Footprints - Praia do Castelejo, Vila do Bispo, Algarve
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segunda-feira, 17 de setembro de 2018

¿Por qué recordaremos a Donald Trump?

Sé que no me creeréis. No en este momento, no cuando cada cosa que hace Donald Trump –cualquier tweet, cualquier insulto y cualquier berrinche– es la noticia del día, prácticamente cada día. Pero él no quiere ser recordado por ninguna de esas cosas que hoy están en nuestros titulares. Ningún ser humano, es verdad, ha recibido tanta cobertura mediática como él, por más abrumador que pueda ser eso. Las noticias sobre él y sus colegas llenan cada día las portadas de una forma en la que en otros tiempos solo algo como el asesinato de un presidente lo conseguía, y tiene a los presentadores de la televisión por cable parloteando de él como cotorras; algo que jamás había sucedido. Y ni siquiera he dicho nada sobre las redes sociales y Donald.

sábado, 9 de junho de 2018

Un Estados Unidos en el que debéis poneros a cubierto

A la promoción 2018. Siempre me han dicho que un buen chiste es la mejor manera de iniciar una conversación. La cuestión es romper el hielo, aunque en el día de vuestra graduación, con la temperatura alrededor de los 30 ºC, es posible que la imagen no sea la más apropiada. Aun así, ya sabéis qué quiero decir: un intento de aligerar la atmósfera antes de entrar en lo más fuerte. A pesar de que, una vez más, en nuestro mundo –por si acaso no os habéis dado cuenta de ello, en noviembre de 2016, prácticamente la mayoría de los votantes estadounidenses eligió a Donald Trump como presidente–, alegrar el ambiente puede pasar por una broma en sí misma (me parece haber oído que alguien se ríe por ahí atrás).

Es igual, aquí está mi chiste oficial en esta soleada tarde en este hermoso cuadrilátero del parque del campus

Bang, Bang. ¡Estoy muerto!

terça-feira, 13 de fevereiro de 2018

¿Estamos creando un imperio de cementerios?

Hace unos días recordé cuando mi hijo era pequeño. En ese tiempo, él estaba aterrorizado por los payasos. Algo relacionado con lo extraño de su cara pintada –como si fuera una máscara– le turbaba completamente, le estremecía hasta los huesos. Para el resto de la familia, eran cómicos, pero para él –o de algún modo llegué a imaginarlo– eran emanaciones del infierno.

segunda-feira, 1 de janeiro de 2018

¿A quién le importa?

Empecemos por el universo todo e internémonos en nuestro mundo. ¿A quién le importa? A ellos –los extraterrestres–, no; por lo que sabemos, ellos no están acá. Hasta donde sabemos, en nuestra galaxia y tal vez en otros sitios más, aparte de nosotros (y el resto de criaturas en este modestísimo planeta nuestro) no hay existencia humana. Entonces no contamos con alienígena alguno por ahí que se preocupe por lo que le pasa a la humanidad. No existen.
Y, por supuesto, en cuanto al planeta –la Tierra– en sí, no puede preocuparle, no importa qué podamos hacerle. Y estoy seguro de que para el lector no es una novedad que cuando se trata de él –y me refiero a él, por supuesto, el presidente Donald J.Trump, de quien se sabe que tiene un vacío en el sitio donde en el ser humano normal podría estar la empatía... no le dé demasiada importancia. Más allá de él mismo, sus negocios y, posiblemente (solo posiblemente) su familia, es claro que no podríamos importarle menos ni, para el caso, lo que pueda pasarle a cualquiera de nosotros una vez que él haya dejado este mundo.

quinta-feira, 26 de outubro de 2017

“Dígame, ¿cómo termina esto?”

