Arco-iris brilha,
a criança vê o céu
sonha com unicórnio.
Cravo vermelho, flor da resistência,
Sangue derramado em luta ardente,
Na terra de Catarina Eufémia,
Ergue-se o grito, o clamor presente.
Sangue, suor, batalha ferrenha,
Contra a injustiça e o poder opressor,
Catarina, símbolo de coragem,
Sua memória é força, é amor.
Na terra que acolhe sonhos e dores,
Crescem cravos, vermelhos de luta,
E o sangue que rega a esperança,
Nunca se esquece, sempre reluta.
Catarina, mártir e guia,
Seu sacrifício, chama viva,
Nos corações de quem combate,
Pela liberdade, sempre altiva.
Cravo vermelho, sangue valente,
Na terra de Catarina Eufémia,
A resistência se faz presente,
Num futuro de paz, justiça e poema.
Na intimidade do amor, a nudez revelada, A mulher, sublime em sua essência exposta, Na cumplicidade dos corpos, a paixão reposta, Um elo profundo de entrega desvelada.
Mas nem sempre a trama é tão bem arquitetada, Pois a traição, astuta, espreita, estraçalha e devora, E no jardim do afeto semeia a dor que aflora, Desfazendo promessas, deixando marcas gravadas.
Ah, amor! Esse sentimento tão puro e desleal, Que acolhe e dilacera, que abraça e traz o vendaval, Na dualidade dos amantes, um jogo desafiador.
A mulher, vítima ou algoz, na trama do destino, Desvenda a complexidade desse enredo divino, Onde amor, nudez, mulher e traição se entrelaçam com fervor.
Nos teus olhos, encontro o brilho Que me atrai como um íman São espelhos de um mundo tranquilo Que me envolve num doce afã
A tua boca é a porta do encanto Onde se revelam segredos sem fim Ela dança, num suave pranto, E o meu coração sorri por mim
E, entre palavras sussurradas ao vento, A flor do nosso amor floresce Num jardim cheio de sentimento Que o tempo jamais esquece
Olhos que me prendem a alma Íman que me atrai e envolve Boca que é música e calma Flor que o nosso amor resolve
Nesta dança de sentimentos, Em versos de puro ardor, Unem-se olhos, íman, boca e flor, Num poema escrito com encantos e momentos.
No âmago do meu ser, o corpo é mel e suco, Flui como a lua em noite de menstruação, Um enxame de abelhas, vida em pleno alvoroço, No doce licor que nutre, brota a criação.
De leite e mel, meu ser é feito e refeito, Em cada célula, o segredo da vida ecoa, Neste solo sagrado, o mistério é desfeito, E a natureza em mim, em doce dança entoa.
Do ventre, a vida floresce em cada estação, Ciclos que se entrelaçam como as marés, E na alquimia do corpo, em profusão, A essência da mulher se faz entrelaçar aos céus.
Oh, corpo divino que abriga o milagre, Guardião de segredos ancestrais, És templo e morada do que é intangível, O sagrado mistério que em ti se faz.
Que em teu regaço, a vida siga seu curso, Com a força das águas, a calma do luar, E que a cada ciclo, floresça o universo, Em teu corpo, mulher, a Terra a se renovar.
Na suave pétala da rosa, Chora a melancolia em mim. Guarda a virgindade oculta, Neste coração que é jardim.
Lágrimas brotam, gotas do pranto, Em mim ecoa a dor profunda. Preservada a pureza, a candura, Na alma que se desponta.
A rosa de cor vermelha, Simboliza o amor e a paixão. Mas meu pranto pinta de cinza, A tristeza da solidão.
Oh, virgindade, tesouro escondido, Sinal de pureza, castidade. Em segredo, guardo-te em mim, No peito, a tua verdade.
Choro em cada pétala caída, Lamento a inocência perdida. Mas a rosa, em sua beleza, Anuncia que há vida ainda.
Em cada lágrima que derramo, Floresce uma nova esperança. E, na virgindade que preservo, Encontro forças para a bonança.
Assim, sigo adiante, ó rosa, Com teu perfume a me guiar. E, no choro que transborda em versos, Encontro a paz a me consolar.
Se eu fosse barco
Y aquí
“Soy mestizo”, grita un pintor de paleta
encendida,
“soy mestizo”, me gritan los animales
perseguidos,
“soy mestizo”, claman los poetas peregrinos,
“soy mestizo”, resume el hombre que me
encuentra
en el diario dolor de cada esquina,
y hasta el enigma pétreo de la raza muerta
acariciando una virgen de madera dorada:
“es mestizo este grotesco hijo de mis entrañas”.
Yo también soy mestizo en otro aspecto:
en la lucha en que se unen y repelen
las dos fuerzas que disputan mi intelecto,
las fuerzas que me llaman sintiendo de mis
vísceras
el sabor extraño de fruto encajonado
antes de lograr su madurez de árbol.
Me vuelvo en el límite de la América hispana
a saborear un pasado que engloba el continente.
El recuerdo se desliza con suavidad indeleble
con el lejano tañir de una campana.
[1954-1956]
Quise llevar en la maleta
el sabor fugaz de tus entrañas
y quedó en el aire circular y cierto,
el insulto a lo viril de mi esperanza.
Ya me voy por caminos más largos que el
recuerdo
con la hermética soledad del peregrino,
pero, circular y cierto, a mi costado
algo marca el compás de mi destino.
