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sábado, 5 de dezembro de 2015

Terror por todas partes, humanidad en ninguna

Seguramente sería más razonable esperar unas cuantas semanas y dejar que las emociones se asienten. Eso es lo que la decencia y la razón exigen. Como parisino de corazón, debería quedarme callado. Por desgracia, los halcones y los fascistas, los lobos y los belicistas, los chacales y los ministros no se sienten comprometidos con esos escrúpulos. No esperaron ni a que se enterraran los cuerpos o se secaran las lágrimas para empezar a gritar su furia. Claman por una dura venganza, por el cierre de fronteras, por una nueva ronda de medidas de seguridad de mano dura. Nos tienen rodeados.
Es imposible resumir en un artículo las múltiples dinámicas en funcionamiento en la escalada del terrorismo masivo que la pasada semana ha herido sucesivamente al Líbano y a Francia. Sin embargo, es necesario repetir los mismos hechos obvios una y otra vez, confiando en que un día los cínicos y los payasos que nos gobiernan encuentren el coraje necesario para poner fin al círculo vicioso.
Terror para todo el mundo
A diferencia de algunos delirantes expertos, debemos recordarnos a nosotros mismos que estos ataques no golpean a Occidente o Francia “por lo que son”, como Daniel Pipes sugirió una vez. Sin embargo, editorialistas del tres al cuarto, junto a respetados académicos como Jean-Pierre Filiu, propagaron esta idea tras los ataques del viernes 13. Algo que permite que los aduladores de la “democracia liberal”, del capitalismo competitivo y del farisaísmo occidental encuentren refugio en la comodidad de un esencialismo ingenuo. Por tanto, no hay razón para más debates: somos tan felices, libres y poderosos que no les queda más remedio que envidiarnos y odiarnos al mismo tiempo, lo que hace que esos supuestos expertos reproduzcan el desfasado esquema del “choque de civilizaciones”. El hecho de que algunos gobiernos hayan llevado muerte y destrucción por todo el mundo perpetrando bombardeos policiales e imprecisos ataques con aviones no tripulados no tiene nada que ver con este resentimiento.

segunda-feira, 30 de novembro de 2015

"Nosotros declaramos primero la guerra en Oriente Medio"


"Los salafistas matan más cantidad de musulmanes que de no musulmanes", dice Pierre Conesa.

Pierre Conesa, ex alto funcionario del Departamento de Defensa y catedrático en el Sciences Po (Instituto de Estudios Políticos de París), habla con Middle East Eye sobre las consecuencias potenciales de los atentados en París y del peligro creciente del salafismo.
-Middle East Eye (MEE): ¿Cómo explica que el Estado Islámico (EI) apuntara a Francia y no a los otros miembros de la coalición internacional que actualmente llevan adelante acciones militares en Iraq y Siria?
-Pierre Conesa (PC): Desde el momento en que [el ex presidente] Nicolás Sarkozy asumió el cargo, Francia alineó por completo su política con la de EE. UU. Para el mundo árabe, Francia se convirtió en la punta de lanza de la ofensiva europea. Comenzó en Libia con los juicios por los casos de VIH, y continúo con François Hollande y sus declaraciones contra Siria, más severas que las de Barack Obama. El EI debe haber sabido diferenciar entre Jacques Chirac (que se opuso a la guerra contra Iraq) y los neoconservadores, Nicolás Sarkozy y François Hollande. Existe un vínculo evidente entre el activismo neoconservador en Francia y esos ataques. Por desgracia, Francia subió muchos peldaños en la lista de enemigos.
La segunda razón es que Francia es una tierra de inmigrantes. Tiene las comunidades chinas, judías, armenias y musulmanas más grandes de toda la Unión Europea. De hecho, la opinión pública francesa es más sensible a las cuestiones diplomáticas. Se ha demostrado en el pasado, por ejemplo en el caso Mohamed Merah [en referencia a los asesinatos de 2012 en el sur de Francia cometidos por un francés de origen argelino], que había pocas personas dispuestas a realizar ataques motivados exclusivamente en las acciones militares de Francia en el extranjero.