Fue necesario que pasaran 14 años, pero ahora tenemos una respuesta.
Era marzo de 2003, la invasión de Iraq estaba en marcha y el general David Petraeus comandaba la división 101 aerotransportada en su avance hacia Bagdad, la capital iraquí. Rick Atkinson, periodista del Washington Post e historiador militar, le acompañaba. De pronto, después de seis días de una campaña relámpago, la división se quedó detenida a 48 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Najaf por unas terribles condiciones climáticas –entre ellas, una enceguecedora tormenta de polvo– y unos inesperados y “fanáticos” ataques de fuerzas irregulares iraquíes. En ese momento, Atkinson informó de que, “[Petraeus] metió los pulgares en el chaleco antibalas y se acomodó los hombros. ‘Dígame cómo termina esto’, dijo. ‘¿Ocho años y ocho divisiones?’. Se refería a un consejo dado a la Casa Blanca en los primeros años cincuenta del siglo pasado por un importante estratega del ejército cuando se le preguntó acerca de cómo ayudar a las fuerzas francesas que combatían en Vietnam del Sur. La sonrisa de Petraeus sugería que el comentario era más una graciosa salida que una aseveración histórica”.

quarta-feira, 13 de setembro de 2017

Los últimos resistentes

James Comey fue despedido. De Sean Spicer solo queda un montón de cenizas. Anthony Scaramucci se estrelló y se incineró en un instante. Reince Priebus esperaba una vida regalada pero finalmente fue despedido. Después de siete meses, Steve Bannon consiguió la vieja destitución y poco después le siguió su adlátere. A Sebastian Gorka se le enseñó la puerta de la Casa Blanca sin miramientos. En medio de un aguacero de posibles conflictos de intereses y escándalos, Carl Icahn se retiró. Se dice que Gary Cohn ha estado al borde de la renuncia. Así van las cosas en la administración Trump.
Excepto con los generales. Pensemos en ellos: son los últimos resistentes. Ellos lo consiguieron. Tomaron las alturas de Washington y se mantienen allí con una notable gallardía. Tres de ellos, el consejero de la Seguridad Nacional y teniente general H.R. McMaster; el secretario de Defensa y general retirado del cuerpo de marines John Mattis; y el ex jefe del departamento de Seguridad Interior, en estos momentos jefe de Estado Mayor de la Casa Blanca, general retirado del cuerpo de marines John Kelly, se mantienen solos –si se hace excepción de los familiares del propio presidente Donald Trump– en el pináculo del poder en Washington.

segunda-feira, 17 de julho de 2017

Guerra de insultos en Washington

Yo no tuiteo, sin embargo tengo un breve mensaje para nuestro presidente: ¿Podría usted, por favor, quitarse de en medio unos minutos? ¡Usted y sus payasos no nos dejan ver este maldito mundo, y este es un mundo al que deberíamos prestarle atención!
Tal vez el momento fue, hace algo más de una semana, cuando me descubrí a mí mismo leyendo un tweet de Donald Trump dirigido a Joe Scarborough y Mika Brzezinski, de la MSNBC, quienes habían sugerido en Morning Joe que el presidente estuviera “quizás mentalmente incapacitado”.
“Oí que”, tuiteó el presidente, “el despreciable @Morning Joe habla mal de mí (no lo miro más). Después la Loca Mika y Psico Joe... vinieron a Mar-a-Lago cerca de Fin de Año tres noches seguidas e insistieron en verme. Ella estaba sangrando feo de un lift de cara.¡Les dije que no!”
En respuesta a la inquietante fascinación de Trump por la sangre femenina, Brzezinski tuiteó la frase que esta en el dorso de una caja Cherrio: “Hecha para Manos Pequeñas”, Y ahí empezó todo, varios días de lo mismo, incluyendo el apresurado anti-ciber de la Primera Dama a su marido (aunque indirectamente) vía el director de comunicaciones de ella, quien dijo: “Como declaró públicamente la Primera Dama, cuando su marido fuese atacado, él devolvería el golpe multiplicado por 10”.

