Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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quarta-feira, 4 de abril de 2018

De mercenarios y yihadistas

Aunque el sistema del “mercenariato” data de tiempos inmemoriales ha sido en el último siglo, en particular a partir de la aparición del yihadismo, cuando el beneficio, fundamentalmente económico, que recibían los luchadores que participaban en los conflictos bélicos, ha cambiado radicalmente de sentido.
Ese tradicional sistema cuya existencia ya habían puesto en práctica los persas unos 500 años A.C. cuando Jerjes, rey de Persia invadió Grecia o cuando poco tiempo más tarde Ciro el Joven contrataba mercenarios griegos (los “diez mil” del Anabasis) para derrocar del trono de aquel mismo país a su hermano, para seguir luego a través de toda la historia, con los “condottieri” en las ciudades-estado, con los caballeros cristianos como el Cid Campeador en el Andaluz que ponían sus armas al servicio de los gobernantes de turno no siempre por motivos ideológicos o religiosos sino como forma de subsistencia y de ascenso social. Hasta el mismo Santo Tomás Moro abogaba en su tiempo por el uso preferencial de mercenarios en las contingencias bélicas en el lugar de los simples ciudadanos.

terça-feira, 1 de agosto de 2017

Shongai, un ejemplo a seguir

África, el continente más fecundo y biodiversificado del planeta, viene padeciendo desde hace siglos el acoso de los hombres blancos y algo más recientemente el de los amarillos que no cejan en su empeño de adueñarse de sus enormes recursos a costa del hambre, de las epidemias evitables y de la generación de conflictos tribales destinados a diezmarles. Un continente que para mejor dominar ha sido subdividido en 54 pequeños países debilitados política, económica y socialmente pero que poco a poco comenzarán a despertar como está sucediendo actualmente con la República de Benín en la que desde hace algunos años se está desarrollando con éxito un ambicioso proyecto de transformación socioeconómica con el apoyo del FFSA (Fondo fiduciario para la solidaridad africana) de la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África).

sábado, 31 de outubro de 2015

El mercantilismo político

No voy a decir nada nuevo si afirmo que los verdaderos culpables del clientelismo político no son otros que los mismos que lo promueven. No podrían instalarlo sin embargo si no contaran con algunos requisitos básicos: la desigualdad social, la pobreza, el desempleo, la miseria, la excesiva y obscena concentración de la riqueza, factores todos que no se presentan de un día para otro,sino que son la consecuencia del desinterés por el honesto ejercicio de la política y la falta de responsabilidad de sucesivos gobiernos a lo largo de muchas décadas.
Los gobiernos clientelistas, también llamados populistas, no son de izquierda ni de derecha, pueden darse en muy diferentes marcos y se basan en los mismos principios: detectar las carencias más sentidas por la sociedad y elevarlas al nivel de verdaderos e irrenunciables ideales, pero no para proponerse alcanzarlos sino para mantenerlos como objetivos capaces de convocar, durante el mayor tiempo posible, la adhesión esperanzada de las multitudes insatisfechas. En realidad los liderazgos carismáticos que son diestros en aglutinar gran cantidad de fieles e incondicionales seguidores no solo se yerguen como intérpretes de las necesidades más elementales de la gente, sino que también desarrollan la habilidad de detectar los sentimientos y las aspiraciones de grupos de jóvenes propensos a descubrir caminos alternativos y deseosos de encontrar soluciones a los problemas que los rodean no solo porque los afecten sino también porque se sienten ávidos de seguir liderazgos atractivos, novedosos y convocantes.
De allí la formación de grupos de lealtad juvenil, fácilmente manipulables e incondicionales corifeos de las actividades masivas de sus líderes que pueden conducirlos a la irracionalidad y a la violencia. Decía José Ingenieros “juventud sin rebeldía es servilismo precoz”. Pero si esa rebeldía es instrumentada por caudillos irresponsables que esconden sus verdaderos y personales objetivos tras un discurso revolucionario, reivindicativo y justiciero, que por otra parte no está en sus planes cumplir, puede transformarse en un arma muy peligrosa y frustrante para esa misma juventud.