Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve

quarta-feira, 2 de setembro de 2015

La prisión como plantación de esclavos

 


Keith Calhoun, fotografía de la serie Prisión Estatal de Angola, o Complejo Industrial Carcelario, Louisiana, EE.UU.: "¿Quién es ese hombre a caballo? No sé su nombre pero le dicen Jefe" (circa 1980).


 Chandra McCormick y Keith Calhoun llevan tres décadas documentando la experiencia afroamericana en Nueva Orleáns y otras áreas del estado de Louisiana (EE.UU.). Sus fotografías retratan estibadores y obreros de la caña de azúcar, gente tocando música o bailando, niñas en camino a la iglesia, presos de la cárcel de Angola. La serie Angola -también llamada Complejo Industrial Carcelario- fue realizada entre 1980 y 2013.

La Penitenciaría Estatal de Louisiana, conocida como Angola, es la cárcel de máxima seguridad más grande de EE.UU. Ubicada a unos 250 km de Nueva Orleáns fue fundada en 1869 en terrenos donde originalmente había plantaciones de algodón y caña de azúcar cultivados por esclavos. La más extensa de estas plantaciones tenía el nombre de Angola, el país de procedencia de las personas esclavizadas. Desde su origen, la cárcel se rigió con un brutal sistema de trabajo forzado de los presos (mayoritariamente negros) bajo la supervisión de capataces (mayoritariamente blancos) montados a caballo, escena típica de una plantación de esclavos. El estado sureño de Louisiana ha sido llamado "la capital de las prisiones del mundo" porque ser el estado con más presos per cápita del país con más presos en el mundo. En efecto, Estados Unidos, cuya población representa menos del 5% de la población mundial tiene aproximadamente el 25% de los presos a nivel mundial (datos de World Prison Studies). [1]


El trabajo fotográfico de Chandra McCormick y Keith Calhoun explora la condición de plantación de esclavos que subyace desde el origen de la prisión de Angola. La llamada cárcel-granja es un término que esconde un sistema carcelario que explota el trabajo forzado de los presos, que en su mayoría son afroamericanos.

Dice Chandra McCormick sobre la serie de Angola: "Tenemos muchas fotos de hombres encarcelados, pero este proyecto fue más allá de ellos. A medida que documentábamos la gente en prisión y la conocíamos, veíamos los efectos que la situación tenía en los miembros de la familia. Cuando un ser querido está detrás de las rejas, las presiones que esta persona enfrenta también son sufridas por la familia afuera; es como si ellos también se sintieran presos, de varias maneras. Estas fotos son sobre la cárcel literalmente pero también sobre los efectos que la cárcel tiene en los familiares y cómo los niños tienen que soportar un conflicto mental cuando sus familiares están encarcelados". [2]
 

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2049 - Aljezur.

terça-feira, 1 de setembro de 2015

Esa tradición tan española de hacer la pelota a Arabia Saudí

La familia había abandonado su hogar huyendo de la guerra para refugiarse en una escuela del norte de Adén, en Yemen. El 9 de julio un ataque de la coalición liderada por Arabia Saudí acabó con la vida de 10 de sus miembros. 4 niños fueron asesinados. Tres días antes, las fuerzas de la coalición bombardeaban un mercado de ganado. “Había fragmentos de cuerpos y sangres de animales y seres humanos, todo mezclado”, relató un superviviente de la masacre. En los últimos meses se han producido más matanzas: solo entre junio y julio, el contingente comandado por Arabia Saudí ha asesinado al menos a 141 civiles, según una investigación de Amnistía Internacional.
En 2014 España vendió armas por valor de unos 292,9 millones de euros a Arabia Saudí (desde 2003 a 2014 la suma asciende a unos 725 millones), sin que se conozcan cuáles son los controles para evitar que ese armamento termine utilizándose contra víctimas inocentes. El Gobierno, en una respuesta parlamentaria a ERC conocida este mes de agosto, justifica la venta a Arabia Saudí en que "hay garantías del uso final”, lo cual en sí mismo –y con la información pública de la que se dispone– no supone garantía alguna, y ya sabemos por experiencia que las armas no son fabricadas precisamente para ser expuestas en un museo de arte contemporáneo.
El Gobierno explica que con Arabia Saudí se cumplen las normas internacionales sobre venta de material militar, en especial los criterios relacionados con los derechos humanos. Amnistía Internacional opina lo contrario y reclama la suspensión de la venta de armamento a todas las partes involucradas en la guerra de Yemen. En todo caso, el Gobierno insiste en que "ha mostrado desde el principio su honda preocupación por las graves consecuencias humanitarias del conflicto de Yemen", lo que demuestra que, al menos, España cumple todas las normas internacionales de cinismo y pleitesía.
En enero el rey Felipe VI ­–acompañado por el ministro de Defensa, Pedro Morenés– viajó a Riad para expresar personalmente sus condolencias por la muerte del rey Abdalá. Felipe ya había viajado en octubre de 2011 a Arabia Saudí por el fallecimiento del heredero del trono, y en 2005 Juan Carlos interrumpió sus vacaciones en Mallorca cuando se conoció el deceso del rey Fahd. Aquella semana el velero “Bribón” salió a competir en las aguas del Mediterráneo con un crespón negro en la bandera de España.
No se conocen gestos similares de las instituciones españolas por las víctimas del régimen saudí. Más bien al contrario. La venta de armamento a Arabia Saudí tampoco se suspendió en 2011 cuando fuerzas saudíes entraron en Baréin para reprimir las revueltas ciudadanas. Y aquella represión coincidió con la visita a Arabia Saudí de una delegación española en la que el presidente del Senado, Javier Rojo, declaró: “España y Arabia Saudí comparten posiciones en los aspectos fundamentales de emplear el diálogo para solventar conflictos y es fundamental la defensa de los ciudadanos frente a la violencia”.