sexta-feira, 27 de novembro de 2015

Atentado de Paris: 13 preguntas y 24 reflexiones


1. ¿Cuáles son las mentiras de los atentados del 13 de noviembre de París para que el presidente Hollande utilice la palabra “guerra” en el combate contra el terrorismo? Pues que la “guerra” —despliegue militar— se declara entre Estados, y no de un país contra un grupo terrorista con sede y presencia en una veintena de países, incluida Francia.
2. ¿Qué garantías hay de que las noticias que nos transmitan refleja la verdad? Robert Menard, fundador de Reporteros sin fronteras y alcalde de Bèziers, por ejemplo, es un ultraderechista que encabeza la campaña de expulsión de los refugiados sirios.
3. ¿Por qué en las imágenes (falsas o verdaderas) de los bombardeos rusos en Siria se ven víctimas civiles, pero en las correspondientes a los ataques de la coalición occidental sólo se ven puntitos negros en el desierto, mientras en la ciudad agredida y cercada Al Raqa viven sin electricidad miles de personas que no han podido huir de la guerra? ¿Están aplicando el ilegal castigo colectivo?
4. ¿Tiene derecho Bashar al Assad a bombardear Francia, Arabia, Qatar, Turquía, etc., porque allí hay células terroristas que viajan a su país para atentar?
5. ¿No fue el mismo ISIS en Siria objeto de cerca de 200 bombardeos franceses entre septiembre y noviembre del 2014? ¿Qué más pretenden hacer?
6. ¿Cómo es posible que EEUU y sus socios en pocos días pudieran destruir al ejército libio, pero en cambio no pueden con unos pocos miles de terroristas carentes de armamento pesado?

quinta-feira, 26 de novembro de 2015

El terror del Estado Islámico, el estado de excepción en Francia, nuestras responsabilidades

El 13 de noviembre constituye un cambio en la situación política nacional e internacional. El Estado Islámico (EI, Daesh) ha golpeado de nuevo y, también, con más fuerza. En enero, el objetivo fueron los periodistas de Charlie Hebdo, la policía y los judíos. Esta vez, quien estaba en el punto de mira era la juventud. No han matado a no importa quién y no importa donde: han cargado contra la gente joven, contra la juventud, sin distinción alguna, ni de sus orígenes, ni de religión (o de ausencia de religión), ni de sus opiniones políticas. Al menos 130 muertos y más de 350 personas heridas; según testigos directos de la matanza, como mínimo un millar. Muchos de nosotros tenemos víctimas conocidas y, si no, amigos que las tienen. La onda de choque, la emoción, es profunda.
Solidaridad con las víctimas
El objetivo que perseguían los comandos del EI no constituye un misterio: destrozar la sociedad mediante el terror. Crear una situación en la que se imponga la guerra de unos contra otros; en la que el miedo levante barreras infranqueables entre los ciudadanos y ciudadanas en función de sus orígenes, su religión, su modo de vida, su identidad; cavar un foso de sangre en el seno de la religión musulmana, forzando a los creyentes a elegir un campo: quien no está con nosotros hasta lo inhumano, está contra nosotros y se convierte en un objetivo "legítimo".
Los atentados de Paris se encuentran entre los más sangrientos perpetrados en el mundo por el EI y otros movimientos similares que responden a la misma lógica destructora. Nuestra solidaridad es internacional y se dirige en particular hacia quienes lo combaten en otros países poniendo sus vidas en riesgo: en Siria y en Irak, en Líbano y en Bamako, en Pakistán y en Turquía… Ante todo, tenemos que proclamar nuestra compasión, nuestra identificación, nuestra fraternidad con las víctimas y con la gente cercana a ellas.
Evidentemente, en esos momentos continuamos impulsando la lucha de clases, apoyando la lucha de toda la gente oprimida; pero más allá de eso, defendemos la humanidad frente a la barbarie. Para nosotros, la dimensión humanista del compromiso revolucionario sigue siendo una brújula. Cualquier política progresista comienza con la indignación, la emoción. Y si bien no se reduce a ello, ésta constituye su punto de partida. No opongamos la reflexión a la aflicción. Abandonemos los estereotipos; dejemos de escribir sin sentimientos. Aquí y ahora ayudemos a las víctimas y a la gente próxima a ellas, compartamos su dolor, participemos en los minutos de silencio, en las manifestaciones de solidaridad. Formamos parte de ese movimiento y es a partir de él que podremos explicar nuestras razones.

