estado turco, que recientemente acordó permitir a los cazabombarderos estadounidenses utilizar su base aérea de Incirlik para atacar a los terroristas en su cuartel general sirio en al-Raqqa y en otros lugares. Erdoğan y su primer ministro, Ahmet Davutoglu, también han lanzado sus propios ataques aéreos turcos contra Isis, en parte en un intento de empujar a los terroristas lejos de la frontera sur, donde han intentado en vano crear una zona refugio o colchón segura.
Turquía ha admitido hasta 2 millones de refugiados sirios desde que la guerra civil estalló en 2011. Aunque la mayoría son víctimas auténticas de la guerra, algunos podrían ser simpatizantes de Isis y partidarios del califato islámico. Los políticos turcos están preocupados por el "enemigo interno". Al igual que el gobierno británico, teme la radicalización de su población musulmana.

quinta-feira, 11 de junho de 2015

La victoria kurda pone fin al proyecto presidencial e islamista de Tayip Erdogán

No es ninguna exageración afirmar que la jornada electoral de este domingo tiene un carácter histórico para la República fundada por Mustafá Kemal Ataturk hace 90 años. La impresionante victoria del HDP (Partido Democrático de los Pueblos) no solamente pone fin al proyecto presidencial e islamista de Tayip Erdogán, sino que traspasa las fronteras turcas para convertir al pueblo kurdo en un factor político internacional de primer orden, si se tienen también en cuenta sus victorias frente a los islamistas, en este caso militares, en Siria e Irak.
Erdogán, que gobierna este país desde hace más de una década, necesitaba 276 parlamentarios para modificar la Constitución a su imagen y semejanza, introduciendo cambios políticos acordes con ese proyecto presidencialista. Pero, para ello, necesitaba que el HDP no rebasara el 10 por ciento de los votos a nivel nacional, requisito imprescindible para tener representación parlamentaria.
La realidad es que resultaba verdaderamente difícil superar ese listón ya que la fuerza de la lista kurda se concentra, lógicamente, en las provincias situadas en el extremo suroriental de la Anatolia. Salvando las distancias, es como si Bildu o Esquerra Republicana intentaran tener más del 10 por ciento del electorado en el conjunto de España.
Por esta razón, las candidaturas kurdas en las anteriores elecciones lo eran a título individual y como candidatos independientes, lo que siempre les había asegurado una horquilla de representación entre los 20 y los 30 diputados, llegando hasta ahora, en total, al 6 por ciento de los votos a nivel nacional.

terça-feira, 9 de junho de 2015

El final de doce años de hegemonía

El escenario político de Turquía afrontará grandes cambios, con la pérdida de poder del presidente conservador islámico de Turquía. Perdió tres millones de votos en estas elecciones. 
Mientras caía la lira turca y la Bolsa abrió ayer con una baja de un 8,15 por ciento, el presidente islamista de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, veía naufragar su sueño de presidencialismo reforzado al perder ayer su partido la mayoría propia en el Parlamento e ingresar por primera vez una izquierda prokurda, laica y multiétnica.
Desde que llegó al poder en 2002, el partido Justicia y Desarrollo (AKP), del neoliberal Erdogan, disfrutó de mayoría parlamentaria propia y llegó a acumular el 60 por ciento de las bancas en su mejor momento. Esto le permitió al primer ministro turco, cada vez más criticado por el sesgo autoritario que fue imprimiendo a su régimen, reforzar los poderes del Ejecutivo cuando, por imposibilidad constitucional de reiterar su mandato como premier, debió ocupar la hasta entonces débil función presidencial. Si el AKP lograba la mayoría absoluta en las parlamentarias del 2015, Erdogan estaba decidido a reformar la Constitución para convertir el régimen parlamentario turco en uno presidencialista.
Erdogan mostró su desprecio por la Constitución durante la propia campaña, en la cual violó sus atribuciones presidenciales cuando llegó a pedir el voto para los islamistas con el Corán en la mano mientras criticaba al Partido Democrático de los Pueblos (HDP). El resultado de esas actitudes y la difícil situación económica fue desolador: con una participación superior al 86 por ciento del electorado y tres millones de nuevos votantes, el AKP perdió tres millones de votos con respecto a 2011, al pasar de 21,4 millones a 18,4 millones.
Se convirtió así en lo que el Today’s Zaman, un periódico por lo general favorable a su gobierno, definió como “el gran perdedor”. El Zaman señaló como uno de los motivos de esta derrota el oportunismo descarnado de Erdogan, quien en 2007 se oponía a reforzar la figura presidencial, pero pasó a favorecer ese refuerzo cuando en 2011 venció con 49,8 por ciento en una elección a la que iba, justamente, como candidato a presidente.
El último período de gobierno de Erdogan se caracterizó por un creciente malestar y multitudinarias movilizaciones –que fueron reprimidas con extrema dureza– en la plaza Taksim de Estambul y en otros puntos de Turquía. Como el AKP sólo recogió un 40,8 por ciento de los votos, Erdogan tendrá que descartar el sueño de poder que acariciaba, y su partido se verá obligado a formar gobierno de minoría, o buscar una coalición. La otra alternativa es un llamado a elecciones anticipadas.
Mientras que al AKP le faltan unos 20 escaños para la mayoría, los demás partidos excluyeron de forma categórica cualquier cooperación con los islamistas.
El Partido Republicano del Pueblo (CHP), el tradicional partido laico de Turquía y heredero del nacionalismo democrático y popular de Mustafá Kemal Ataturk, liquidador del Imperio Otomano, cree que puede formar un gobierno desde su 25,1 por ciento de los votos, a pesar de haber perdido tres escaños con respecto al año 2011.