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quinta-feira, 17 de dezembro de 2015

O grande assalto aos bancos gregos

Desde 2008 que os resgates aos bancos têm implicado uma transferência significativa de perdas para os contribuintes privados na Europa e nos Estados Unidos. O último resgate bancário grego constitui uma história que mostra como a política - neste caso, europeia - é conduzida de forma a maximizar as perdas públicas para benefícios privados questionáveis.
Em 2012, o insolvente Estado grego pediu emprestados 41 mil milhões de euros (45 mil milhões de dólares ou 22% do produto interno em contração da Grécia) aos contribuintes europeus para recapitalizar os bancos comerciais insolventes do país. Para uma economia nas garras de uma dívida insustentável, e da espiral dívida-deflação associada, o novo empréstimo e a austeridade rigorosa que trazia como condição foram uma grilheta. Contudo, a promessa feita aos gregos foi que este resgate salvaguardaria os bancos do país de uma vez por todas.

sexta-feira, 17 de julho de 2015

Desengáñate, Yanis: el capitalismo se niega a ser salvado

Amigo Yanis. 

Gracias por el coraje y la constancia con que has tratado de defender hasta el final el honor y el bienestar de tu pueblo y, con él (como muy bien sabían tus adversarios), el de muchos otros pueblos de Europa, no sólo del Sur de este viejo (¿senil?) continente. Por eso y porque no todos tus compañeros de partido (empezando por tu jefe de filas) han tenido el coraje del que tú has hecho gala, has acabado fuera de juego: los buenos ejemplos resultan insoportables para quienes no son capaces de seguirlos. Espero que sobrelleves el abandono de los tuyos con el mismo orgullo con que llevas el odio de los adversarios.
Adversarios que te honran. Porque ¿qué mayor honor que tener por adversario a ese lechuguino con pinta de broker que preside el Eurogrupo, ese holandés aberrante con nombre de flor y consistencia de cardo? ¿O a la banca alemana y su palafrenera ossie, reencarnación teutónica de Margaret Thatcher? ¿O al frustrado aspirante español (casi na) a presidir el Eurogrupo? ¿O a esos “socialistas” alemanes que harían sonrojarse a Bismarck y que una y otra vez, y todas la veces que haga falta, firman y rubrican los créditos de guerra, sea para dar luz verde a los cañones de agosto o a los memorandos de julio?
No debes sentirte frustrado por haber perdido esa guerra, amigo Yanis. A tal señor, tal honor. El estigma de haber vencido contra la razón y la justicia lo arrastrarán para siempre tus vencedores. Y aunque muchos seamos cortos de memoria, siempre habrá quien nos recuerde la infamia cometida por esos lacayos de la codicia. Y nosotros o nuestros hijos celebraremos con regocijo el día de su caída. Día que llegará, no te quepa duda.
Tu única falta ha sido un exceso de generosidad: has querido, como dijiste al principio de este drama, “salvar al capitalismo de sí mismo”. Pues ya ves: no se deja. Es un vehículo al que, si alguna vez los tuvo, se le han suprimido los frenos. No puede parar. Lo pilota una tripulación formada por necios, drogadictos y cobardes. De hecho, la mayoría de ellos posee a la vez todas esas cualidades: ciegos a la realidad del sufrimiento ajeno, adictos a la droga del dinero fácil e incapaces de soportar el más mínimo sufrimiento propio.
Ese vehículo, amigo Yanis, no tiene salvación posible, porque ha rebasado ya hace tiempo, como los aviones en maniobra de despegue, el punto de no retorno. Sólo se detendrá cuando se estrelle. Con nosotros dentro, claro: por eso tantos de nosotros nos ponemos de parte de los pilotos y les rogamos que sigan adelante. Por eso tantos de tus compatriotas (y de los míos) prefieren seguir en la cárcel volante de la Unión Monetaria Europea (ese epítome del capitalismo contemporáneo) antes que saltar fuera de ella sin saber si se les abrirá el paracaídas. El capitalismo, querido Yanis, esa maquinaria de explotación cuyos engranajes explotadores están hechos con la propia carne de los explotados, es, por su propia naturaleza, masoquista.

quinta-feira, 12 de março de 2015

¿Qué pasó realmente en la negociación entre el Eurogrupo y Grecia?

Lo que sigue es una composición personal de lugar sobre la cadena de acontecimientos que se desarollaron entre el 1 al 20 de febrero, a partir de conversaciones mantenidas en la pasada semana en Bruselas y en Atenas con distintos responsables de la negociación. 20 días en los que se estuvo al borde del accidente que hubiera supuesto la salida de Grecia de la zona euro, evento que algunos creían controlado, pero que hubiera tenido consecuencias tan graves como imprevisible. Las buenas artes del equipo negociador griego y razones que van más allá de la crisis de la Eurozona evitaron lo peor. La crisis no está ni mucho menos cerrada. Los próximos cuatro meses van a ser clave para el futuro de Grecia en el Euro, y para la suerte del conjunto de la Eurozona.