terça-feira, 2 de maio de 2017

La luna de miel de los generales

MOAB parece más el nombre de un reino bíblico, incestuoso y desgarrado por la guerra, que el de la bomba GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast, apodada “la madre de todas las bombas”. Aun así, concedámosle crédito a Donald Trump. Solo los bombas real, realmente grandes, ya sean los artefactos nucleares de Corea del Norte o la MOAB de casi 9.800 kilos, son las que le llaman la atención. Él ni siquiera estuvo involucrado en la decisión de disparar la mayor bomba no nuclear del arsenal estadounidense en su primera acción bélica, pero sus queridos generales –“tenemos los mejores militares de la Tierra”– ya conocen al hombre para el que trabajan, y para él lo mejor es lo más grande, lo más llamativo, lo más explosivo y lo más decisivo.
Desde luego fue impresionante la imagen en blanco y negro del primer lanzamiento de una MOAB mostrada en Fox News, más que en Afganistán, la que atrajo al presidente. Cuando él estaba visiblemente encantado por todos esos atrayentes misiles de crucero Tomahawk –el equivalente de tres bombas MOAB–­ zumbando al partir desde la cubierta de los destructores estadounidenses en el Mediterráneo oriental para –como magníficos fuegos de artificio– alcanzar un aeródromo sirio, ¿o en realidad era uno iraquí? “Acabamos de disparar 59 misiles”, dijo el presidente; “todos ellos dieron en el blanco. Algo prodigioso; ya sabéis, después de volar cientos de kilómetros, todos dieron en el blanco, asombroso... Es tan increíble, tan brillante. ¡Genial! Nuestra tecnología, nuestros equipos, son cinco veces mejores que los de cualquiera.”

segunda-feira, 10 de abril de 2017

Desmovilizar a Estados Unidos

Últimamente, en días sucesivos, vi dos exposiciones en museos que mostraban algo del perdido mundo estadounidense y parecían inquietantemente relevantes en la Era Trump. La primera, ‘Hippie Modernism’ (Modernismo hippie), una exploración en la contracultura de los sesenta y setenta del pasado siglo (con pósters densos y psicodélicos), era bastante poco adecuada para el Museo de Arte de Berkeley. Me sorprendió que la exposición incluyera algunos artilugios provenientes de un movimiento crucial –para mi visión no demasiado contracultural– de aquellos años: las enormes manifestaciones contra la guerra que tomaron la calle a mediados de los sesenta, sacudieron al país y nunca acabaron de marcharse hasta que, en 1973, las últimas unidades de combate de Estados Unidos fueron finalmente retiradas de Vietnam. En la muestra había un póster con la bandera de Estados Unidos invertida; sus barras estaban representadas por unos fusiles rojos y sus estrellas eran aviones de combate de color azul; había otro en el que se veía un soldado estadounidense con el fusil colgando del hombro de manera poco formal. La leyenda en el póster aún tiene relevancia en una época en que nuestras eternas guerras continúan regresando a la patria: “La violencia en el extranjero engendra la violencia en casa”. Amen, hermano.

segunda-feira, 13 de março de 2017

Rebelion. Los últimos 100 días de Guantánamo

He aquí una breve noticia de nuestra época: el contralmirante Peter Clark es el 16º comandante del tristemente célebre complejo penitenciario de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo, Cuba, inaugurado en enero de 2002; todo parece indicar que no será el último en comandarlo. Tal como informó recientemente New York Times, la administración Trump ya tiene listo el borrador de una orden ejecutiva que ordenaría al Pentágono que utilice esa prisión para “encarcelar a sospechosos de pertenecer a ‘al-Qaeda, al Taliban u organizaciones asociadas, incluyendo a personas y redes relacionadas con el Estado Islámico (en adelante, Daesh)’”. Se supone que uno de esos sospechosos de terrorismo, Abu Khaybar, mantenido preso en Yemen por “otro país” desde el final de la era Bush y asociado desde hace tiempo con al-Qaeda está entre los primeros posibles nuevos detenidos de Guantánamo.

segunda-feira, 6 de março de 2017

El arte del "trumpcataclismo"