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2048 - Aljezur.

Empresas alemanas ligadas a la corrupción en Grecia

Siemens, Daimler, Rheinmetall, los buques insignia industriales que han contribuido a la reputación de la economía alemana, están inmersos en un escándalo de corrupción a gran escala en Grecia, país al que Alemania no deja de echar en cara sus prácticas fraudulentas.
Todavía no hay fecha para la comparecencia de 19 antiguos directivos del conglomerado alemán Siemens ante la justicia griega, pero ya se anuncia como uno de los procesos financieros más importantes de la década en Grecia.
Sesenta y cuatro personas están acusadas de corrupción pasiva y activa y blanqueo de dinero en el marco de un gigantesco caso de sobornos pagados para acceder al jugoso mercado público.
Se trata del "mayor escándalo que implica a una empresa en la historia de la posguerra de Grecia", según la organización estadounidense CorpWatch, que escruta las prácticas de las empresas.
La instrucción habrá durado nueve años y 2,368 páginas. El grupo bávaro, que mantiene vínculos con Grecia desde el siglo XIX, está acusado de "pagar" a diferentes responsables para obtener el gran proyecto de la modernización de la red telefónica griega a finales de los años 90.
En total, Siemens habría pagado 70 millones de euros en sobornos para hacerse con el contrato para digitalizar la empresa de telecomunicaciones griega OTE.
Entre los acusados se encuentra el antiguo directivo de Siemens en Grecia, Michalis Christoforakos. Pero es poco probable que este germanogriego de 62 años se siente en el banquillo. Refugiado en Baviera desde su huida de Grecia en 2009, la justicia alemana rechaza categóricamente su extradición, arguyendo que los hechos han prescrito.
Las relaciones ya difíciles entre Alemania y Grecia no han mejorado con esta decisión.

Pedid, y se os dará


by Kalvellido

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2047 - Aljezur.

