«El caos, como la involución, el autoritarismo o el integrismo no son un problema, sino el objetivo. Murieron para que otros ganasen dinero, como siempre», reflexiona Jorge Dioni.
Un grupo de soldados saca a hombros un ataúd con la bandera de Reino Unido. La portada del diario, un día después de la toma de Kabul por los talibanes, se completa con un titular contundente: “¿Para qué demonios murieron?”. Cabe una respuesta cínica: ustedes sabrán, que se puede completar con las palabras de Stefan Zweig: “Era la pandilla de siempre, eterna a lo largo de los tiempos, que llama cobardes a los prudentes, débiles a los humanitarios, para luego no saber qué hacer, desconcertada, en la hora de la catástrofe que ella misma irreflexivamente había provocado”.
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