¡Ha sido épico! ¡Un elenco de miles! (¿Cientos? ¿Decenas?) Una producción espectacular que, cinco semanas después de haber aparecido en todas las pantallas –de todos los tipos conocidos– de Estados Unidos (y posiblemente del mundo), no muestra señales de parar alguna vez. ¡Qué éxito ha sido! Ha hecho que la gente vuelva a los periódicos (en la web, si no en papel) y asegurado que nuestros acompañantes de cada día –los shows de noticias en la televisión por cable con cobertura las 24 horas del día durante los siete días de la semana– no les falten la “noticia de último momento” ni las audiencias. Es un impacto en todo el sentido de la palabra, tanto en el de éxito total hollywoodense como en el de accidente de tránsito, un fenómeno de un tipo que nunca habíamos vivido. Imagine el lector a Nerón tonteando mientras arde Roma y las cámaras filmándolo todo. De cualquier modo, se ha comprobado que se trata de una gigantesca filtración. Un grifo abierto, una espita abierta. Un enorme flujo de noticias que no lo son, de la cuarta parte de una noticia, de la mitad de una noticia, de noticias enloquecidas, de noticias engañosas y de noticias reales que han sido exageradas.

segunda-feira, 20 de fevereiro de 2017

Los delitos de la era Trump (un adelanto)

La cosa empezó en junio de 2015 cuando el escalador de la Torre Trump entró en la carrera por la presidencia al son de Rockin’ in the Free World cantado por Neil Young (Pero hay una señal de alerta en el camino / hay mucha gente que dice que muertos estaríamos mejor / yo no siento como Satán, pero estoy con ellos...). En cierto sentido, la sacudida no ha parado nunca y, en este momento, el mundo –libre o no– ha sido decididamente sacudido. Nadie, desde Beijing a Ciudad de México, de Bagdad a Berlín, de Londres a Washington puede negarlo.
Quien hoy recuerde eso, en esos momentos iniciales de su campaña, ¿había Donald Trump tomado nota ya del tamaño de su primera multitud (parcialmente contratada)? (“Por encima de cualquier expectativa. Nunca ha habido una multitud como esta...”). Y, desde entonces, él ha sido constantemente él mismo –menos un hombre fuerte que un hombre extrañamente cansado. Y en el proceso, mientras se convertía en presidente, emergió como un fenómeno mediático de un tipo que nunca habíamos visto antes.
Primero fueron esos miles de millones de dólares de propaganda gratuita en los medios durante la carrera por la nominación en el Partido Republicano gracias a que lo mostraban sin que importara qué estaba haciendo, diciendo o tuiteando. Cuando ya en la campaña electoral llegó el momento de confrontar con Hillary Clinton, Trump ya era la máxima atracción de la audiencia, y las cámaras y los periodistas se derretían por él; entonces, la cobertura mediática no hizo más que crecer, como volvió a hacerlo durante los meses de la transición. Hoy en día, por supuesto, su presidencia es la historia del segundo –de cada segundo de cada día– y la cobertura semanal se ha duplicado y sus ‘me gusta’ son únicas en la historia.
Pensemos en esto como el ciclo de noticias 25/8*. Desde aquel lejano junio del año pasado hasta ahora, a pesar de que nunca ha parado, de alguna manera todavía no lo hemos captado del todo. Nunca en la historia de los medios ha habido algo singular –un ser humano– que fuera capaz de concentrar la “noticias” de este modo, haciendo de su persona lo fundamental de toda la información. Solo en algunos periodos relativamente breves Trump ha desaparecido de los titulares de prensa o de las pantallas de la TV, por lo general cuando golpeó algún grupo terrorista islámico o atacó algún “lobo solitario” nacional, como en San Barnardino, en París o en Orlando; dada la campaña de Trump, estos acontecimientos han sido del todo funcionales a sus propósitos; no lo hubiera sido el haberse mantenido en el centro de la atención, como será durante su presidencia.

sábado, 14 de janeiro de 2017

El verdadero rostro de Washington (y Estados Unidos)