Varoufakis inició su gira europea el primero de febrero. Las dos capitales europeas elegidas para el inicio de la gira fueron París y Londres. La primera elección parecía obvia, Varoufakis trataba de obtener el apoyo francés para afrontar la dura negociación con Schäuble.

Pero, ¿y Londres? ¿Por qué Londres? ¿Por qué visitar antes que Berlín o Frankfurt un país que no pertenece a la eurozona? Parece que Varoufakis buscaba un doble objetivo: obtener inversión de la City para financiar al gobierno ante el previsible ahogo al que le sometería Schäuble, y buscar apoyo británico para frenar el peligro de expulsión de la eurozona. Fracasó en el primer objetivo. A las emisiones de T-bills sólo acudió la banca griega.

En lo segundo sí parece que Varoufakis obtuvo la intervención de Londres. Osborne estuvo extremadamente activo en la negociación. Tanto es así que Schäuble, tras el Eurogrupo del 16 de febrero, acusó a Osborne de ser “el sujeto más activo del club sin pertenecer a él”.

¿Y Francia? Grecia sólo ha obtenido durante la negociación buenas palabras y poco más. La impresión de los  griegos era que si la cosa salía bien, Francia se apuntaría a caballo ganador. Pero no arriesgarían lo más mínimo. Ver a Francia convertida en un poder europeo menor en esta negociación ha venido a confirmar el escaso talento político de Hollande.

El 4 de febrero se produjo un acontecimiento clave: el BCE decidió no aceptar deuda griega como colateral para permitir a la banca comercial acceder a la liquidez. Draghi cedió a las presiones alemanas, en las que al parecer la consejera Lautenchläger jugó un papel determinante. Draghi acababa de torcer el brazo alemán al imponer su programa de expansión cuantitativa. No le quedaba margen con Grecia.

Schäuble perseguía (y logró) con esta decisión generar la incertidumbre necesaria para provocar una fuga de depósitos masiva en Grecia. Y la cosa estuvo efectivamente a punto de irse de las manos. La salida de capitales de Grecia llegó a alcanzar 1.500 millones de € diarios, según fuentes del gobierno griego. El pánico bancario  estuvo a punto de producirse. Y una vez empieza, es prácticamente imposible detenerlo.

quarta-feira, 4 de março de 2015

Cómo me convertí en un marxista errático

En 2008, el capitalismo tuvo su segundo espasmo global. La crisis financiera produjo una reacción en cadena que empujó a Europa en una espiral descendiente que continúa hasta el día de hoy. La situación presente de Europa no es meramente una amenaza para los trabajadores, para los desposeídos, para los banqueros, para las clases sociales o, efectivamente, para las naciones. No, la posición actual de Europa es una amenaza para la civilización como la conocemos.
Si es que mi pronóstico es correcto, y no estamos enfrentando solamente a otro declive cíclico que prontamente superaremos, la cuestión que surge para los radicales es esta: ¿deberíamos darle la bienvenida a esta crisis del capitalismo europeo como una oportunidad para reemplazarlo por un mejor sistema? ¿o deberíamos estar preocupados respecto a como embarcarnos en una campaña para estabilizar al capitalismo europeo?
Para mí, la respuesta es clara. Es menos probable que la crisis europea de a luz a una mejor alternativa al capitalismo a que desate peligrosamente fuerzas regresivas que tienen la capacidad de ocasionar un baño de sangre humanitario, al mismo tiempo que extinguen las esperanzas para cualquier movimiento progresivo para las generaciones futuras.
Por este punto de vista he sido acusado, por bien intencionadas voces radicales, de ser “derrotista” y de intentar salvar lo indefendible del sistema socioeconómico europeo. Esta crítica, lo confieso, duele. Y duele porque contiene algo más que un núcleo de verdad.
Comparto la visión de que esta Unión Europea está tipificada por un largo déficit democrático que, en combinación con la negación de su defectuosa arquitectura de su unión monetaria, ha puesto a las personas de Europa en el camino a la recesión permanente. Y también cedo ante la crítica de que he hecho campaña para una agenda fundada en la suposición de que la izquierda estaba, y se mantiene, completamente derrotada. Lo confieso y preferiría estar promoviendo una agenda radical, la raison d’être de lo que es reemplazar el capitalismo europeo por un sistema diferente.