photo: rogério barroso. Foto nº 2011 - escadinhas Senhora da Saúde.
Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
sexta-feira, 7 de agosto de 2015
A 70 años del ataque nuclear sobre Japón, la nación nipona impulsa su guerrerismo
Ante un nuevo aniversario de los ataques nucleares por parte de Estados Unidos sobre las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki, miles de japoneses comenzaron la conmemoración para recordar las 300 mil víctimas de los ataques. En acto oficial, Shinzo Abe, primer mandatario
nipón, instó a la comunidad internacional a terminar con el armamento
nuclear mientras impulsa reforma constitucional para incrementar el
guerrerismo de su país.
En el Parque de la Paz, ubicado en el hipocentro de la explosión nuclear, se llevó adelante el acto oficial, donde participaron las principales autoridades gubernamentales de Japón con la asistencia de 40.000 personas.
El primer ministro Abe anunció que Japón “promoverá medidas para el desarme nuclear” durante la cumbre de líderes del G7 que se celebra el año próximo en la localidad costera de Shima.
Pero este nuevo aniversario, como todos en Japón durante los áultimos años, es aprovechado por las autoridades políticas de ese país para accionar sobre la situación militar nipona. Si bien su Constitución tiene un marcado sesgo pacifista, incorporado justamente luego de la Segunda Guerra Mundial, desde hace tiempo Shinzo Abe impulsa una modificación en la Carta Magna cuyo objetivo es ampliar la capacidad militar de la nación para dar vía libre a la intervención de sus fuerzas militares por fuera de sus fronteras.
El alcalde de la ciudad de Hiroshima, Kazumi Matsui, convocó al desarme nuclear pero se distanció de Abe, al declarar que es necesario “Trabajar con paciencia y perseverancia (para lograr sistemas de seguridad que permitan eliminar la amenaza nuclear) será vital, y requerirá que promovamos por todo el mundo el camino a la paz verdadera revelado por el pacifismo de la Constitución japonesa”.
De forma contundente, los hibakusha, sobrevivientes del ataque nuclear norteamericano, se oponen a las reformas impulsadas por Abe, considerándolas inconstitucionales, denunciando las intenciones guerreristas detrás de la maniobra. Durante el acto, uno de los oradores, justamente un hibakusha, instó a las autoridades japoneas a no cometer los mismos errores del pasado, mientras desde los presentes se entonaban gritos de “no a la guerra”.
Como todos los años, del acto participaron, además de la Emabajadora de EEUU, la principal potencia nuclear del mundo, representantes de un centenar de países -entre ellos potencias nucleares como Reino Unido, Francia y Rusia-, y se colocó en el monumento una lista con los nombres de las víctimas.
En el Parque de la Paz, ubicado en el hipocentro de la explosión nuclear, se llevó adelante el acto oficial, donde participaron las principales autoridades gubernamentales de Japón con la asistencia de 40.000 personas.
El primer ministro Abe anunció que Japón “promoverá medidas para el desarme nuclear” durante la cumbre de líderes del G7 que se celebra el año próximo en la localidad costera de Shima.
Pero este nuevo aniversario, como todos en Japón durante los áultimos años, es aprovechado por las autoridades políticas de ese país para accionar sobre la situación militar nipona. Si bien su Constitución tiene un marcado sesgo pacifista, incorporado justamente luego de la Segunda Guerra Mundial, desde hace tiempo Shinzo Abe impulsa una modificación en la Carta Magna cuyo objetivo es ampliar la capacidad militar de la nación para dar vía libre a la intervención de sus fuerzas militares por fuera de sus fronteras.
El alcalde de la ciudad de Hiroshima, Kazumi Matsui, convocó al desarme nuclear pero se distanció de Abe, al declarar que es necesario “Trabajar con paciencia y perseverancia (para lograr sistemas de seguridad que permitan eliminar la amenaza nuclear) será vital, y requerirá que promovamos por todo el mundo el camino a la paz verdadera revelado por el pacifismo de la Constitución japonesa”.