Son seres humanos

Gente no son: nadie podría tolerar oír que se ahogan seres humanos una y otra vez. En el mejor de los casos, son estadísticas sombrías pero intangibles, que sirven para chasquear la lengua antes de retomar la rutinaria vida cotidiana. Para otros, son una indeseada muchedumbre que no es bienvenida y que la Fortaleza Europa debe mantener fuera: llena de potenciales sanguijuelas indignas que no tienen sitio en Occidente. En la jerarquía de la muerte, cualquiera etiquetado de “inmigrante” debe ocupar su lugar cerca del fondo. Es un mundo deshumanizado: para demasiada gente, eso sucede por ahí abajo con “pequeños delincuentes”, y ¿quién llora a los pequeños delincuentes?
A medida que se filtran de modo efímero en la cobertura mediática las noticias de cerca de 200 refugiados muertos frente a las costas de Libia, lo único garantizado es que habrá más que se ahoguen. Y con las noticias de los más de 70 refugiados hallados muertos en un camión en Austria –tratar de imaginar sus últimos momentos de vida dispara una horrible sensación en la boca del estómago– sabemos que se encontrarán más cuerpos en más camiones. Aquellos de nosotros que deseamos un trato más compasivo para las personas que huyen de situaciones desesperadas, hemos fracasado a la hora de ganarnos la opinión pública, y el precio de eso es la muerte.
Para los que creen que la hostilidad a los seres humanos de otros países que han perdido en la lotería de la vida es algo en nosotros innato, hay pruebas de lo contrario. Alemania acepta cerca de cuatro veces más de refugiados que Gran Bretaña; y por cada sirio que busca asilo recibido por Gran Bretaña, Alemania acepta 27. Y pese a que nuestra generosidad se compara descarnadamente con la alemana, la mitad de los alemanes se mostraba a favor en un sondeo de admitir todavía a más refugiados.
Es este un debate que no pueden ganar las estadísticas. Podemos decirle a la gente que quienes llegan hasta Europa representan una minúscula fracción de la población mundial de refugiados, que mientras que los países en vías de desarrollo albergaban el 70% de los refugiados hace una década, poco más o menos, esta cifra ha dado ahora un salto hasta el 86%. Países bastante más pequeños y pobres aceptan bastantes más que nosotros, como el Líbano, con una población en torno a los 4,5 millones, entre los que se cuenta 1,3 millones de refugiados sirios. Pero eso no transformará las actitudes de la gente. Hemos de hacerlo con historias, humanizando a refugiados que, de otro modo, carecerán de rostro.

FOTOS MINHAS


photo: rogério barroso. Foto nº 2046 - Sunset.

Aprender de la crisis de migración de la antigua Roma

El mundo antiguo tiene mucho que enseñarnos. Una de las lecciones clave es que la migración masiva -motivada por la guerra, el colapso social, y/o la extrema pobreza- es capaz de destruir incluso el más poderoso de los imperios.
En su apogeo, el imperio romano era grande y poderoso y funcionaba con base en la máxima: Roma locuta est. Causa finita est (Roma ha hablado. La causa ha terminado).
Los nombres de sus figuras más poderosas son tan familiares para nosotros como las nuestras actuales -Pompeyo, César, Augusto, Nerón, Adriano, Vespasiano, Constantino- hombres cuyo dominio sobre el mundo antiguo era tan preponderante que la única amenaza que enfrentaron vino desde dentro de la misma Roma. De hecho, habría sido una apropiada definición de la locura afirmar que un imperio que se extiende desde la península italiana, atraviesa todo el camino de Europa occidental y hacia abajo en el norte de África y Oriente Medio, custodiado por legiones cuya sola presencia en el campo de batalla inducía al terror a cualquier ejército que fuera lo suficientemente imprudente como para desafiar su mandato.
Aún así, en el año 476 de nuestra era, lo que era entonces conocido como el Imperio Romano de Occidente llegó a su fin después de un siglo de sucesivas invasiones bárbaras que, finalmente, tuvieron éxito en poner a Roma de rodillas. Los símbolos de su poder -en forma de inversiones del emperador imperial, sus diademas y su capa púrpura- fueron enviados a Constantinopla, la sede del poder de la mitad oriental del imperio, bajando el telón de sus 1.000 años de historia. Era la prueba de que ningún imperio, independientemente de su poder económico y militar, dura siempre.
Se percibió la desaparición de Roma mucho tiempo antes. Las contradicciones de un imperio funcionan sobre la base de la esclavitud, el tributo y el saqueo, que eran tan grandes que era inevitable que se convirtiera en insalvable a lo largo del tiempo. Bajo el gobierno de Roma, millones de personas vivían en la pobreza y la miseria, sustentando a una élite cuya riqueza y ostentación eran obscenas y cada vez más insostenibles.
Cualquier sistema económico que funciona sobre la base de la coerción, la dominación y la máxima explotación, da lugar a la resistencia. Esto a su vez conduce a más fuerza, más poder militar, teniendo que ser desplegados para mantener el statu quo. Sin embargo, esto sólo puede tener éxito en fomentar aún más la resistencia y con ella la desestabilización, que a su vez actúa como un catalizador para el movimiento de masas de personas que buscan refugio del caos resultante.
En definitiva, esto es lo que provocó la caída del Imperio Romano. Por otra parte, se trata de un proceso cuyas primeras etapas son evidentes hoy con la creciente crisis de migración que está empezando a hacer mella en los cimientos de la hegemonía occidental.