Cuando al final de todas las jornadas
ya no tenga un futuro hecho camino,
vendré a reverdecerme en tu mirada
ese riente jirón de mi destino.
Me iré por caminos más largos que el recuerdo
eslabonando adioses en el fluir del tiempo.
Ernesto Che Guevara
CANTOS ALTERNADOS
Uma Rapariga
CANÇÃO DE AMOR
Levantei-me cedo, cedo - e era azul
toda a manhã.
Porém, o meu amor já tinha partido:
- já tinha atravessado as grandes portas da aurora.
No monte Papago a presa na agonia
olhou-me
com os olhos da minha amada.
Herberto Helder, in O BEBEDOR NOCTURNO
Desfolharam-se as rosas sobre o rio e, passando,
espalharam-se os ventos,
como se o rio fosse a couraça de um guerreiro
rasgada pelas lanças, por onde corresse o sangue das
feridas.
(Ben Al-Zaqqaq)
HERBERTO HELDER, in O BEBEDOR NOCTURNO
Fumo
Quise llevar en la maleta…
Quise llevar en la maleta
el sabor fugaz de tus entrañas
y quedó en el aire circular y cierto,
el insulto a lo viril de mi esperanza.
Ya me voy por caminos más largos que el
recuerdo
con la hermética soledad del peregrino,
pero, circular y cierto, a mi costado
algo marca el compás de mi destino.
Cuando al final de todas las jornadas
ya no tenga un futuro hecho camino,
vendré a reverdecerme en tu mirada
ese riente jirón de mi destino.
Me iré por caminos más largos que el recuerdo
eslabonando adioses en el fluir del tiempo.
[1954-1956]
Ernesto Che Guevara, in Poemas e cuentos
Uaxactún... dormida
A Morley, el desconocido y venerado amigo
Uaxactún, la de grises ensueños,
voz escondida detrás del misterio;
bella durmiente de los bosques nuestros;
he venido a besarte los ruedos,
o la verde maraña del pelo,
o el aire que mide el silencio.
Uaxactún, Uaxactún.
Yo sé que tu muerte es invento del blanco:
te dormiste cansada de andar por los siglos,
compañera sola del monte infinito.
Adivino el comienzo del sueño,
cuando lanzaste tus glóbulos pardos
–retoños del bronce– al fluir de los vientos,
Uaxactún, Uaxactún.
Imitando en atávico gesto
La dispersión que allende los mares
nos enviara el asiático ancestro.
Y cuando lanzaste tu grito de adiós
26 | Ernesto Che Guevara: poemas y cuentos
despidiendo al abuelo del abuelo
del quetzalíneo Tecum.
Uaxactún, Uaxactún.
Y cuando cerraste tus ojos de templos,
y cuando cruzaste tus brazos de estelas
(detenidos relojes que duermen el tiempo).
Más tu embrujada quietud y el silencio
Cederán al influjo de un príncipe bello
que «levántate y anda» te ordene en un beso.
Uaxactún, Uaxactún.
Ya se oye en tu sueño de siglos
el trinar de aurorales alondras,
anunciando el final de la noche
cuando tus nuevos retoños de bronce
se bañan al sol que alumbra SUS tierras.
UAXACTÚN
UAXACTÚN
Es el final del sueño:
se anuncia el príncipe;
deviene el pueblo
con pífanos y tamboriles,
sembrando ejemplos rojos
en el corazón de América.
M.I.O.
[1954-1956]
Invitación al camino
Para Helena Leivat
Hermana, falta mucho para llegar al triunfo
Hermana, falta mucho para llegar al triunfo.
El camino es largo y el presente incierto;
¡el mañana es nuestro!
No te quedes a la vera del camino.
Sacia tus pies en este polvo eterno.
Conozco tu cansancio y tu desazón tan grandes;
sé que en el combate se opondrá tu sangre
y sé que morirías antes que dañarla;
A la reconquista ven, no a la matanza.
Si desdeñas el fusil, empuña la fe;
si la fe te falla, lanza un sollozo;
si no puedes llorar, no llores,
pero avanza, compañera,
aunque no tengas armas y se niegue el norte.
No te invito a regiones de ilusión,
no habrá dioses, paraísos, ni demonios
–tal vez la muerte oscura sin que una cruz la
marque–
24 | Ernesto Che Guevara: poemas y cuentos
Ayúdanos hermana, que no te frene el miedo,
¡vamos a poner en el infierno el cielo!
No mires a las nubes, los pájaros o el viento;
nuestros castillos tienen raíces en el suelo.
Mira el polvo, la tierra tiene
la injusticia hambrienta de la esencia humana.
Aquí este mismo infierno es la esperanza.
No te digo allí, detrás de esa colina;
no te digo allá, donde se pierde el polvo;
no te digo, de hoy, a tantos días visto...
Te digo: ven, dame tu mano cálida
–esa que conocen mis enjugadas lágrimas–
Hermana, madre, compañera... ¡CAMARADA!
este camino conduce a la batalla.
Deja tu cansancio, deja tus temores,
deja tus pequeñas angustias cotidianas.
¿Qué importa el polvo acre?, ¿qué importan los
escollos?
¿Qué importa que tus hijos no escuchen el
llamado?
A su cárcel de green-backs vamos a buscarlos.
Camarada, sígueme; es la hora de marchar...
[Diciembre de 1954]
Ernesto Che Guevara