De forma contundente, los hibakusha, sobrevivientes del ataque nuclear norteamericano, se oponen a las reformas impulsadas por Abe, considerándolas inconstitucionales, denunciando las intenciones guerreristas detrás de la maniobra. Durante el acto, uno de los oradores, justamente un hibakusha, instó a las autoridades japoneas a no cometer los mismos errores del pasado, mientras desde los presentes se entonaban gritos de “no a la guerra”.
Como todos los años, del acto participaron, además de la Emabajadora de EEUU, la principal potencia nuclear del mundo, representantes de un centenar de países -entre ellos potencias nucleares como Reino Unido, Francia y Rusia-, y se colocó en el monumento una lista con los nombres de las víctimas.
quarta-feira, 5 de agosto de 2015
El diktado de Alemania
Sólo en las películas de terror se ven escenas tan sádicas como las que vimos el 13 de julio pasado en Bruselas, cuando el primer ministro griego Alexis Tsipras –herido, derrotado, humillado– tuvo que acatar en público, cabizbajo, el diktado de la canciller de Alemania, Angela Merkel, renunciando así a su programa de liberación por el cual fue elegido, y el cual precisamente acababa de ser ratificado por su pueblo mediante referéndum.
Exhibido por los vencedores como un trofeo ante las cámaras del mundo, el pobre Tsipras tuvo que tragarse su orgullo y tragar también tantos sapos y culebras que el propio semanario alemán Der Spiegel, compadecido, calificó la lista de sacrificios impuestos al pueblo griego de “catálogo de horrores”...
Cuando la humillación del líder de un país alcanza niveles tan espeluznantes, la imagen se queda en la historia para aleccionar a las generaciones venideras, incitadas a no aceptar nunca más un trato semejante. Así han llegado hasta nosotros expresiones como “pasar por las horcas caudinas” (1) o el célebre “paseo de Canossa” (2). Lo del 13 de julio fue tan enorme y tan absolutamente irreal que quizás este día también será recordado en el futuro de Europa como el día del “diktado de Alemania”.
La gran lección de ese escarnio es que se ha perdido definitivamente el control ciudadano con respecto a una serie de decisiones que determinan la vida de la gente en el marco de la Unión Europea (UE) y, sobre todo, en el seno de la zona euro, hasta tal punto que podemos preguntarnos: ¿de qué sirven las elecciones si los nuevos gobernantes se ven obligados a hacer lo mismo que los precedentes en los temas esenciales, es decir, en las políticas económicas y sociales? Bajo este nuevo despotismo europeo, la democracia se define, en menor medida, por el voto o por la posibilidad de escoger y, en mayor medida, por el imperativo de respetar reglas y tratados (Maastricht, Lisboa, Pacto Fiscal) adoptados hace tiempo y que resultan verdaderas cárceles jurídicas sin posibilidad de evasión para los pueblos.
Al presentar a las muchedumbres a un Tsipras con la soga al cuello y coronado de espinas –“Ecce Homo”–, Merkel, Hollande, Rajoy y los otros pretendían demostrar que no hay alternativa a la vía neoliberal en Europa. Abandonad toda esperanza, electores de Podemos y de otros frentes de izquierda europeos; estáis condenados a elegir gobernantes cuya función consistirá en implementar las reglas y los tratados definidos una vez por todas por Berlín y el Banco Central Europeo.
Lo más perverso es que, al igual que en un juicio estalinista a semejanza del “Proceso de Praga”, se le ha exigido a quien más criticó el sistema, a Alexis Tsipras, que sea quien se humille ante él, que lo elogie y que lo suplique.
Los que ignoraban que vivíamos en un sistema despótico lo han descubierto en esta ocasión. Algunos analistas dicen que ya estamos en un momento que podríamos calificar de “postdemocrático” o de “postpolítico”, ya que lo que pasó el 13 de julio en Bruselas demuestra el desgaste del funcionamiento democrático y del funcionamiento político. Además, muestra que la política ya no consigue dar las respuestas que los ciudadanos esperan, aunque voten mayoritariamente a favor de ellas.