Conócete a ti mismo. Esta frase acudió a mi mente poco después del triunfo de Donald Trump al observar la sorprendente reacción mía ante el acontecimiento. Cuando la tan conocida frase apareció en mi cabeza, yo no tenía idea de que fuera tan antigua, ni que proviniera de Grecia, ni que –según el escritor griego Pausanias (de quien nada sabía hasta que leí su nombre en Wikipedia)– en realidad era una máxima délfica labrada en la piedra del patio delantero del templo de Apolo. Esto podría ser visto como la triple hélice de mi ignorancia extendiéndose hacia el pasado hasta... bueno, mi nacimiento en un Estados Unidos muy diferente hace 72 años.
De tos modos, la cuestión es que yo no sabía de mí ni la mitad de lo que imaginaba. Puedo agradecer a Donald Trump el que me recordara esa verdad fundamental. Por supuesto, es imposible que sepamos nunca qué está rondando dentro de la cabeza de las personas con que nos cruzamos en este nuestro curioso planeta, pero nosotros ¿somos unos extraños? Supongo que si ahora mismo estuviera grabando algo en el patio delantero de mi propio templo délfico, podría ser: ¿Quién me conoce? (Yo no.)
Plantéese esto el lector como una breve introducción a un misterio con el que tropecé en las primeras horas del día siguiente al de nuestras recientes elecciones. Sencillamente, no podía aceptar que Donald Trump hubiese ganado. No, precisamente él. No, en este país. No; ni en un millón de años.
Tenga en cuenta que durante la campaña yo había escrito varias veces sobre Trump, dejando siempre abierta la posibilidad de que, en el trastornado (y trastornante) Estados Unidos de 2016, él pudiera ciertamente derrotar a Hillary Clinton. Era una conclusión que dejé de lado cuando, en las últimas semanas de la campaña, como tantos otros, me quedé enganchado en las encuestas y los dichos de los expertos que las comentaban.

quinta-feira, 8 de dezembro de 2016

Estados Unidos, el país más peligroso de la Tierra

Durante décadas, Washington tuvo la costumbre de utilizar la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) para sabotear a gobiernos del pueblo, ejercidos por el pueblo y para el pueblo que no eran de su gusto y reemplazarlos con gobiernos sumisos [elija el tipo de su preferencia: junta militar, shah, autócrata, dictador...] en todo el planeta. Hubo el tristemente célebre golpe de Estado organizado por la CIA y los ingleses que en 1953 derribó al gobierno democrático iraní de Mohammad Mosadegh y en su lugar colocó en el poder al Shah (y a su policía secreta, la SAVAK). En 1954, hubo el golpe de Estado de la CIA contra el gobierno de Jacobo Arbenz que instaló a la dictadura militar de Carlos Castillo Armas; también en 1954, hubo la acción de la CIA para hacer que Ngo Dinh Diem se hiciera con el mando en Vietnam del Sur; en 1961, hubo la conspiración –CIA-belgas– para asesinar al primer ministro Patrice Lumumba –el primero de ese país–, que se concretó finalmente en la dictadura militar de Mobutu Sese Seko; en 1964, hubo el golpe de Estado realizado por los militares y respaldado por la CIA que derribó al presidente –elegido democráticamente– João Goulart y entregó el poder a una junta militar; y, por supuesto, en septiembre de 1973 (el primer 11-S), hubo el golpe de Estado militar, respaldado por Estados Unidos, que derrocó y asesinó al presidente de Chile, Salvador Allende. Bueno, el lector ya está haciéndose una idea...
De este modo, en su calidad de guía de lo que entonces se llamaba “el Mundo Libre”, Washington ha trabajado sin cesar y a su antojo. A pesar de que esas operaciones eran llevadas a cabo en forma encubierta, cuando llegaban a conocerse, los estadounidenses, orgullosos de sus tradiciones democráticas, generalmente han permanecido imperturbables en relación con lo que en su nombre la CIA había hecho a las democracias (y a otros tipos de gobierno) más allá de sus fronteras. Si Washington otorgaba repetidamente el poder a regímenes de un tipo que los estadounidenses hubiéramos considerado inaceptables para nosotros mismos, en el contexto de la Guerra Fría, no se trataba de algo que nos quitara el sueño.
Esas acciones han permanecido como mínimo encubiertas; esto sin duda muestra que no se trataba de algo que pueda pregonarse con orgullo a la luz del día. Sin embargo, en los primeros años de este siglo surgió otro modo de pensar. En la estela de los ataques del 11-S, la expresión “cambio de régimen” adquirió categoría de normalidad. Como un curso de acción posible, ya no había nada que debiera ocultarse. En lugar de ello, la cuestión fue discutida abiertamente y llevada adelante a la luz plena de la atención mediática.