Un mundo de excepción

Algo nuevo acontece cuando lo excepcional, como es el ataque terrorista, se desplaza de los márgenes al centro, no solo en un sentido geográfico –de Medio Oriente a Europa– sino, y sobre todo, en la conciencia social que se habitúa a ello. Bajo el signo de la excepcionalidad se construye todo un orden político que viene a romper la continuidad de lo anterior. Los recientes atentados de París son muestra de ello. La excepcional cadena de atentados, en la que no podemos dejar de reconocer coordinación a sus autores, deja casualmente la huella de un pasaporte sirio encontrado intacto en la zona de los atentados y ello debe provocar la excepcional, y sin que sirva de precedente, cadena de actos realizados por las fuerzas políticas francesas bajo la gran figura jurídica que normaliza la excepción, el Estado de Excepción . A partir de aquí toda alteración es justificada, la modificación de la Constitución francesa de 1958, el bombardeo de un país extranjero violando normas de derecho internacional, registros indiscriminados en hogares y bases de datos, etc.
Pero la excepcionalidad opera, como ha mostrado el sociólogo francés Jean-Claude Paye, en un nivel previo, el de la aceptación por la sociedad civil de lo improbable, casual e, incluso, incoherente. Todo el orden institucional y social es puesto entre paréntesis gracias a que los actos “propios” o “normales” de los terroristas   –para ellos matar es naturaleza, para nosotros sólo excepción– han sido a su vez torpes y bastardos al dejar huellas sobre su origen nacional, religioso y étnico. Me refiero a los documentos de identidad encontrados cerca de los atentados de las Torres Gemelas, Charlie Hebdo y París, a las armas del asesino del Museo Judío de Bruselas, quien las portaba en transporte internacional con la intención de venderlas. Lo increíble o improbable se mantiene bajo el bloqueo crítico producido por la dureza de los atentados –la víctima es un tabú, toda palabra sobre ella puede mancillarla, se convierte en una región que proscribe la crítica– y llega a instaurar un discurso que se hace coherente bajo los jalones de lo excepcional. Jalones que cuando aparecen inauguran una nueva cadena de actos que serán recordados perfectamente por los ciudadanos. Así pasamos de los pasaportes, al levantamiento popular, al estado de guerra, al derrocamiento del dictador y, por fin, a la reinstauración del honor de las víctimas con el tan musulmán –excepcionalmente nuestro- ojo por ojo, diente por diente . Todo esto en un rápido zumbido histórico antes de volver a la normalidad. Pues parece que la historia y el tiempo se aceleran durante estos periodos, será por la cantidad de información o la desmesura de los números que todo va tan rápido, o será por la falta de preguntas criticas por lo que no nos paramos a pensar y evaluar lo excepcional. Sea como fuere todo pasa tan aceleradamente que en pocos meses el suceso será recordado a partir de unos pocos ítems que hasta el más desmemoriado no podrá olvidar.

quarta-feira, 25 de novembro de 2015

París, 13 de noviembre: ¿solidaridad sin análisis político?