La ciudadanía observa, desesperanzada, cómo se exige al partido griego Syriza, que ganó las elecciones y que ganó un referéndum con un discurso contra la austeridad, que aplique con mayor brutalidad la política de recortes que los electores rechazaron. Consecuentemente, muchos se preguntan: ¿para qué sirve elegir una alternativa si la alternativa acaba siendo exactamente una repetición de lo mismo?
¿Dónde está el prometido consumidor 3.0?
Antes de que estallara la crisis, ya se hablaba con auténtico entusiasmo del nuevo consumidor informado y exigente, especialista a la hora de contrastar en Internet productos, marcas y tiendas. Pero el mantra del consumidor racional no se sostiene. Tampoco, incluso, tras la crisis y su efecto sobre la compra impulsiva.
En un reciente estudio de la consultora TNS y la Fundación Rodríguez de la Fuente, un 65% de las personas encuestadas reconoce que sus hábitos de consumo afectan mucho o bastante al deterioro del medio ambiente, y un 95% piensa que tener unos hábitos de consumo responsables ayudaría a proteger nuestros ecosistemas. Entonces, ¿por qué el modelo de consumo es cada vez más insostenible? Este abismo entre las buenas intenciones y lo que realmente está ocurriendo en el terreno del consumo es un fenómeno, cuanto menos, curioso.
Aunque el informe Brundtland ya hablaba en 1987 de los retos medioambientales que tendría que afrontar la humanidad, como el efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad o el agujero de ozono, hasta 2007 no se traslada el debate a la esfera de la opinión pública. Ese año, el que fuera vicepresidente de los EEUU, Al Gore, ganaba dos Oscars por su documental sobre cambio climático y recibía el Premio Nobel de la Paz junto al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), grupo que vino a representar el acuerdo de la comunidad científica sobre la gravedad del asunto. Sin embargo, el primo de Rajoy y el negacionismo rancio ha terminado ganando por la vía de los hechos: lo importante, una vez más, ha quedado relegado por lo urgente, la crisis.
Hasta entonces, hemos vivido y sufrido un aumento de los productos y anuncios “verdes”, con coches híbridos, energías renovables y aerogeneradores en casi cualquier anuncio. Íñigo Aguirre, investigador de mercados, habla de un cambio de tendencia donde crece el “interés por los valores institucionales de la marca (responsabilidad social, actitud ética, compromiso medioambiental, transparencia institucional..), que cada vez cobran más presencia en la mente del consumidor”. De este consumidor se dice que es más exigente, que ya no solo se mueve por el tradicional vector precio/calidad y que, sobre todo, dispone de mucha más información y aparatitos: bienvenido, consumidor 2.0.
El reclamo de lo “eco”, lo “natural” y lo “sostenible” se hizo tan abundante, que el Ministerio de Medio Ambiente terminó creando un código de autoregulación para las grandes empresas, con el objetivo de que “no se abuse de la preocupación de los consumidores por el medio ambiente y no se explote la posible falta de conocimiento de los consumidores en materia ambiental".
De hecho, una investigación del Centro Complutense de Estudios de Información Medioambiental habla de «ecofatiga ante los mensajes proambientales» en las consumidoras y los consumidores y, también, de «una cierta desconfianza en los productos eco, identificando cualquier discurso ecologista (incluso el de asociaciones ecologistas) con el lavado verde publicitario».
terça-feira, 4 de agosto de 2015
El elefante kurdo
En la zona de crisis que incluye Irán, Iraq, Turquía y Siria, los kurdos son el elefante en la habitación. Constituyen el “problema” del que nadie quiere hablar realmente.
Porque estaría compuesto de trozos pequeños de sus territorios, los países de la región se oponen a un Kurdistán independiente. Los protagonistas externos, mientras tanto, sienten diversos grados de culpa por haber abandonado a los kurdos durante años, por no hacer caso de los abusos de los derechos humanos impuestos a la minoría, por ignorar las promesas de autodeterminación (que datan de los 14 Puntos de Woodrow Wilson) y por utilizar a los kurdos como peones en una miríada de juegos geopolíticos. Las sensibilidades soberanas y la culpa externa se combinan para arrojar un manto de invisibilidad sobre los kurdos.