domingo, 20 de novembro de 2016

El imperio del caos

Con Trump de presidente, ¿se acaba el experimento estadounidense? 
 
Lo único que se puede decir de los imperios es que, en su culminación –o en las cercanías de ella– siempre representaron tanto un principio de orden como de dominación. Por lo tanto, he aquí lo desconcertante de la versión estadounidense de un imperio en los tiempos en que se decía que este país era “la única superpotencia”, cuando estaba destinando más dinero a sus fuerzas armadas que el conjunto de las 10 naciones que le seguían en el mundo en relación con los gastos militares: ha sido un imperio del caos.
En septiembre de 2002, Amr Moussa, por entonces secretario general de la Liga Árabe, hizo una advertencia que nunca he olvidado. La intención de la administración Bush de invadir Irak y derrocar a su gobernante, Saddam Hussein, ya era del todo evidente. De dar ese paso, insistía Moussa, se “abrirán las puertas del infierno”. Su presagio pasó a ser cualquier cosa menos una hipérbole, y las puertas no volvieron a cerrarse nunca.
Las guerras en casa
De hecho, desde el comienzo de la invasión de Afganistán, en octubre de 2001, todo lo que tocaron las fuerzas armadas de Estados Unidos en estos años se ha convertido en polvo. Varios países del Gran Oriente Medio y África se han venido abajo agobiados por el peso de la intervención estadounidense o la de sus aliados, y los movimientos terroristas –unos más nefastos que otros– se diseminaron notable e incontroladamente. En estos momentos, Afganistán es una zona de desastre; un Yemen, atormentado por la guerra civil, una brutal campaña de bombardeo aéreo de la fuerza aérea Saudí –respaldada por Estados Unidos– y las acciones de grupos terroristas cada vez más activos, prácticamente ha dejado de existir; de Irak lo menos que se puede decir es que ahora es un país desgarrado por las luchas sectarias; Siria, casi no existe; en estos días, Libia ya no es una nación; y Somalia es un agrupamiento de feudos y movimientos terroristas. En conjunto, para la más poderosa potencia del planeta, que en una actuación muy poco imperial, haya sido incapaz de imponer su superioridad militar o algún tipo de orden a cualquier país o grupo –esté donde esté el sitio que haya elegido para actuar– en todo este tiempo, se trata de todo un récord. Resulta difícil recordar un antecedente histórico de esto.
Mientras tanto, desde los destrozados territorios del imperio del caos, fluyen las oleadas de millones de refugiados, algo que no se veía desde el final de la Segunda Guerra Mundial en vastas porciones de la Tierra que habían sido convertidas en cascotes. Una sorprendente proporción de la población –incluyendo muchísimos niños– de varios países fracasados o a punto de serlo se ha visto obligada al exilio interno o ha sido forzada a cruzar fronteras para huir y, desde Afganistan hasta el norte de África o Europa, está sacudiendo el planeta y provocando desasosiego (mientras, aquí, fantasiosas versiones de fabricación local agitan las elecciones estadounidenses).