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del nuevo moralismo apolítico y “postideológico”. Buena parte de los llamados a la solidaridad por los recientes ataques en París evitan analizar lo sucedido. Son expresión de un moralismo light que no toma partido, que se resiste a distinguir entre las víctimas o a preguntarse las razones por las que han sido asesinadas. Piensan, quizás, que indagando en las causas terminarán por justificar el terrorismo. Como si la ceguera fuese una especie de escudo contra la dureza de corazón. Es posible que estos buenazos simplemente sean incapaces de ver la diferencia entre “comprender” y “justificar” un hecho de ese tipo. Hay que notificarles que podrían condenar los atentados sin tener que negarse a entender por qué suceden, por qué ahí, por qué ahora, quiénes son los responsables, etc. Claro, para eso se requiere información y por información me refiero a prensa seria y responsable, artículo escaso en estos días.

terça-feira, 24 de novembro de 2015

"La seguridad total no existe pero la vigilancia masiva sí"

Ignacio Ramonet dirigió durante 18 años Le Monde Diplomatique, uno de los medios más prestigiosos del mundo y principal tribuna del movimiento altermundista. Afincado en Francia, este periodista español que actualmente dirige LeMondeDiplo, la versión española del citado mensual, contempla cómo el Gobierno de François Hollande aprueba un recorte de libertades y una prórroga de tres meses del estado de emergencia intentando fortalecer las capacidades de sus fuerzas de seguridad.
Para el autor de El imperio de la vigilancia (Ediciones Galileo), los gobiernos “no pueden garantizar la seguridad total”. Sin embargo, “el estado de emergencia supone un abandono de las libertades democráticas y republicanas”, mientras que “hoy en día hay instrumentos para vigilarnos a todos”. Una vigilancia que, además, “es ineficaz”. Es la tesis de Ramonet en su nuevo libro, convertida casi en premonición, puesto que se publicó el jueves 12 de noviembre. Un día después tuvieron lugar los atentados yihadistas que han empujado a la “intimidada” sociedad francesa a no criticar las medidas propuestas por Hollande. Para Ramonet, es un error.

sábado, 21 de novembro de 2015

La mayor masacre en suelo francés desde la segunda guerra mundial

París ha sufrido la mayor matanza desde la segunda guerra mundial. En su capital multitud de gente inocente ha muerto a manos de una violencia cruel e implacable. En una acción del carácter más vil se ha acribillado la esperanza de víctimas inocentes y sus familias. El mundo debería estar consternado y expresar su repulsa a actos como ese. No es legítimo matar inocentes de manera indiscriminada bajo ningún pretexto ideológico. El respeto a la vida de personas inocentes debiera ser la base de todo comportamiento. Acciones tan bárbaras como la que hemos conocido hacen avergonzarse de pertenecer al género humano. Esta acción nos sitúa en el punto de mira a todas las personas que creemos en la libertad y la democracia.

sexta-feira, 20 de novembro de 2015

Vivimos tiempos despiadados

Este texto va dedicado a Adel Termos, de Beirut, que dio su vida para que otros pudieran vivir.
Una semana de horribles matanzas: explosiones de bombas en Beirut y Bagdad, y a continuación los tiroteos a sangre fría en París. Cada una de estas acciones terroristas dejó un rastro de cadáveres y vidas vulneradas. Nada bueno puede venir de esas acciones, sólo el dolor de las víctimas y un nuevo dolor cuando personajes poderosos se refugian en las estereotipadas políticas que siguen haciendo girar la rueda de la violencia.

 ¿Cómo se puede reaccionar a estos incidentes? El horror y la indignación son lo primero. Es instintivo. Lloramos por los muertos: los jóvenes padres de Haidar Mustafá (de tres años), que lo protegieron y salvaron su vida cuando la explosión de Beirut los hizo pedazos. En París, los terroristas mataron a Djamila Houd (41 años), quien trabajaba para Isabel Marant en un café. Podemos poner cara a cada una de las víctimas. Cada uno de estos rostros aparecerá en la prensa y en los medios de comunicación social. Nos sonreirán hablándonos de sus mejores días y de su promesa. Ninguno de ellos tuvo un papel activo en ningún conflicto. Su asesinato no tenía nada que ver con ellos.
Estaremos desconcertados por la incomprensibilidad de estas muertes, el desperdicio de la vida frente a la muerte. Buscaremos explicaciones. Ya ha quedado claro que los autores de todos estos atentados –Bagdad, Beirut y París– es ISIS o “Daesh”, el grupo que controla gran parte de Irak y Siria, así como partes de Libia y Afganistán (y que tiene grupos hermanados en Nigeria y Somalia). ISIS, como al-Qaeda, es tentacular, no tiene una cabeza, sólo miembros bien motivados para actuar con furia. Si se trata de ISIS, ¿por qué golpean en estos lugares?