Pero el problema kurdo es también otro tipo de elefante que tantean los analistas ciegos y después suministran informes contradictorios de lo que han descubierto.
Para algunos observadores el elefante kurdo es todo colmillo, un animal violento e insaciable que pone en peligro todo lo que se encuentra en su órbita. Para otros los kurdos son un amplio flanco fuerte y fiable. Y para otros los kurdos solo son una pequeña cola delicada, víctima fácil de cualquier idea de último momento.
Cuando mezclamos estas dos metáforas llegamos a un cuadro de los kurdos como una criatura grande, frecuentemente ignorada y a menudo malinterpretada y todas las demás bestias de la selva son ciegas intencional o genéticamente. ¿Qué sería más ridículo que ciegos conduciendo lo invisible?
Se trata de una mala combinación incluso en tiempos de paz. Pero es especialmente irritante ahora, cuando los kurdos se encuentran en el centro mismo de los problemas más urgentes que enfrenta el Oriente Próximo: el ascenso del Estado Islámico, la continua fragilidad de Iraq, la desintegración de Siria y el futuro democrático de Turquía.
Esta urgencia aumentó un grado en la semana pasada. El Gobierno de Obama acaba de asociarse con Turquía para declarar una “zona segura” en la frontera con Siria, directamente entre territorios que las milicias kurdas han ocupado. Este anuncio tiene lugar solo unos días después de que Ankara rompiera un alto el fuego de dos años de duración y bombardease posiciones kurdas en Iraq (y posiblemente también en Siria).
Lo que nos lleva a nuestra tercera metáfora elefantina. Cuando los paquidermos de la región combaten –EE.UU., Turquía, Siria– no solo el pasto debe tener cuidado. Y también el elefante kurdo: colmillos, flanco, cola y todo.
25 verdades del economista Thomas Piketty sobre la deuda griega
El autor del libro El capital en el siglo XXI denuncia la hipocresía de la troika y del Fondo Monetario Internacional sobre la cuestión de la deuda. [1]
- En el pasado, las deudas públicas fueron mucho más importantes que la actual deuda de Grecia. Esta se eleva a 312.000 millones de euros y representa el 170% de la producción anual del país. La deuda de Grecia en realidad es irrisoria, pues la economía del país sólo representa el 2% del PIB de la zona euro. Por lo tanto la deuda apenas representa el 3% del PIB de la zona euro y no constituye un peligro para el equilibrio económico de Europa.
- Las grandes potencias europeas como Francia, Alemania y el Reino Unido también tuvieron en el pasado, particularmente en el siglo XIX y el siglo XX, una deuda superior al 200% de su PIB. Cada vez que ocurrió, se encontró una solución.
- “En el siglo XX, Francia y Alemania son los dos países por excelencia que nunca rembolsaron su deuda pública”.
- “Hay algo irónico” en exigir a Grecia un rembolso imperativo de su deuda olvidando que “Europa se construyó después de la Segunda Guerra Mundial sobre ciertos principios, particularmente la cancelación de las deudas del pasado para invertir en el porvenir”.
- Así, en 1953, Europa decidió colectivamente cancelar toda la deuda exterior de Alemania pues había “elegido el porvenir”.
- Existen varios métodos frente al problema de la deuda. El método lento e ineficiente, que se aplica actualmente a Grecia, consiste en pedir a la nación que acumule excedentes presupuestarios (recaudaciones tributarias superiores a los gastos públicos) y los dedique al rembolso de los créditos. Tiene el defecto de durar a veces más de un siglo, socavar el crecimiento económico y tener un costo social muy elevado.
- “Cuando se supera cierto nivel de deuda pública hay que utilizar métodos más rápidos”. Existen tres que se usaron en el pasado: la inflación moderada, los impuestos excepcionales sobre los patrimonios privados y sobre todo la cancelación de las deudas.
- “Hubo cancelaciones de deudas en la pasado y habrá otras en el futuro”.
- “Los gobiernos no tienen el valor de poner [el tema de la cancelación de la deuda] en la mesa”, lo que de todas formas es inevitable si se quiere salir de la crisis y “cuanto antes mejor”.
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