quinta-feira, 26 de maio de 2016

La adicción de Washington a lo militar y las ruinas que todavía habrá

Están las nuevas historias que de verdad le sorprenden y además están aquellas que usted podría escribir mientras duerme antes de que sucedan. Permítame que improvise un ejemplo para usted.
“Altos jefes militares de Estados Unidos y Europa están sopesando distintas opciones para intensificar la lucha contra el Estado Islámico (en adelante, Daesh) en Oriente Medio; una de esas opciones es el envío de más tropas de Estados Unidos a Iraq, Siria y Libia, justamente mientras Washington confirmaba la segunda baja estadounidense en combate, producida en Iraq después de varios meses.”
Ehhh... espere... en realidad este fue el principal titular del Washington Times del 3 de mayo, en una nota de Carlos Muñoz. Aunque, honestamente, podría haberse escrito en cualquier momento de los últimos meses para quienquiera que estuviese lo bastante atento, y seguramente será reutilizable en los próximos meses (con otras cifras de bajas, por supuesto). La triste verdad es que en todo el Gran Oriente Medio y cada vez más zonas de África, se podría escribir un párrafo parecido adelantándose al empleo de unidades de Operaciones Especiales, drones, asesores, lo que sea, como también podrían ser los lamentables resultados de hacer movimientos como esos en... [agregue aquí el nombre del país que a usted le parezca].
Pongámoslo de otra manera; en un Washington que parece incapaz de hacer cualquier cosa que no sea la adoración al poder militar de Estados Unidos, la formulación de la política global se ha convertido en un notable proceso de repetición mecánica de ‘ante todo lo militar’. Es como si, según se acumulan los problemas en nuestra vida, miráramos en el armario de las ‘soluciones’ y lo único que pudiéramos ver es un enorme soldado armado hasta los dientes y lo soltáramos para que hiciera una tropelía más.

segunda-feira, 4 de janeiro de 2016

Catorce años después del 11-S, la guerra contra el terror realiza todo lo que bin Laden quería que pasara

Han pasado 14 años que parecen increíbles. ¿Realmente los hemos vivido? ¿Estamos viviéndolos todavía? 

¿En qué medida es eso improbable?
Catorce años de guerras, intervenciones militares, asesinatos, tortura, secuestros, localizaciones clandestinas, de crecimiento del estado nacional de la seguridad de Estados Unidos hasta unas proporciones monumentales y de la expansión del extremismo islámico en la mayor parte del Gran Oriente Medio y África. Catorce años de dispendios astronómicos, infinidad de campañas de bombardeo y una política militar en el exterior de primera magnitud en la que se repiten las derrotas, los chascos y los desastres. Catorce años de una cultura del miedo en Estados Unidos, de interminables alarmas y advertencias, pero también de funestos presagios de ataques terroristas. Catorce años del entierro de la democracia estadounidense (o, mejor dicho, de su conversión en escenario multimillonario y fuente de espectáculo y entretenimiento, que no de gobierno). Catorce años de propagación del secretismo, de clasificación de cada documento producido, de feroz persecución de los denunciantes de conciencia y del impulso cuasi religioso de mantener “seguros” a los estadounidenses dejándoles en la oscuridad acerca de lo que está haciendo su gobierno. Catorce años de desmovilización de la ciudadanía. Catorce años del surgimiento de la corporación guerrera, de la transformación del conjunto de actividades militares y de espionaje en unas actividades lucrativas y de la proliferación de innumerables contratistas privados que trabajan para el Pentágono, la NSA, la CIA y muchos otros segmentos del estado nacional de la seguridad para asegurar su funcionamiento. Catorce años de nuestras guerras regresando a casa en la forma de trastornos de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), de militarización de la policía y de expansión en la “patria” de tecnologías propias de zonas de combate como los drones y los vehículos UMV. Catorce años de despliegue de todo tipo de vigilancia y de desarrollo de un sistema planetario de vigilancia cuyo alcance –desde líderes extranjeros hasta grupos tribales en las zonas más remotas de la Tierra– dejaría estupefactos a quienes gobernaban los estados totalitarios del siglo XX. Catorce años de misérrima inversión en la infraestructura de Estados Unidos y ni siquiera un kilómetro de tren de alta velocidad construido en algún lugar de este país. Catorce años en los que se iniciaron las guerras de Afganistán 2.0, de Iraq 2.0 y 3.0 y la de Siria 1.0. Catorce años, eso es, en los que lo improbable se hizo probable.