quinta-feira, 19 de novembro de 2015

Un atentado en la fase de los Imperios Combatientes

La dramática serie de atentados de París tiene lugar en la fase de los Imperios Combatientes. El concepto designa lo que ha venido después de la guerra fría, aquél conflicto Este-Oeste que creíamos lo peor posible. Su eje central es la tensión entre la tríada occidental, que incluye a Japón además de los Estados Unidos y la UE, y los llamados BRICs, las potencias emergentes.
Esto de ahora es peor porque es mayor. No implica solo a dos imperios del Norte, con sus respectivos vasallos del Sur como comparsas, sino que afecta a más centros y geográficamente más dispersos. También es mayor el número de esos centros en posesión de armas de destrucción masiva. Ya no son solo aquellos dos viejos conocidos con uno de ellos, Estados Unidos, inventando nuevas tecnologías militares (el submarino y la aviación estratégicos, los misiles intercontinentales y sus sucesivos desarrollos con múltiples cabezas, los misiles nucleares tácticos de crucero, la militarización del espacio) y el otro, la URSS, poniéndose al día siempre por detrás y con la lengua afuera a costa de la penuria de su población. Ahora la dialéctica deviene multiplicación. Es peor, también porque el cambio de la fase bipolar a la actual multipolar facilita disparates.
Los catorce años de la llamada “guerra contra el terror” han sido un enorme desastre. El intento de alterar el estado de cosas en Oriente Medio comenzó en 1990, en el mismo momento en que Moscú comunicó a Washington que se retiraba del campo de batalla y que el Pentágono creyó que podría en solitario con el peso del mundo. El atentado neoyorkino que la inauguró y pretextó era un claro subproducto de la guerra fría. Bin Laden era resultado de la cocina contra la URSS en Afganistán, un producto que adquirió vida propia. Esos catorce años produjeron más de un millón de muertos, extendieron el terrorismo y la violencia, crearon millones de refugiados y desplazados, y desestabilizaron aún más, o simplemente disolvieron países enteros. El Estado Islámico nace de diversas fuentes, pero su partida de nacimiento es incomprensible sin atender al hecho central: que Estados enteros como, Afganistán, Iraq, Libia y Siria, han sido disueltos y que todos ellos están situados en, o alrededor de, la primera zona energética del mundo en una época en la que el carácter limitado de esos recursos convierte la disputa por ellos en asunto particularmente crucial de la disputa entre imperios.

quarta-feira, 18 de novembro de 2015

Las calles de París son tan familiares para mí como las de Beirut

Provengo de una comunidad francófona privilegiada en El Líbano. Esto significa que siempre he visto Francia como mi segundo hogar. Las calles de París son tan familiares para mí como las calles de Beirut. Precisamente estuve en París hace unos pocos días.
Han sido dos noches de violencia horribles. La primera de ellas acabó con la vida de 40 personas en Beirut, la segunda se ha llevado por delante la de más de 120 personas en París.
También me queda claro que, para el mundo, las muertes de mi gente en Beirut no importan tanto como las muertes de mi otra gente en París.
«Nosotros» no tenemos un botón de seguridad en Facebook. «Nosotros» no tenemos declaraciones a las tantas de la noche de los hombres y mujeres más poderosos del mundo ni tampoco millones de usuarios online.
«Nosotros» no cambiamos las políticas que afectarán a las vidas de innumerables refugiados inocentes.
No podría estar más claro.
Digo esto sin ningún tipo de resentimiento, solamente con tristeza.
Es duro darse cuenta de que para todo lo que se ha dicho, para toda esa retórica de pensamiento progresista que hemos conseguido crear en la forma de una aparente voz humana unida, la mayoría de los miembros de esta curiosa especie estamos aún excluidos de ello, excluidos de los asuntos principales del «mundo».